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LOS VASTOS DOMINIOS

“ Si todo el mundo entendiera que no somos dueños de nuestras decisiones, el mundo se derrumbaría “.

Robert Sapolsky.

Robert Sapolsky, prestigioso neurocientífico, ha escrito un libro en el que nos comenta que lo de la libertad es otra milonga, como la democracia, lo de dormir ocho horas, o reír mucho para llegar a viejo. Lo cierto es que viendo al hombre, da más la impresión de ser el guitarrista de bandas como “ Merciful Fate “ o “ Saxon “, que una eminencia académica que, entre varios premios, ha recibido uno que se llama “ la beca de los genios “, en la que supongo que si optas a ella teniendo un simple expediente de 9,9, eres visto como los nobles del Siglo XVIII miraban a la chusma andar por las calles de París.

Vaya por delante que no he leído el libro, y tampoco voy a dar mi opinión sobre el tema, principalmente porque soy chusma y plebe comparado con esta gente y. más importante, porque no la tengo en un sentido académico; en ese sentido soy cartesiano, no por racional, sino porque vivo en la duda eterna; ¿me quiere?, ¿no me quiere? Pero lo cierto es que el caso no es baladí, siendo también uno de esos temas que creo que todos nos hemos planteado alguna vez en la vida, y no es baladí porque su influencia sobre el resto de la esfera de la realidad es innegable, ya que de que seamos libres o no dependen muchas cosas: el Derecho, la Economía o la Política basan sus preceptos en la idea de que los ciudadanos eligen o no eligen hacer determinados actos, en que el mérito y la voluntad configuran a la ciudadanía, en que los seres somos capaces de hacer lo correcto; supongo que en esto se basa la verdadera idea de progreso y no en que los números tengan perspectiva de género.

La Religión, la Filosofía, la Sociología o la Psicología se han ocupado, cómo no, del tema; ahora parece que los neurocientíficos, que no sé exactamente quiénes son y a qué se dedican, pero que ya por el nombre son muy respetables, se interesan por el asunto. Desde San Agustín, los filósofos musulmanes medievales, hasta Calvino, pasando por Spinoza, Durkheim o Skinner, todos, cada uno a su manera y con las contingencias de su época, han reflexionado sobre tan complicada materia. Materia para mí inquietante, no tanto por tener la seguridad o no de si soy libre para escribir este artículo, o de si lo soy para, como dice la canción, a pesar de todo seguir siendo heterosexual, al fin y al cabo es darnos una importancia que pocas veces nos merecemos. Lo que de verdad me inquieta es que, si es cierto lo de que no somos libres, nos podrán tomar por el pito del sereno, hacer que creamos en esto y en aquello, que aceptemos tal ideología u otra, y que acabemos amando u odiando a seres similares, incluso a la misma persona.

Sin optar a la beca y siendo consciente de mis limitaciones, a veces he intentado reflexionar sobre el asunto, y la verdad es que las más de las veces no me he aclarado, ¡maldito determinismo! Por cierto, el otro día volví a visionar “ Grupo Salvaje “ la ultraviolenta película de Sam Peckinpah y me parece una película con una altura estética excelsa, que me desvío: como decía, el tema se las trae, lo admito, pero algunas cosas que ha dicho la gente no me convencen; cartersiano y escéptico, no sé si es casi lo mismo o lo más diferente que pueda haber. Desde el plano religioso, siempre me ha parecido muy difícil de conjugar que Dios sea Omnisciente y por otro lado nos dé libertad, que ya sepa qué va a pasar desde la noche de los tiempos y luego se cabree porque en vez de rezarle estamos pensando en la señora de buen ver que nos cruzamos en ocasiones por la calle. No puedo negar las interesantes piruetas intelectuales que filósofos y teólogos han ideado sobre la diatriba, pero al final la idea que tienes es que Dios es como una especie de profesor, no sé si de la pública o privada, que sabe qué alumnos son mejores y peores y cuáles van a optar a la beca de los genios, a la lista de graduados que no trabajan en lo suyo pero que, en el mejor de los casos, los pillan para Mercadona, o la lista de los que acabarán formando parte de los descamisados y desahuciados de la vida, pero que, ¿ por qué no ?, puede que acaben optando a algún subsidio, especialmente en época cercana a elecciones. Aparte de que sería un sesgo para ese ser omnisciente pues, digan lo que digan los demás, los profesores, como seres humanos, tienen predilecciones por sus alumnos, me parece una tomadura de pelo de las grandes, y que a veces da la razón a los ateos que se cachondean de que haya gente que cree que los ángeles se aparecen a personas analfabetas con el fin de descubrirles los misterios del mundo; lo cierto es que en la filosofía tampoco he encontrado consuelo, y pese a que el pensamiento de Spinoza es uno de las más nobles y bellos que he encontrado, su antídoto para el determinismo y a al cual él mismo define como “ el amor intelectual a Dios “ entendido aquí Dios no como Alá o Yavé, sino como la naturaleza o el mundo y que, pese a que me parece muy bonito y encomiable ( conmino a la gente a que lea a Spinoza ) , para mí no es otra cosa que Estoicismo disfrazado de matemáticas, una filosofía, la estoica, en mi opinión decadente y trilera, puesta de moda en estos tiempos a mi parecer por siniestros motivos, una actualización con tintes posmodernos del “ jodidos pero contentos ”que a mí la verdad no me consuela, y que en el fondo contiene una idea que para mí sí es fanática, más allá del debate, la de lo absurdo de que somos dueños de nuestro destino, pues más allá de libertad o no, es obvio que fuerzas exteriores influyen en nuestra conducta, otra cosa es que seamos más o menos influenciables por ellas. Con el conductismo, el constructivismo, estructuralismo, la Escuela de Gestalt y la madre que nos parió ya ni me meto, pues la sensación que acabo teniendo es que vivimos en una cárcel cósmica de la que es imposible escapar.

