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MEA MAXIMA CULPA

“Las oigo más cercanas, sagradas sinfonías del tiempo, con una idea, que somos seres inmortales caídos en la oscuridad, pobres condenados, hasta curar completamente”.

“Sagradas Sinfonías del Tiempo”.

Franco Battiato.

Hubo un momento en el que tuvimos que ser divinos. Suele ser un razonamiento recurrente, con él intentamos explicar varias cosas, entre ellas el asunto del Mal.

Es el caso de los niños asesinos, uno de los temas más complejos que aborda la Criminología, la Psicología y el Derecho Penal así como la opinión pública en general. Puede que la idea generalizada de que los niños son sinónimo de pureza sea un mecanismo de defensa ante los avatares de la vida, una necesidad psicológica no muy diferente al pensamiento filosófico del comienzo.

¿Cómo es posible que un niño pueda llegar a matar a otro, y además de formas que suelen ser extremadamente violentas?

Los expertos nos hablan de una serie de condicionantes o variables que se han de dar para que esto ocurra. Puede que la principal, que no única, sea la de un maltrato continuo a lo largo del tiempo, un maltrato variado que incluye agresiones físicas, sexuales, situaciones de desamparo, carencias afectivas y marginalidad social. La presencia del famoso trastorno de personalidad antisocial, el de los psicópatas, o de un trastorno mental de otro tipo, preferiblemente con brotes psicóticos, que anule la voluntad y el entendimiento del autor, también es recurrente. En los últimos tiempos, en los que se han recuperado teorías de tipo biológico, eclipsadas en las décadas pasadas por el paradigma sociológico y psicológico, el estudio del cerebro de estos niños ha sido objeto de atención, buscando patrones que puedan explicar las conductas violentas a través de un mal funcionamiento cerebral.

Obviamente estos casos han de ser estudiados y analizados, lo cual resulta apasionante, pero al igual que las teorías religiosas, puede que intenten esconder una realidad inquietante, y que las más de las veces, no estamos dispuestos a admitir; no ya que el Mal exista, algo obvio si echamos un vistazo al mundo sea la hora que sea, sino que en el Ser Humano hay algo malo, perverso y errado, y que igual que algunos son capaces de hacer cosas extraordinarias, otros nacen ya con predisposiciones y carencias. Algo así como una cadena de montaje en la que en ocasiones uno de los productos sale defectuoso. Como admitir esta realidad no es edificante hay que buscar alternativas, lo cual repito es necesario para conocer el mundo, y nuestro reconocimiento a todas esas personas que han elaborado teorías y que han colaborado, al menos intentado, en hacer un mundo mejor a través de la única arma efectiva que tenemos para entender las cosas, el conocimiento; mas, se debería admitir que, simplemente, hay gente que es mala, y si el sadismo o la tendencia homicida es una cualidad de la personalidad humana, entonces el humano es algo tremendamente imperfecto. Se acabó esa milonga de ser bueno por naturaleza.

A pesar de que se crió en un ambiente desestructurado, Alyssa Bustamante, que asesinó cuando tenía 15 años a una niña de 9 en un bosque, escribió en su diario que la única razón por la que lo hizo fue que sentía curiosidad por saber qué se siente. Brenda Ann Spencer tiroteó a varias personas en su instituto, matando a dos de ellas, contestó a la pregunta de por qué había actuado de esa manera, que no le gustaban los lunes. Son habituales estos tipos de justificaciones en este tipo de delincuentes, como que los otros niños no querían jugar con ellos. Si es cierto que los niños sintetizan en ocasiones las bondades humanas a través de sus sonrisas y de su inocencia, no es menos cierto que en los niños también percibimos las miserias humanas: el egoísmo, la impulsividad, atrevimiento, falta de razonamientos de tipo lógico y moral, que muchas veces se resume en que para ellos matar es un juego. Lo podemos ver en el asunto de los niños soldados que no tienen reparo en hacerlo, en ocasiones de manera más eficaz que un adulto, igual ocurre con los sicarios, muchos de ellos cometieron sus primeros crímenes a edades muy tempranas.

