“El corazón tiene razones que la razón desconoce”.
Pascal.
“ Nunca he encontrado a una mujer lo suficientemente buena como para tener que renunciar por ella
al resto de las que quedan”.
“Una Historia de Violencia”. 2005. David Cronenberg.
A mediados de los años ochenta el cine de vampiros no estaba en su mejor momento. Eran las
películas de asesinos seriales con máscaras y cuchillos de cortar jamón del bueno las que copaban el
interés cinematográfico.
¿Debemos ser fieles a nuestros instintos?, ¿ir en busca de aquello que anhelamos?, ¿ o ante el más
que posible golpetazo debemos ser racionales, lo cual también suele ser sinónimo de tener que
renunciar?
De hecho, el cine el vampiros en aquellos tiempos se veía como algo obsoleto. Las viejas glorias
del género ya no interesaban a nadie, y si se hacían películas con el vampiro como protagonista,
solían ser con estéticas y temáticas mucho más enfocadas tanto al sexo como a temas existenciales.
Recomiendo ver en ese sentido “ El Ansia”, del malogrado Tony Scott, estrenada en 1983. Por ello
hacer una película que homenajeara a ese cine de los años 60, el de la “Hammer” o el de los
seriales televisivos de temática de terror que se emitían ya entrada la noche en esos años, no parecía
desde luego una idea muy acertada, y menos aún que su director fuera novel, un tal Tom Holland.
La idea de que tenemos un control sobre nuestros actos suele pasar desapercibida, pero creo que es
uno de los grandes temas filosóficos. No me refiero al debate sobre el libre albedrío y la
predestinación, sino a si verdaderamente somos conscientes no solo de las cosas que hacemos, sino
de sus causas, razones y motivos. Aunque sin duda ya otros se dieron cuenta, fue desde la mitad del
S.XIX cuando ilustres tacañones del pensamiento como Schopenhauer, Nietzsche, o Freud, nos
advirtieron que, a pesar del avance de las ciencias, somos un engranaje de voluntades, pasiones y
latidos, y que las más de las veces no tenemos ni idea del porqué de nuestra conducta, o si la
llegamos a tener necesitamos a la sociedad, la moral y la costumbre para no admitirlo, ya que
hacerlo puede traer funestas consecuencias.
“Noche de Miedo”, “Fright Night”en su versión original, es una película de 1985 dirigida por el ya
mentado Tom Holland y protagonizada por William Ragsdale, Amanda Bearse, Chris Sarandon y
Rody McDowell. Es una de esas películas que se considera de culto, concepto que no sé muy bien
definir, ya que si para algunos todo acaba siendo fascismo, para otros todo acaba siendo de culto.
En general, creo yo, una película de culto es aquella que no tuvo un éxito desmesurado e incluso
pasó un tanto desapercibida, pero con el tiempo ha conseguido que un grupo de personas la tengan
como una de sus películas favoritas, interesándose por todo aquello que tiene que ver con ella,
rindiéndole un culto que en ocasiones no se diferencia al de los santos; y es que si ya uno de esos ilustres
tacañones nos decía que no debemos subestimar a las personas que rinden pleitesía a estatuas,
amuletos y entidades, ya que ello les da una fortaleza frente a la incertidumbre que no es en
absoluto desdeñable, puede que estas formas de idolatría moderna también hagan que las personas
puedan llevar mejor esa incertidumbre, y puede que, ello a su vez, explique porque amamos obras de
arte y no solo a las personas.
Todo hacia presagiar que “Noche de Miedo” estaba condenada a ser uno de esos productos que
engrosan las estanterías de los entonces existentes “ videoclubs”, y cuya elección tenía más que ver
con las ganas de echarte unas risas que con la de visionar algo serio. A un director principiante
había que sumar un reparto de gente que no era conocida y que distaba mucho de las estrellas del
momento. Solo Rody McDowell tenía una carrera consolidada como actor, y si bien es cierto que
había participado en alguna superproducción, era eso que conocemos como un ilustre secundario. El
caso es que en ese debate entre la razón y lo que nos mola, parece que ganó lo segundo, y eso, ya
que es algo que ocurre ahora en muy contadas ocasiones, me parece muy grande.
“Noche de Miedo” es una película muy divertida que consigue algo que no es fácil, homenajear sin
caer en la parodia, y si bien se puede calificar como una comedia, tiene una ambientación que ya les
gustaría a muchas películas de terror en principio más serias. Unos efectos especiales de esos años
en los que las cosas se hacían con las manos y no con la informática, muy buenos para la época y
que no desentonan pasado ya el tiempo; repito que aunque es una comedia tiene momentos
impactantes, como el de la metamorfosis de lobo a vampiro y luego a humano; y yo prefiero esto,
que algo sea cómico pero luego tenga su espacio para la inquietud, a esas películas supuestamente
ultra terroríficas en los que los malos malosos acaban haciendo coñas dignas de Chiquito de la
Calzada, véase las películas de Freddy Krueger. Y si bien la historia no es muy original, mantiene
el ritmo muy bien hasta el excelente final. Un recuerdo para la peculiar y buena banda sonora de
Brad Fiedel y para ese homenaje a un cine ya en ese tiempo antiguo que no solo lo vemos en la
ambientación de la casa del vampiro, sino en el nombre del… sí, ¡venga! , los que la habéis visto:
-Soy Peter Vincent, ¡el cazador de vampiros!
