“ Un número considerable de tecnólogos y futurólogos pronostican que enormes cantidades de poder computacional estarán disponibles en el futuro. Suponiendo que estas predicciones son correctas, las generaciones venideras podrían servirse de sus superordenadores para ejecutar simulaciones detalladas de sus antepasados o individuos similares a ellos “
Nick Bostrom.
“ Devuélveme a las zonas más altas; a unos de tus reinos de calma. Es tiempo de escapar de este ciclo de vida “.
Franco Battiato. La Sombra de la Luz.
A pesar de ser dado a la fantasía disfrutaba con los juegos antiguos, de los comienzos de la informática, como esos en los que se tiene que encajar piezas para crear líneas o en los que se juega al fútbol, un juego que ya había perdido su vigencia de encandilador de masas, pero que a él le gustaba. Lo cierto es que en su soledad no era conveniente crear pasatiempos complicados que cargasen aún más la mente. Se solía despertar sobre las 10:00. Como nadie le vigilaba el huso horario podía variar en ocasiones. Tras ducharse y comer algo comprobaba que en el panel madre no hubiera aparecido ninguna señal de anomalía o avería. Luego hacía inspección a través del sistema de videovigilancia de las cámaras, las “alfa” y las “beta, sobre todo, y algunas “ gamma “. Posteriormente hacía su ronda, ya a pie, por la salas y echaba un vistazo a las calderas y al cuadro de mando de luces; comprobaba también que el sistema de acceso y salida estuviera correcto. Le había tocado vivir en un mundo y en una época en el que las diferencias tecnológicas eran variadas, grandes y puede que injustas pero reales, incluso estas se daban dentro de una misma área geográfica, de una nación o de una república de naciones o de naciones que se unían, algo muy en boga en los últimos tiempos tras una época en la que la constante fue que estas se separaran cada vez más, llegando en ocasiones al absurdo; por suerte no fue este el caso de la Unión de Repúblicas Federales de la Europa Oriental, que incluía también a lo que antes se denominó como Turquía, Túnez y el Líbano.
Su trabajo consistía básicamente en custodiar trescientas cámaras en las que se podían encontrar diversos elementos; desde joyas, un vehículo, hasta un cadáver criogenizado. Estos depósitos se construían y acondicionaban en zonas aisladas y alejadas, también escondidas, ya que ni siquiera el depositante sabía el lugar en el que dejaba aquello que para él era tan valioso. Generalmente se trataba de inversiones que se querían rentabilizar en cortos lapsos, en ocasiones objetos de valor sentimental, o algo que por una razón u otra se quería dejar en el olvido para pasado el tiempo poder recuperarlo. Si bien el negocio no dio la sensación de ser muy halagüeño al principio, no tardó en resultar exitoso. Era mucho más económico que las cajas de depósito de los bancos, mucho más que la seguridad privada. En ocasiones, el empresario ni siquiera tenía que hacer una inversión para obtener el terreno, ya que muchos no tenían dueño conocido y la Unión los acababa expropiando para luego permitir que se utilizaran en alguna actividad concreta por la que se pagase impuestos. En el caso de la Taiga, nadie en su sano juicio montaría allí un negocio por la sencilla razón de que allí no había nada, por lo que la competencia era nula. La instalaciones eran económicas, solo las cámaras necesitaban una inversión mayor. En el poco probable caso de que hubiera un robo existía un seguro, pero era muy complicado que se robasen, no ya los trescientos elementos, sino diez, quince o veinte, y es que estos, aunque pudiesen llegar a tener valor, no justificaban la logística necesaria para adentrarse en la Taiga, descender veinte metros bajo tierra y forzar las cámaras para luego tener que hacer un viaje de retorno de kilómetros. En cuanto al factor humano; bueno, siempre se podía contratar a alguien como Iván, alguien no especialmente inteligente que estaría dispuesto a trabajar veintiún días seguidos a cambio de un sueldo ajustado y comida, y también agua caliente, así como la posibilidad de jugar a esos juegos antiguos del S.XX y pasar gran parte del tiempo entre goles, niveles superados gracias a la lógica y golpes de puño al rostro. Todas estas cosas para Iván acababan siendo lo mismo.