Puede que esto nos lleve al eterno debate entre la Naturaleza y el Determinismo y que admitir que algunos llevan la marca de Caín más visible que otros no sea de nuevo edificante. No es el momento de hablar de qué se debe hacer con estas personas, cómo se ha de legislar el asunto, y de qué forma han de ser las medidas a tomar con estos sujetos; retornamos a la filosofía, pues al fin y al cabo eso de que la filosofía sirve para vivir mejor y ser feliz me parece una bobada, la filosofía no es otra cosa que la jueza de otras materias, mejor dicho, el fiscal que siempre acusa, pero que lo ha de hacer de forma motivada y razonada; puede servir también para decirle a la gente que lees a Hume y a Pascal y hacerte así el interesante, pero en la época del Tik Tok o como se diga, parece haber mejores y más satisfactorias formas de subir la autoestima y obtener el reconocimiento social. El caso es que San Agustín, ¡alto a los ateos y librepensadores!, no os exaltéis, pues consenso hay en que fue un gran pensador más allá de su condición de santo, comenta, supongo que en sus confesiones, no lo recuerdo con precisión, que claro que tiene miedo del Demonio y del Mundo, pero que su peor enemigo es su propia carne. Como sabemos el diablo acosa, engaña, embauca y nos quiere llevar al huerto, y si bien su poder es muy grande, hay consenso en que el de Dios lo es más, por lo que confiando en Él, podremos vencer al enemigo jurado de la Humanidad, pues ya sabemos que su poder no prevalecerá sobre los justos. Qué decir del Mundo, es un clásico que todos los santos y ascetas, no solo los cristianos, han tenido al mundo como su enemigo. “ No améis al mundo ni las cosas de este mundo “ nos dice la Carta de San Juan; “ Todo esto te daré si te postras ante mí y me adoras “ dijo Satanás a Jesús en el desierto, ofreciéndole una panorámica de todos los tesoros y bienes de la existencia; “ apártate de mí, Satanás “, obtuvo el diablo por respuesta. Así pues, pese a que el mundo sea sinónimo de tentación y esté repleto de bienes deseables, cada uno puede, a su modo y con mayores o menores pretensiones de éxito, hacerle frente, o mejor dicho, renunciar a él. Pero, ¿ qué hacer con nuestro propio cuerpo ? No podemos enfrentarnos a él, tampoco renunciar a él sin morir, convive con nosotros, es parte de nuestro ser, para algunos lo único que existe verdaderamente, estamos condenados a convivir con él, y cuando se le odia o no se le acepta las consecuencias suelen ser nefastas.

En la interesante película de Lars Von Trier “ Nymphomaniac “ la protagonista narra cómo, ante la imposibilidad de excitarlo, descubrió que el punto débil de un hombre era su interés por los menores. Esto crea una reacción de crítica a la pedofilia en su interlocutor, el cual, a lo largo de la película, intenta comprender los razonamientos de la mujer, la cual, por su condición de adicta al sexo, ha llevado una vida tan problemática como desdichada. Ella, que no ha practicado dicha desviación nunca, al menos en la película no se muestra, afirma que es cierto que los pedófilos que llevan a cabo sus fantasías merecen reprobación, pero que hay una gran parte de ellos que lucha contra esta tendencia, lo cual en cierta forma los convierte también en víctimas,- merecen una medalla – creo recordar que dice. Este razonamiento, que ya he encontrado en otras películas, series o libros, me resulta interesante, si bien por otra parte me resulta a la par peligroso, ya que da la idea de que la pedofilia, que es otra de las conductas más difíciles de comprender junto al tema de los niños asesinos, puede ser considerada una tendencia sexual más, de hecho hay colectivos que ya la consideran como tal. Este razonamiento me parece sumamente peligroso como digo, ya que una vez más de lo que se trata no es de hacer un análisis del hecho sino de su justificación, y no es baladí que ese razonamiento lo haga una persona que no es libre y necesita follar todos los días, con quien sea y como sea. Y es que al final es casi paradójico que todo pueda ser justificado y aceptado, excepto el hecho de que hay personas que sencillamente no pueden vivir en sociedad, ya que son un peligro para los demás y para ellos mismos. Si una persona tiene la necesidad de acostarse con niños y no con personas adultas, hay en ello algo malo, porque los niños no están preparados ni mental ni físicamente para el sexo; yo no estoy hablando de reclusión ni de descargas eléctricas, pero no podemos como sociedad mirar para otro lado y decir que lo mejor que puede pasar es que uno se controle y que además olé por él. Es probable que yo tampoco sea libre de que me gusten las mujeres, pero no es mi afán abusar de ellas a través del engaño o la fuerza o aprovecharme de una situación de vulnerabilidad, como encontrarme a una mujer bebida en la calle y aprovechar para tener sexo con ella, y de la misma forma que acepto implícitamente que si mato o violo seré detenido o juzgado para no acabar yo también siendo violado o asesinado, si algún día me diera cuenta de que me atraen sexualmente los niños tendría que aceptar que la sociedad pusiera todos sus medios para tratarme y poder prevenir mis acciones. Dicen que una sociedad se mide por la forma en la que trata a sus presos, pero eso no significa olvidar a las víctimas ni a su memoria. Las penas, en mi opinión, han de tener un carácter reeducador y de reinserción, pero también retributivo; hay delincuentes que han de pagar por lo que hicieron, y esta idea no está sacada de algún discurso de Trump. El carácter retributivo de la pena es defendido por filósofos como Kant y Hegel, lo cual no implica que por ello la teoría sea irrefutable, solo que en absoluto es una majadería, si bien, por la tradición ilustrada, hablar de estos temas acaba siendo tan escabroso como hablar de la pederastia.

