“Examinarlos todo, retened lo bueno”.
San Pablo: Carta a los Tesalonicenses 5:21.
¿Qué es lo que hace que algo triunfe o caiga en el olvido?, ¿por qué sentimos atracción por algo e indiferencia por otra cosa? ¿Se basan nuestras decisiones en criterios racionales, propios, o muy por el contrario, en fuerzas exteriores que no alcanzamos ni a controlar a comprender?; y con las masas, ¿sucede lo mismo que con los individuos?
La idea de que la vida es una farsa es muy antigua; no me refiero a la idea asociada con el pesimismo filosófico, la de que la vida es una fuerza estéril, y que toda está condenada al fracaso de una u otra forma. Me refiero a la idea literal de que esta vida es una falsificación, una simulación, una mentira, pongan el adjetivo que gusten: Platón, sus discípulos díscolos, los gnósticos, Descartes y su genio maléfico, Calderón y su vida es sueño, Kant, de una manera más sofisticada con sus noumenos y fenomenos, y en la actualidad las teorías de la simulación, que han tenido su versión popular en una serie de películas que a finales de los 90 trataron el tema en cuestión, siendo sin duda la más exitosa “Matrix”, pero no fue la única.
Alex Proyas había gozado del éxito con “El Cuervo”, película que no tardó en alcanzar el estatus de culto, en buena parte debido a su estética, pero también a la muerte de su protagonista Brandon Lee, el hijo de Bruce Lee, que al igual que a su padre, los dioses lo llamaron siendo joven. Proyas tardó cuatro años en materializar su nuevo proyecto, pese a que desde principio de los noventa ya lo tenía en mente. Se trataba de “Dark City”, pongo el título en inglés porque se llamó de esta manera en España. Una película ambiciosa, hasta cierto punto original, que no podía negar sus influencias: el cine francés “La Ciudad de los Niños Perdidos” de Jean Jacques Annaud, el cine expresionista alemán; notable parecido entre los “Extraños” y Nosferatu, o el cine “noir” americano de la época clásica de Hollywood. “Dark City” antes que “Matrix”, y al igual que Nivel 13, “Virtuosity” o “Existenz” nos plantea el tema de la realidad. En este caso no son máquinas, sino unos seres extraterrestres, mezcla entre Nosferatu y los cenobitas de “Hellraiser”. No voy a contar la trama, ya que si alguno de los lectores no la ha visto, merece la pena que lo haga. En ella se mezcla el cine negro con los asuntos de índole más filosófica, teniendo como un protagonista más a la ciudad, siempre oscura, porque en ella siempre es de noche, y esta vicisitud parece no ser tenida en cuenta por los habitantes de la tenebrosa urbe.
La idea de que nuestra vida puede ser una farsa es perturbadora, y creo que lo es por nuestro orgullo, que nuestro destino dependa de un programador, intermediario o lo que sea, acaba resultando inquietante; incluso si fracasamos, queremos tener la certeza de que se debió a nuestros actos. Puede que en el fondo no sea más que una forma extrema de plantear el sempiterno debate entre la libertad y el determinismo; una nueva disputa teologal, en la que se debate la complicada compatibilidad entre un Dios Omnisciente y que a la vez nos da libertad para amarlo o negarlo; algo que ha traído de cabeza a teólogos y pensadores de todas las religiones. Pero como ya comentamos, puede que la Ciencia Ficción haya ocupado el espacio que antes tenía la Teología, más preocupada en temas sociales y doctrinales, que en responder desde la fe a las grandes incógnitas de la existencia.
“Dark City fue básicamente un fracaso. Recaudo más o menos lo que costó, lo cual en el mundo del cine equivale a gatillazo. La crítica especializada tampoco la trató bien, y hasta cierto punto entiendo los dos fracasos. El principal problema de “Dark City” es que quiere ser muchas cosas a la vez pero sin llegar a ser nada en concreto. El presentar la película como de un género definido ya fue complicado, hoy se suele presentar como una película de ciencia ficción, pero en su día se catalogó como de terror; sus numerosas influencias hacen difícil encasillarla, y no nos engañemos, cuando hablamos de ganar dinero, esto es complicado, porque la gente que va al cine quiere saber qué va a ver. La trama es un tanto compleja, por ello los productores obligaron a meter una voz en “off” a fin de que explicar el asunto, en “Blade Runner” ocurrió algo similar, pero esto a su vez hace que la trama se explique y no sorprenda al espectador que es más espabilado; y lo cierto es que la trama no es fácil de entender; hay muchas cosas que quedan en el tintero, como el origen de los malos, su propia naturaleza, o esa paja mental que supone que siempre sea de noche y que las vidas de los habitantes de la ciudad se vayan intercambiando. A pesar de esa influencia del cine negro, la trama detectivesca queda siempre en un segundo plano, pues el detective, interpretado por William Hurt, nunca termina de despegar; y por último, porque parece que estoy haciendo un alegato contra la película. Se trata de una película de pocos actores y sin apenas extras. No se observa la ciudad, la vida de las calles, la sociedad de ese mundo falso, y esto hace que la película tenga un tono teatral que no suele gustar al consumidor de cine. Para terminar de poner el clavo en el ataúd; “Matrix”, algo así como su hermano gamberro y macho alfa, terminó por monopolizar el tema de la simulación. ¿Entonces, por qué algunos seguimos hablando de “Dark City”? Pues porque se trata de una excelente película, si tienes claro que no vas a ver algo parecido ni a “Matrix” ni a “Hellraiser”. Como nuestros defectos acaban siendo nuestras virtudes, esa indefinida mezcla de género la hace muy interesante si ya sabes lo que puedes esperar. Es una película con una estética propia, trabajada, cuidada al detalle, en la que la perpetúa oscuridad te sumerge en un ambiente lúgubre, consiguiendo que la ciudad sea no un protagonista más, sino la protagonista. Aborda el tema de la simulación desde una perspectiva interesante, en este caso son extraterrestres, pero no esos típicos de las pelis de los 80; son presentados de una forma original, como lo es la idea de la mente colmena, y la teoría de que el tiempo que nosotros percibimos es una experiencia personal, es tan inquietante como sugestiva, y nos hace tan prescindibles como interesantes.