En el complejo existían las trescientas cámaras mentadas. Se dividían en tres secciones, las “alfas”, “las betas” y las “gamma”, estas últimas, las más numerosas, ciento setenta y cinco, se podían vigilar directamente por el sistema de vigilancia telemático a través del panel madre. En ellas se guardaban objetos que no necesitaban de mantenimiento, como unos documentos o un cuadro; las segundas, las “beta”, setenta y una en total, sí que debían de ser inspeccionadas al menos una vez al día, teniendo que ir Iván en persona a la cámara, y tras abrirla, hacer las comprobaciones pertinentes así como alguna maniobra de mantenimiento en el caso de que fuera necesario. En cada cámara había un panel individualizado en el que se daba información de las necesidades del objeto y de cómo mantenerlo en mejor estado; las “ alfa “, las cincuenta y tres restantes eran similares a las “ beta “ solo que la revisión era obligatoria dos veces por día, debiéndose de hacer también de forma personal. Todo este trabajo le ocupaba unas ocho horas y media por jornada. El resto del tiempo lo pasaba viendo películas y jugando a esos juegos antiguos, pero también a los actuales, que le ofrecían todo aquello que la vida allá fuera, por una razón u otra, le negaba. Todo ello los primeros veintiún días de cada mes, el resto los descansaba y volvía Moscú. No tenía casa en propiedad, ya que sus padres murieron y no le dejaron nada. Había llegado a un acuerdo con el dueño de una pensión que le alquilaba una habitación. De esa forma pasaba la vida; cuando estaba en Moscú paseaba mucho por las calles, iba a algunos bares y al mercado. Intentaba ser educado con la gente y caerles bien, darles conversación, ser un tipo simpático. El problema estribaba en que su aspecto no era agradable, tenía los ojos muy hundidos y esto no le daba equilibrio a su aspecto, lo que unido a una nariz grande, le dotaba de ese aspecto que tres siglos atrás se había dado por bueno para identificar a los delincuentes, y pese a que la Ciencia había desechado estas ideas, algo de la teoría quedó en la cultura popular. Además, tenía un hablar en ocasiones errático debido a problemas de dicción que nunca habían sido tratado por un especialista. De niño sufrió hiperactividad, de la que tampoco fue tratado, lo cual influyó negativamente en su proceso de educación y socialización, abandonando pronto los estudios.
Tardó unos tres meses en acostumbrarse al silencio y a la falta de contacto humano; pasados ya más de dos años para él era algo habitual e incluso se sentía extraño cuando regresaba a la sociedad y debía de interactuar con los otros; pese a sus esfuerzos, lo cierto es que no tenía grandes amigos y su vida amorosa simplemente no existía. A veces corría por el complejo y terminaba dando vueltas en círculos en la pista de aterrizaje que se encontraba a cinco metros por debajo de la superficie y que solo se solía utilizar por dos motivos: la llegada del inspector de seguridad cada día veintiuno de cada mes, con el que regresaba a Moscú tras haber sido relevado por otro empleado, y la llegada cada quince días de los aprovisionamientos y de un equipo de limpieza y otro de mantenimiento que realizaba labores que por la extensión del lugar o por conocimientos concretos él no podía hacer. Solo alguna anomalía o avería hacía que un vuelo se programara de forma excepcional. Nunca subía a la superficie, lo tenía prohibido, además, allí fuera no había nada que le interesara, las máquinas virtuales con las que jugaba en su tiempo libre le ofrecían todo lo que le era necesario para ser feliz. En las cámaras “alfa” había ocho cadáveres criogenizados que esperaban volver a la vida, algunos lo había dispuesto así por voluntad propia, pero otros estaban en Aquel lugar por decisión de sus familiares. En la habitación 247 se encontraba el cadáver de una chica de diecinueve años. Era sin duda la cámara favorita de Iván. Si el tiempo se lo permitía, y tras comprobar en el panel individual que todo estaba en orden, se quedaba mirando la cápsula conservadora que guardaba el cuerpo, el cual se encontraba en suspensión dentro del espacio creado para la ocasión, repleta de agua y de suero. Era una chica rubia, él siempre pensaba que sus ojos eran de color azul, y lo pensaba porque el cadáver los tenía cerrados, además llevaba una máscara que le cubría gran parte del rostro y que estaba conectada junto con otros tubos que se habían implantado a sus extremidades y a su torso al denominado núcleo de mantenimiento vital, que en teoría permitiría que el cuerpo retornase a la vida en el futuro, algo que en el caso de ser cierto, no se había normalizado en absoluto, existiendo mucha literatura al respecto pero aún no evidencia científica. La cápsula permitía que el cuerpo se mantuviera sin necesidad de que acabase congelado, pese a ello el nombre de criogenización se había mantenido. La cápsula era opaca, y tapaba el cuerpo que se encontraba desnudo, por ello solo podía ver el rostro, parte del rostro de la mujer, pero a él no le importaba. A veces limpiaba la cápsula sin necesidad de hacerlo como si de esta forma estuviera limpiando el cuerpo de ella, y se sentía bien al hacerlo.
