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NO SEAS RIDÍCULO

“soy de un tiempo en el cuál hacer el ridículo era algo que se evitaba, ahora es un objetivo a alcanzar”

Rosana Hermann.

El haber perdido el sentido del ridículo es una de las causas del malestar habitual en nuestra sociedad. Lo asocio también con la prevalencia de la pornografía sobre el erotismo y de aquello que es cuantitativo sobre lo cualitativo, pero de eso ya hablaremos otro día.

En ocasiones voy a una librería del centro de Valencia, para ver libros, obviamente, lo siento pero no hay razones libidinosas o de otro tipo, tal vez comprar alguno, rara vez voy con una idea predeterminada, rara vez también leo novela, prefiero el ensayo o directamente la escritura que es didáctica a más no poder. Creo que son los viernes por la tarde, si bien no puedo afirmarlo, es posible que los fines de semana también, en dicha librería se hacen presentaciones de libros, en las que el autor habla de su obra y dialoga posteriormente con la gente que acude al acto. Me han ofrecido varias veces hacer presentaciones de mis libros a lo que yo siempre me he negado; principalmente porque creo que es una horterada, también creo que la Feria del Libro es un lugar repugnante, y si bien es cierto que nunca me han invitado ni creo que lo hagan, juro ante los pies de San Expedito, que como sabéis es mi santo favorito, que nunca acudiré.

Hoy en día todo está dirigido a esa expresión desenfadada de la conducta. Me refiero a subir videos graciosos, a mostrar el cuerpo, a nuestra pareja, lo que comemos, los lugares a los que viajamos. Es así como ofrecemos gratuitamente nuestra intimidad al extraño sin necesidad de medio coercitivo. Como es lógico todo ello se convierte en una carrera por ser más, y como en general nuestras vidas son muy similares, porque no somos Casanova ni Cleopatra, recurrir al humor cuando no a la mofa es la única salida, y cuanto más cutre se sea mejor. La gente está dispuesta a molestar al prójimo gastándole bromas pesadas aun a riesgo de llevarse una hostia; está dispuesta a protagonizar temeridades y acabar en el hospital; lo grotesco acaba sucediendo a lo estético, es esta señal común en la decadencia de todo Imperio. Y así es como si eres gracioso, ya llevas bastante ganado, seas cocinero, futbolista, político ( si es que hay alguno, bueno, el alcohólico Yeltsin tenía sus puntazos ) o rey emérito; para colmo, en la otra orilla, el humor se vuelve intelectual y las coñas marineras acaban en horribles y pesados alegatos que apestan a posmodernidad, no puedo imaginar a gente más antipática que Foucault o Simone de Beavoir, además de pervertida, claro. En el fondo toda proliferación del humor guarda algún trauma y es símbolo de un carácter que no está del todo formado, es un grito de auxilio en ese desierto de lo real que imagino uno de esos posmodernos que sí me cae bien; porque admitámoslo, la vida por lo general no tiene nada de graciosa, y es la necesidad de buscar ese escape la que nos lleva a perder ese sentido del ridículo que es garante no solo de un respeto por uno mismo y de los demás, sino de poder conocer el mundo que nos rodea.

