“ Hoy predomina el agobiante fatalismo de quien acepta pasivamente el presente porque no es capaz de imaginar una alternativa”.
Diego Fusaro.
Diego Fusaro es un interesante pensador italiano; lo es en el sentido de que pese a que él mismo se define como marxista, es para muchos fascista. Representaría esa corriente denominada por algunos como “ rojipardez”. Un «rojipardo» es alguien que si bien acepta los postulados clásicos de la izquierda provenientes del Marxismo en temas económicos, no comulga con aquellos con los que la izquierda posmoderna belígera en el marco cultural y que son sus grandes campos de batallas, me refiero al Feminismo, el Ecologismo, Ideología de Género, multiculturalidad, inclusión, diversidad, LGTBI… vale, ya paro. Me resulta muy interesante esta peculiaridad, lo de que uno diga que es una cosa y los otros lo contrario; lo es en el plano intelectual, pero creo que pasa con nosotros mismos, en nuestras vidas diarias, monótonas y repetitivas; lo que a su vez nos remite a la idea de Unamuno, la de de si somos lo que percibimos sobre nosotros mismos o lo que los demás perciben de uno mismo, pues creo que a estas alturas está claro que lo que nunca seremos es aquello que anhelamos ser. Traigo a colación al italiano por tener un libro titulado: “ Odio a la Resiliencia: Contra la Filosofía del Aguante” .
En la película japonesa de 1969 “ La Bestia Ciega “ un escultor ciego se obsesiona con una modelo, hasta el punto que, teniendo como cómplice a su madre, procede a secuestrarla. Es esta una película tan desconocida como inquietante; una de esas películas que te hacen formar parte de una experiencia entre lo abyecto y lo sublime, pues tras su marcada temática sexual inicial, acaba llevándonos a un mar en cuyas profundidades retornamos a lo esencial, en una conjugación de lo humano como parte más del Reino Animal, en consonancia con formas de vidas elementales pero poderosas y enigmáticas, con el mito imperecedero del cuerpo como cárcel del alma, esclavo de las pulsiones y de los efectos tónicos que desde la tierra nos guían y consumen. He decidido no contar la trama, pues de verdad es una película que merece la pena ser visionada. Se puede encontrar en la actualidad en la plataforma «Filmin». Tan solo decir que la mujer, cuando ya ve imposible la huida, decide no solo aceptar su cautiverio, sino ir más allá de lo que su captor buscaba en su momento. ¿Actuamos así nosotros también en nuestras vidas, en esas vidas monótonas, mecánicas y repetitivas?
La actualización de los patrones y procesos de la religión en la vida actual es un hecho que cada vez me parece más obvio. La instauración de la resiliencia en ya prácticamente todos los ámbitos de la sociedad, hecho promovido por la clase política, es una prueba más. Podríamos definirla, no lo he buscado en libro alguno ni en internet, pero supongo que más o menos es así, como una adaptación psicológica, o modificación de la conducta, ante hechos que son irrevocables, como la muerte de un ser querido, una enfermedad sin cura o crónica, un accidente, un desastre natural…este proceso ayuda a superar el trauma, en el fondo no es más que la utilización de las denominadas fortalezas psicológicas que en menor o mayor medida tienen los individuos. De un tiempo a esta parte, este concepto ha sido y está siendo utilizado, por parte de la clase política, desde el ex presidente Obama hasta el actual presidente español, de hecho creo que hay un ministerio en España que lleva esa palabra en su denominación; al haber ya tantos ministerios y con nombres cada vez más horteras y cursis, lo cierto es que me pierdo, pero sí, el ministerio de la resiliencia existe. Fusaro nos dice “ grosso modo “ que la resiliencia es un truco más de los políticos para hacernos creer que la cosa está cambiando cuando todo sigue igual; es un empoderamiento cutre y analfabeto del sujeto que se cree dotado de valores ideales pero que no sabe ni cómo ni por qué hace las cosas. La resiliencia viene al hilo