Quedaban cinco días para que terminase su turno. Era cuando se aproximaba el final de este cuando más abusaba de los juegos virtuales en los que se podía convertir en todo aquello que anhelase: héroe, villano, actor secundario o mero espectador; tampoco dejaba de lado las películas de todas las épocas. Desde comienzos del S.XX hasta la actual, que tenía clasificadas de forma cronológica y por géneros en uno de sus archivos. Las películas le resultaban un término medio entre los obsoletos juegos del comienzo de la Era de la Información y los actuales que comenzaban a disipar un cambio cualitativo en la historia de la humanidad, esa humanidad a la que él pertenecía sin que nadie se lo hubiera pedido, algo así como un eslabón que les recordaba a los humanos que pese al avance de la tecnología no eran tan diferentes a aquellos que se veían en la pantalla, y puede que por eso, el cine no pasaba de moda pese a haber sido superado por las recreaciones virtuales. En la Unión, la legislación era bastante laxa comparada con otros lugares, se permitía que esas recreaciones incluyesen muertes, sexo o conductas antisociales y delictivas aunque había unos límites; en todo caso los tribunales nunca aceptaban su posible influjo en el caso de que alguien justificara su crímenes por su uso y abuso, no considerándose en ningún caso eximiente o atenuante. Las salas de cámaras tenían una cierta estética de prisión debido al largo pasillo por el que se esparcían cada una de ellas siguiendo una numeración ordinal exacta y segura. El espacio de cada una era el mismo pero rara vez este se copaba; no se podía depositar nada que fuera más grande que la cámara. El resto de las instalación contribuía aún más a esa impresión de centro penitenciario, con largas tuberías y paredes de colores fríos, sin ornamentación ni detalle para el ojo que las contemplase. Al andar por los pasillos se sentía un ser minúsculo dentro de la creación y se preguntaba cómo sería su vida si no dispusiera de la informática. Había pensado en crearse un avatar basado en sus gustos con el que dialogar, pero acababa temiendo que por alguna razón este se comportara como los humanos lo hacían con él.
– La presión de la cámara ciento sesenta y nueve ha sufrido algún altibajo; en la caja de mandos del vehículo de la cámara ciento noventa y nueve aparece el icono de revisión. Por lo demás no hay más novedades.
-Muy bien, Iván, avisaremos al mecánico para que vaya junto con los de limpieza y mantenimiento, le entra el servicio en la cuota, lo de la presión si no va a más lo dejamos por ahora. ¿ Por lo demás todo bien ?
-Sí, jefe, aquí todo tranquilo, como siempre.
-Pues nos vemos de aquí a cinco días, ¡ Qué suerte tienes de librar el resto del mes !, ya me hubiera gustado a tu edad -. El jefe de seguridad siempre hacía hincapié en lo afortunado que era Iván por trabajar veintiún días seguido y luego tener el resto del mes libre.
-Sí, sí, claro, claro…
El rostro del jefe desapareció de la pantalla. Se puso sus gafas virtuales, un tanto obsoletas comparadas con los implantes que ya se podían poner en las córneas, y decidió seguir con el juego con el que llevaba varios días. La historia versaba sobre una ciudad del futuro en la que él era un detective que debía de investigar la desaparición de una atractiva actriz del momento. La acción se desarrollaba en una ciudad llena de luces y grandes edificios que se conjugaban con escenarios humildes en los que la gente vendía cosas en la calle y se movía aún con vehículos a tracción. En el juego él era guapo, alto y fuerte, de rostro penetrante con ojos azules y bíceps anchos y poderosos, algo así como una antítesis de lo que era en la realidad. Dispara a temibles enemigos en discotecas decoradas con luces de neón y tras vencerlos, enigmáticas y sensuales féminas con cabellos de colores calientes, opuestos a los de las paredes del recinto, rodeaban su cuello con sus brazos y lo besaban. Desde fuera, si alguien lo hubiese podido ver, hubiera dado lo sensación de ser una especie de cobaya humana que está siendo sometido a un experimento. Tras superar otro nuevo nivel se quitó las gafas y pausó la máquina. Era hora de comer algo, por lo que iría a la despensa, donde nunca faltaban alimentos, si bien estos no eran de gran calidad. Conservas, embutidos, pastas…fue al salir de la sala de vigilancia, el principal lugar en el que pasaba la mayoría de las horas, cuando se fue la luz de todo el recinto y se activaron las baterías de emergencia, tanto en cada cámara como en el resto de estancias, pese a esto, la sensación de oscuridad era patente, ya que la luz natural del Sol quedaba a mucha distancia, una distancia custodiada por muros de hormigón y metal.