Hoy, una de esas presentaciones ha evitado que me pudiera acercar a la zona de filosofía de la tienda porque estaba copada por la que creo que es la autora del libro. La misma hablaba de ataques de creatividad, lo cual me ha hecho sentirme mal fisiológicamente, para más inri había unos tipos ataviados como, no sé, miembros de una secta satánica o algo así, desconociendo si se han disfrazado para ir a la presentación del libro por la vacuidad de sus vidas o porque les pagaban. Finalmente he oído algo de la magia negra y de Harry Potter, por lo que he decidido bajar las escaleras a toda prisa para evitar que mi propio vómito empañara la presentación del libro cuyo título desconozco. Eso sí, en mi huida impostada he dado con uno de Stefan Zweig, del que me han hablado muy bien y que es posible que adquiera, así es cómo actúa Dios con sus renglones torcidos. Dicen que muchos libros que son grandes ventas no los escriben sus autores. La verdad es que no me atrevo a afirmar ni a desmentir, pero no me extrañaría; la pérdida continua del decoro en la sociedad hace que algo así ni siquiera sea motivo de debate ni inquietud como no lo es la mentira constante y constatada del gobernante, mas este es un tema importante. ¿Verdaderamente son importantes los autores? Creo que por una parte sí, ya que el día que los libros los hagan las inteligencias artificiales yo espero estar muerto y enterrado mil metros bajo tierra, pero por otra parte, un autor es solo un humano que viste y calza como los demás. En “Simón del Desierto” el último relato de “ En Ausencia de Dios “ reflexiono sobre esto. Creo que ante todo la literatura es una búsqueda personal, de uno mismo para sí mismo, si luego puedes publicar un libro y hay gente que lo lee pues mejor. El escritor ha de tener un fuerte sentido del ridículo, ha de ser pudoroso y no publicar lo primero que se le ocurre, ni siquiera aquello que le puede ser más afecto o atractivo, creo que en la vida pública se ha de actuar igual, cosa difícil, con estas historias que duran 24 horas y que se graban a tiempo real, como copia de la realidad y que acaba siendo más valiosa que esta, como momento efímero de algo que se presupone auténtico.

Las Geishas muestran un alto sentido del ridículo en cada uno de sus actos, no pueden ser pasionales ni vulgares, nadie las imagina soltando improperios o frases soeces. Sus trajes implican un tiempo considerable para ataviarlos, el hecho de vestirse de esta guisa es en sí un ritual, es una de las muchas cosas que las diferencia de la prostitutas, y conste que aunque no contrato sus servicios, las prostitutas tienen mis respetos, bueno no todas, y me explico.

En la película coreana “ La Criada “ de 2016, no he visto la versión original de 1960, la mujer del protagonista varón se prostituye de manera continua entregando su vida, logrando que el hombre la deje embarazada y formando una familia con él. Si no me falla la memoria, no se llega a explicar, pero se da la idea de que la mujer era una cantante o algo así, vamos, una puta en toda regla, porque no solo alquila su cuerpo durante unos minutos a cambio de una cantidad concertada; servicio que no consumo como digo, pero no tanto por temas morales, que también, sino porque no me excita pagar a una mujer para tener sexo, si bien como digo me parece hasta cierto punto algo respetable y por ello sigo el consejo evangélico de no juzgar; La verdad es que no lo sigo, porque en el caso de la esposa ya multimillonaria, ella está dispuesta vender toda su vida para tener un estatus, poder vestir ropas caras, no tener que trabajar nunca más y tener a esas criadas que le lavan la ropa. Pero todo el mundo sabe, aunque no lo digan, que en el fondo es una puta, porque solo una auténtica puta está dispuesta a venderse en su totalidad como puta fue también su madre que le instruyó al efecto. Que no se enfaden las féminas, los hombres también podemos ser putos, ¡y vaya si lo somos! Creo que este es el tema más importante de la película y no la pretendida lucha de clases que se expone como asunto principal. Es una muestra de lo que la pérdida del sentido del ridículo puede hacer en una persona, puede que como en el caso de la mujer los efectos no sean malos, y que la jugada sea buena; de hecho si se ve la televisión y a sus bufones parece que la pérdida del sentido del ridículo no es mala cosa. Sin embargo tiene un precio a pagar y cuyas consecuencias no suelen ser visibles, el hecho de no ser uno mismo, y tarde o temprano la gente se da cuenta, como cuando imitas a Chiquito de la Calzada para hacerte el gracioso.

El mismo hecho de hacer publicidad en las redes sociales, de esclavizarme de forma voluntaria, de publicar fotos con mi imagen que por lo general solo enseñaría a tres o cuatro personas, en definitiva de prostituirme, me agota, no me gusta, aunque cuando lo hago se suele traducir en seguidores nuevos y ventas. Me veo fuera de mí mismo, como en la muerte pero con la luz por todas partes. La propia idea de hablar de mis libros o de que se comente en público que soy escritor me molesta; es por mi sentido del ridículo, y espero que siga siendo así siempre, y creo que así siempre será a pesar de que no sea famoso o un superventas, y la verdad, me da igual, como dijo alguien, un escritor no necesita premios ni dinero, ni siquiera lectores, porque a un escritor verdadero solo le puede vencer la muerte.

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