Y sí, es cierto, todo puede acabar siendo comprensible y justificable por la sencilla razón de que todo efecto tuvo anteriormente su causa: el alcoholismo de los padres, el maltrato, las burlas en el colegio, los neurotransmisores cerebrales, el efecto de la imitación… no voy a negar como Hume el principio de causalidad, tampoco abogo por un punitismo popular, por desgracia no solo presente en los partidos de extrema derecha, sino de un tiempo a esta parte también en la izquierda; no pretendo volver a las ejecuciones públicas ni al garrote vil, ni dejar de buscar las causas a través del estudio, solo que al final, más allá de nuestro saber acumulado, hay una verdad que por muy incómoda que se nos aparezca, no deja de ser realidad, la de que la idea del pecado original no es tan descabellada, la de que hay una tendencia al Mal o como lo quieran llamar, en las personas, y si bien las religiones, y puede que en especial el Cristianismo, hace demasiado hincapié en ello: “ Mea maxima culpa “ la creencia de que la educación y la tolerancia pueden hacer cambiar a un ser humano y conformar una sociedad perfecta es, simple y llanamente, otra forma de fanatismo. El ideal progresista como el cristiano tiene sus límites e imperfecciones, a menos que la conducta sea preestablecida de antemano, un remedio que puede ser bastante peor que la solución, como tantas obras distópicas y no tan distópicas nos han enseñado. Y es que podremos conocer al mundo en su totalidad, puede que incluso al universo, quién sabe si algún día a Dios, pero nunca terminaremos de conocer aquello que anida en nuestro interior, aquello que se transmite de generación en generación y que hace que muchas veces la diferencia entre verdugo y víctima se deba al azar. Por ello siempre serán necesarios los muros y las esposas aunque tampoco entre esos muros, esa verdad, la de que somos seres caídos, pero no por nuestra condición divina, sino por nuestra propia naturaleza, dejará de existir.

Puede que al final hacer el bien no sea un acto moral, sino una forma de supervivencia, pues es cierto que hacer el bien a los demás es hacérselo a uno mismo. Mientras tanto la lucha continúa, cambiarán los tiempos, las ideologías y los paradigmas, cambiarán las modas y las costumbres, como no puede ser de otra forma; los hombres de esa época alegarán ser los mejores y el castigo y la recompensa variará según los intereses del momento, pero la única verdad es que esa batalla se seguirá librando cada vez que un Ser Humano se mire al espejo, ¡y que tenga cuidado!, el enemigo que verá reflejado será más fuerte y astuto de lo que pueda imaginar.

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