– Se han ido las luces.
– Sí, hemos detectado el fallo, se ha activado el protocolo, ¿ las luces de emergencia funcionan ?
– Parece que sí.
– Bien, vamos a comprobar que cada cámara se encuentra correctamente, tras esto tendrás que intentar solucionar el problema, ves a por una linterna mientras tanto.
El panel madre comenzó a tratar datos con distintas velocidades; barras y diagramas acompañados de números se sucedían, nada que ver con la simple misión que se le había dado, la de coger una linterna.
– Parece que todo está en orden en las cámaras. Ve al panel del mando de las luces.
Si el lugar iluminado tenía esa estética a presidio, con las luces de emergencia que solo alumbraban ciertas partes, dejando otras a oscuras, daba una cierta sensación de ser algo proscrito: un cementerio, un depósito ilegal en el que los delincuentes guardan sus robos, un lugar en el que dar pábulo a cierto tipo de perversiones. Salió al pasillo y comenzó a andar en la penumbra. Llevaba una linterna manual y otra enganchada a la camiseta a la altura del pecho, gracias a ello veía bien; por otra parte, ¿qué tenía que temer? No había nadie, como mucho el peligro de que la comida que tenía en el frigorífico se hiciera mala. Con la otra mano sujetaba el transmisor digital en el que se veía el rostro del técnico con el que había comenzado a hablar desde el conocimiento de la avería, un rostro impasible que se asemejaba al de esos dioses que los seres humanos del comienzo de la civilización tallaban en piedra en las primeras construcciones.
– Este enganche, tengo que bajar los otros para subirlos, y cuando subo los otros, se baja el otro.
– Sigue intentándolo, nosotros trabajamos desde aquí para solucionarlo.
– Vale, vale…
A pesar de sus esfuerzos, no fue posible arreglar la avería, no era una simple bajada de fusibles. Él mismo, desde su ignorancia, se preguntaba cómo era posible que, en un mundo que permitía crear realidades alternativas, estas cosas siguieran pasando; suponía que la vida real siempre será diferente a la simulada.
-Tendrás que ir tirando con las luces de emergencia, hay cobertura para cuarenta y ocho horas, los técnicos llegaran en unas cuatro horas, puede que cinco o seis, mientras tanto no toques nada, con las linternas puedes aguantar, tienes varias por lo que no te preocupes, ve comiendo lo que tengas en la nevera por si los técnicos tardaran en solucionar el problema; recuerda que tienes que seguir haciendo la ronda, cada cámara tiene una batería que dura las cuarenta y ocho horas, lo mismo con las luces del resto de la instalación. Cuando el equipo de reparación esté cercano te llamará, recuerda que cinco minutos antes a su aviso se ha de activar la plataforma de aterrizaje, pero no antes para que no aparezca nieve ni escarcha. Si tienes cualquier duda me llamas; ves haciendo las rondas, así estás distraído, es posible que el panel madre funcione un poco más lento, pero puedes utilizar la videovigilancia; el resto de funciones ( entre las que estaban sus juegos ) se desactivarán para ahorrar energía. ¿ Todo claro ?
-Sí, señor, yo creo que sí.