Con el tiempo muchos vieron las virtudes y aparcaron las defectos. El prestigioso crítico Robert Ebert la comparó, puede que exageradamente, con “Metrópolis” o “2001, Una Odisea en el Espacio”. Se empezó a crear una mística en torno a la película debido a que los escenarios que se utilizaron en “Matrix” fueron los mismos que en “Dark City”. Hay algunos como el del tejado que son fácilmente reconocibles. Esto favoreció a esa mística, la de que la verdadera película sobre la realidad era “Dark City” y no “Matrix”, que esta última era un divertimento y “Dark City” algo serio. Yo defiendo que aunque tienen un nexo argumental similar, son dos películas diferentes, en cuanto a las influencias, yo no lo veo como nada bueno o malo en sí, excepto cuando se cae en el plagio descarado. Todos los artistas se inspiran en otros, y captan ideas tras ver, contemplar, leer, las obras de otros, ello no es en sí malo, sino más bien comprensible; ya lo dijo Spinoza al final de su “Ética”: “lo nuevo es tan raro como lo excelso”, y las dos cosas ni te cuento, esto es añadido mío. La idea de que vivimos en una realidad inventada, o cómo lo quieran decir, es muy antigua, tan solo hay actualizaciones dependiendo del grado de avance tecnológico; en Platón teníamos la caverna, y ahora a las máquinas en “Matrix”, y en “Dark City” a los extraterrestres, pero cómo he dichom si se analizan creo que son dos películas muy diferentes, si bien en ellas prima esa estética oscura vigente en el cine de los 90; dos buenas películas que a título personal no están en mi Olimpo personal, si es que tengo alguno, más como ya comenté, mi idea era utilizar este artículo para reflexionar por qué nos gusta algo o no, que quizás sea también preguntarnos si verdaderamente somos libres. Tan solo comentar antes del final que es interesante una lectura que se puede hacer de la película desde una óptica puramente gnóstica, en la que los “extraños” serían los equivalentes a los arcontes, el protagonista podría ser un personaje análogo a Lucifer, etc. Pero tal empresa tal vez merezca un artículo propio.
Creo que gran parte de nuestros gustos se debe a la imitación, o bien a la necesidad de ser diferentes, que esencialmente viene a ser lo mismo, y puede que no sea especialmente importante que nos guste beber tónica, o agua con gas, pero si lo analizamos, desde cierto tiempo a esta parte, yo diría desde los años 60, desde que la globalización es algo ya delimitado, desde que las ciudades ya son postindustriales y dominadas por la información y la conectividad, desde que ya no se dan tanto las clases sociales, sino los estilos de vida, los gustos personales, que antes eran algo más impuesto, por ejemplo, la forma de vestir estaba muy relacionada con esa condición social; se han convertido en una de nuestras señas de identidad. Cómo vestimos, que música escuchamos, que cine nos gusta, y todo se suele resumir en nuestra forma de ver el mundo, que es nuestra ideología; y en mi opinión esto nos convierte en habitantes de una ciudad no tan diferente a la de la película, en caminantes de las oscuras calles, y puede que los que deciden qué pensamos y cómo vivimos, no sean tan inquietantes como los “Extraños” ni tan sofisticados como las máquinas de “Matrix”, puede que de hecho ni siquiera allá un consejo, un grupo, una secta, un plan determinado, tan solo un choque de intereses y fuerzas ideados y creados por partidos políticos, universidades, medios de comunicación, multinacionales, ONG´s…y por ellos somos guiados y engañados, y eso resulta mucho más aterrador que la ficción de ambas películas, y para colmo no somos guapos ni llevamos chupas de cuero como Neo y compañía. Así que ya sabéis amigos; examinarlo todo y retened lo bueno, si es que queda algo que aún pueda identificarse con esa palabra,