Al parecer hoy en día muchos expertos coinciden en que,si bien es cierto que estamos determinados por múltiples variables, también somos libres de elegir; la verdad es que esto me recuerda a cuando le pides a una chica quedar para tomar algo y te dice que claro, que algún día de estos, lo cual se traduce en acabar en casa escuchando el “ ahora es demasiado tarde princesa, búscate otro perro que te ladre, princesa “ de Sabina, que los despechados también tenemos nuestro punto de orgullo. Por eso he de admitir que agradezco que aparezcan estos tipos de vez en cuando, no ya porque tengan razón o no, sino porque son capaces de sacarnos de nuestra zona de confort. Me recuerda a esa coña de Faemino y Cansado, la de: “ nueve de cada diez dentistas recomiendan lavarse los dientes, aquí está el único hijo puta que recomienda no lavárselos.

Al final de la película, antes de la orgía de destrucción final, los del Grupo deciden irse de putas, sabedores de que, muy presumiblemente, no van a salir vivos de la que se avecina; una alegría final ante la cacería sin tregua de la vida; todos menos uno, el personaje interpretado por Ernest Borgnine, que decide quedarse apoyado en la pared viendo el pasar del tiempo de manera contemplativa, con un rostro de extraña felicidad pese a la certeza de la muerte. Aquí se puede alegar que estaba determinado, puede que porque le gustasen los señores y en esa época esas cosas no se decían ni aunque fueras un cuatrero y un matón, puede que al amigo no se le pusiera como se te tiene que poner en esas circunstancias, ya que en esa época no había “ Energisil “ ni “ Viagra “ ni tratamientos al efecto, o porque formara parte, sin saberlo, de ese grupo ya reconocido: el de los asexuados, cosa normal ya que en los tiempos del lejano Oeste no había treinta y dos tendencias sexuales como ahora. Pero, sea por lo que sea, a mí esta escena me ha parecido de una belleza y una hondura trágica sublimes, y con eso me quedo ya que, la verdad, a estas alturas me la trufa si soy Sandokan o una marioneta cósmica, en tiempos en los que la necesidad compulsiva de tener experiencias hace que cualquier experiencia se nos muestre vacía y tengamos la necesidad de ir a por otra y a por otra y a por otra..; son esos momentos estéticos, silenciosos, espirituales, simplemente bellos, más allá de que sean fruto de mi elección o de una concatenación de circunstancias, los que dan sentido a mi vida, y espero que también a la vuestra.

Supongo que mientras haya seres humanos en la tierra se seguirá reflexionando sobre estos quebraderos de cabeza como hicieron los que nos precedieron, al menos hasta que llegue el día en que la Ciencia nos dé la explicación de todas las cosas, o llegue el día en que nos introduzcan vía anal un chip que nos haga repetir cada día: “ no tendrás nada y serás feliz, no tendrás nada y serás…” Por eso, determinado o no, no me quejo pues, aunque pueda ser un espejismo, tengo la sensación de que al menos no estoy lobotomizado del todo; buscaré esos momentos comentados en mi día a día, porque, como acabo de decir, ya sean fruto de mi libertad o simples variables en el océano de la probabilidad, me hacen sentir que estoy en un vasto dominio, en aquel en que yo levanto mis propios muros, denuncio mis debilidades y acato mis fortalezas, y ello es sin duda el mejor comienzo para algún día conocer la verdad, si es que esta existe, si es que a ella nosotros le importamos.

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