de la vuelta a la palestra de ciertas corrientes filosóficas como el Estoicismo, de modas como la del crecimiento personal y de pese al materialismo y a la diversidad laica, tener una necesidad de aquello que es oculto. Vayan a la Casa del Libro y comprobarán, no se si con espanto a esta hora del partido, que los libros de crecimiento espiritual son más numerosos que los de Psicología, y los de Ciencias Ocultas que los de Filosofía, también será sencillo encontrar libros con la bendita palabra, que ya nos cuelan hasta en la sopa vegana, o al menos hecha con animales que se han criado en granjas felices; en libros que insisten en que las circunstancias son relativas y que nosotros somos dueños de nuestro destino, algo que no solo es muy discutible, a mi entender falso, sino que se traduce en que te tienes que levantar a las cinco de la mañana para hacer «cross fit» y luego ponerte a trabajar, a leer, a estudiar…porque así el día de mañana serás tu jefe, escaparás del aciago destino de ser un mileurista y formar parte de la cochambrosa clase trabajadora, esa misma tan dada a ser protegida supuestamente por socialistas y populares; y ya, como colofón, tendrás un coche de los caros, eléctrico, claro, para ser amigo de la Madre Tierra y para que los funcionarios policías a los que les pagas el sueldo no te den la tabarra con la pegatina. No es una exageración, este es el panorama. Algunos verán al aristócrata de Nietzsche en estos lares, pero para mí es todo lo contrario. Ante todo el aristócrata de la Genealogía de la Moral es un amante de la vida, y por lo tanto un creador, un perpetuo danzarín del cosmos; hoy en día el sujeto resiliente es un sujeto consumidor, las élites abogan por la diversidad pero quieren el pensamiento único, el sujeto resiliente pese a sus supuestas cualidades personales, es como el sujeto religioso que piensa lo que otros quieren que piensen. De allí la necesidad de tener cuerpos que son artificiales e insanos, cuando no retocados, de intentar llegar al extremo de las cosas, como en su día era la castidad, la obediencia absoluta, la clausura, cierto es que aquí no incluimos la pobreza, pues existe una necesidad de enriquecerse, pero no por tener una verdadera meta en la vida, en la que los porqués dejen de tener relevancia, sino para simplemente poder consumir. Vuelven los ayunos como en la época de los místicos, estamos dispuestos a la mortificación corporal como ellos lo estuvieron antaño: correr durante horas, levantar pesos muertos una y otra vez, la disciplina en las comidas, su exactitud al modo de los maitines, y ante todo esa idea, la de que tenemos que soportar lo que nos pasa y superarlo porque al final seremos recompensados, que en el dolor hay una santidad, y si el gobierno nos fríe a impuestos y nos dice cómo han de ser las cosas, pues somos ovejas descarriadas, ¡hágase su voluntad! Sí, seremos recompensados como lo es el creyente en la otra vida, y es que efectivamente, lo que buscamos no es vivir nuestra vida con sus decepciones y limitaciones, y también con sus alegrías y buenos momentos, sino vivir otra vida, y ya no es necesario el paraíso, tenemos internet, la información como sustancia eterna fuera del espacio y del tiempo, y por supuesto a los sacerdotes actuales, los políticos de todos los espectros; y cuidado con los que afirman ser más moderados; en la lucha por el control de las masas nunca ha existido la moderación y rara vez la resiliencia ha sido posible. Hemos pasado del “ muero porque no muero “ al, “ vivo porque quiero vivir lo que nunca seré “.
PD. vuelvo a conminar a los lectores al visionado de la película japonesa, forma parte de un recorrido, no sé si denominarlo espiritual, a habida cuenta del tema, de películas de contenido sexual-sadomasoquista, que estoy visionando y analizando para luego reflexionar sobre ellas, y que espero plasmar en el último relato del que espero también sea mi siguiente libro, y mientras tanto a resistir, pero sin resiliencia, no, gracias.