Homenaje a Peter Cushing y Vincent Price, dos héroes de esa época dorada del cine de los “no
muertos”. Recalco que el cine de vampiros, puede que por estar presente ese ser maligno y los
temas que le rondan: paso del tiempo, muerte, deseos no cumplidos, miedos ancestrales como a la
oscuridad, en muchos de los arquetipos de la psique humana, no pasa nunca de moda; dos años más
tarde llegaría “Jóvenes Ocultos” en mi opinión muy sobrevalorada, como todo lo que hace Joel
Schumacher, y unos años más tarde Coppola volvería a poner al vampiro en los altares, en los
altares de la locura, claro.
Pero es ese cine, en el que el cazador de vampiros va vestido como Sherlock Holmes, el de ajos y
cruces, el de casas de las que sale niebla, el que se reivindica aquí. No solo eso, también ese
erotismo mil veces preferible a la pornografía. No os perdáis el baile en una de esas discotecas
maravillosas de los ochenta -seguro que recordáis alguna, como la de “Terminator” -, en la que la
gente vestida de mil formas originales bailaba música cojonuda; hoy en día la gente que se compra
la ropa en las grandes superficies baila Reguetton o cómo coño se escriba y a Rosalía. ¿ A alguien se
le ocurre algún argumento mejor para negar la idea de progreso?
Decir que la película tuvo una secuela aceptable con los mismos protagonistas, excepto el vampiro,
que ahora es vampira, una señora de piel bronceada y mirada eléctrica, parece que antes de los
tiempos de la inclusión obligatoria ya se daban estas cosas y entonces la gente lo veía como lo más
normal del mundo y no como algo forzado. En 2011 se hizo un remake al que solo puedo calificar
como infecto y que fue un fracaso en taquilla, cosa de la que me alegro. Nunca terminé de verla, ya
que hubiese supuesto tener que convertirme en criatura de la noche y vagar en pena por la
oscuridad. Este lamentable “remake” demuestra que en nuestros actos, casi siempre en el principio
de ellos, encontraremos una pureza que debemos guardar como se guarda un tesoro, ya que esta no
tardará en desaparecer.
Así pues, esta película nos enseña que quizás hay que hacer un poco de caso a las voces que nos
susurran en las madrugadas en la que la bestia no duerme y pasa en una de las mil formas que tiene
por nuestra ventana. No estoy haciendo un alegato contra la razón, que suele acabar en ser un viva
la vida y cuando la cosa va mal que me rescaten. Estoy haciendo un alegato a fijarnos menos en el
exterior y más en esas lecciones que nos comunica nuestra sangre. A una vez emprendido el viaje no
desfallecer, tener una alegría que no se ha de confundir con la mera sonrisa, y si llega el fracaso,
aceptarlo, porque forma parte de la vida.
Para un escritor elegir la temática de su siguiente libro siempre es complicado, porque le pasa lo
mismo que al protagonista de “ Una historia de Violencia” con las mujeres. Cada historia que está
por escribir es maravillosa y única antes de empezar y puede que lo sea también al comienzo y por
qué no, en gran parte de su desarrollo. Pese a las pocas señales favorables, el director y los
productores debieron de sentir esas lecciones de la sangre y decidieran seguir con el proyecto. El
resultado es una de las mejores películas de vampiros de los ochenta, y para mucho de
todos los tiempos, y una muestra de que muchas veces en el cine, como en la vida, menos es más,
pero ese menos ha de ser casi perfecto.
Yo voy a seguir esas enseñanzas que escucho desde los abismos de mi alma. Me pasa con los libros
lo mismo que con las mujeres, elegir uno es renunciar a todos los demás, y eso es algo casi nihilista
y que te hace odiar el tiempo y su paso, incluso si yo fuera una de esas criaturas malditas
condenadas al vagar de las noches y los siglos; ¡se quedarían tantos libros sin escribir y tantas bocas
sin besar!; bueno, supongo que en ese caso, cuellos sin morder.
Pero no hagamos tragedias, aceptemos nuestra finitud y al hacerlo no nos obsesionemos tanto por el
resultado. Por ello he decidido que mi siguiente libro sea una continuación de ese en el que salen
tipos malcarados vestidos de negros y uno que se pone una especie de sábana en la cabeza; ¿os
suena?
Y mientras, el cine me seguirá inspirando, a veces en noches de miedo, otras de tristeza, algunas de
lágrimas, pero siempre de alegría. Y cuando el discípulo de las tinieblas me visite me encontrará
sonriendo, y las puertas del infierno no prevalecerán sobre mí, porque yo también soy como Peter
Vincent: cazador de los vampiros de mi alma