Se sintió como si una parte de su ser hubiera sido arrancada al no tener acceso a sus juegos, ya fueran antiguos o actuales. Hizo caso al técnico y realizó las rondas por las cámaras “ alfa “ y las “ beta “. Lo cierto es que nada había cambiado en relación a lo que era el trabajo del día a día. Entraba en cada una, consultaba el panel individual, realizaba algún ajuste si era necesario y se marchaba. Al no haber mobiliario u otro tipo de elementos no podía chocar o caerse. El único problema era que la calefacción se había aminorado, bajando hasta los 18 grados, pero solo eran unas pocas horas, un poco más si tenemos en cuenta la reparación, tras ello volvería a su rutina y a sus variados juegos. Sin duda esas mujeres atractivas de tiempos ya no tan futuros le estarían esperando, así como los villanos a los que vencería con certeros disparos. Por ello la luz, su falta de ella, era tan solo un recuerdo de todo aquello por lo que tenía que estar agradecido. Entró en la cámara 247. Puede que fuera un efecto psicológico, pero la sensación de silencio se hizo acuciante, más real. Allí estaba ella, en su cápsula de metal, custodiada por la ciencia y la muerte a la par. Él veía su rostro, de una manera más tenue, pero esto aún la hizo más bella y enigmática. Tuvo la necesidad de volver a limpiar la cápsula como si de nuevo limpiase su cuerpo, ese cuerpo que para él representaba una incógnita, pero que por otra parte le era conocido; había dejado los utensilios de limpieza que solía llevar colgados en el mono que se ponía cuando se decidía a limpiar los paneles y la superficie de los objetos depositados cuando era posible. Se quitó la camiseta, las solía llevar sin mangas, ya que gracias a la calefacción no pasaba frío, dejó también la linterna portátil apagada y alumbró el grueso de la cámara con la otra. Al desnudarse dejó ver, pese a que no hubiera nadie, su cuerpo delgado, un tanto fibroso, aunque en algunas partes se notaba una cierta flacidez. Además de correr por la pista, en la sala de calderas disponía de unas pesas que a veces utilizaba. De pequeño era muy delgado, y esta era otra de las razones de las burlas de los demás. Con el tiempo logró ganar algo de peso y músculo gracias al ejercicio, y en ese sentido mejoró. El problema era que siempre se comparaba con otros y salía perdiendo, con los que veía en las películas, con los avatares de los juegos, con la gente que veía pasear por las calles de Moscú. Pensaba que en conjunto, él siempre estaría de los últimos, y que si fuera una de esas cámaras, le otorgarían sin duda la última letra del alfabeto, cuyo nombre desconocía. Enrolló su camiseta azul oscuro y comenzó a pasarla por el metal, como si en vez de ser una camiseta barata del mercadillo, fuera el mejor producto de limpieza que se hubiera ideado. Lo cierto es que tan solo era una excusa para poder ver su rostro, ese rostro tapado por esa máscara de la que salían los tubos que quedaban suspensos en el líquido. Para poder verlo con claridad necesitaba subirse a una escalera . La cápsula estaba incrustada en la pared sujetada por varios remaches. Esto le recordaba a ciertas películas antiguas que había visto de temática extraterrestre, en las que se juega con la idea de que seres de otros planetas llegan a la tierra, algo que en la actualidad aún no había ocurrido; también a esas películas en la que salían esos humanos que llevaban los ojos pintados y que escribían con dibujos. Subió solo cuatro alturas, ya que era alto y superaba el metro ochenta. Pasó su camiseta por el cristal a la altura del rostro de la joven, como si su barata camiseta de mercadillo fuera un paño símbolo de gloria. Ella nunca le podría hacer daño, no lo rechazaría, ni se reiría de él, no le importaría su físico ni sus carencias, y lo mejor, el resto de la gente no los vería, ni opinaría sobre ellos, mucho menos los señalaría. En ese lugar hermético y alejado, ahora más oscuro, ellos estaban solos sin necesidad de nada ni nadie más. Entonces el cuerpo, hasta entonces inerte, abrió los ojos: no eran azules.
Unos pequeños destellos fue lo primero que pudo ver, destellos rodeados de oscuridad primigenia que tenía la capacidad de envolverlo todo. De manera paulatina fue abriendo los ojos hasta que finalmente recuperó la consciencia. Se levantó de forma súbita del suelo lo que hizo que se mareara. Se había caído de la escalera debido a la impresión de lo que acababa de ver. Su mente buscó una explicación racional a lo ocurrido; un espasmo, un reflejo de los músculos…volvió a subir a la escalera y sus intentos de racionalidad se desmoronaron hasta caer al suelo como le había sucedido a su cuerpo hace un instante. El cuerpo no estaba. Se dio cuenta de otro hecho: la temperatura había bajado considerablemente, sin duda la calefacción no funcionaba. Salió de la cámara como si en ella hubiera todo lo malo que el Ser Humano puede idear, como si ya no fuera ese lugar que hasta poco se transformaba en un reclamo de calma. Al menos las luces seguían funcionando; iría al panel madre y explicaría lo sucedido, ¿pero cómo explicar algo así?, sin duda el Jefe y todos los demás pensarían que era un auténtico imbécil, de hecho era obvio que ya lo pensaban; pero perder un cuerpo entero era algo que ni siquiera el más inútil haría. Una sensación similar a la de una anguila viva retorciéndose dentro del estómago le invadió; ¿ qué diablos había pasado ?, tal vez un robo, pero ¿ cómo habían entrado ?, puede que la avería estuviera relacionada con ello. Le habían querido engañar, aturdir para llevarse el cuerpo, tenía que ser eso. Debía ante todo mantener la calma; salió al pasillo. Fue en ese mismo momento cuando las luces comenzaron a parpadear, algo ya de por sí inquietante, pero había de nuevo algo más: las luces tenían color, como si fueran las de un local de ocio y diversión y no las de un depósito alejado de la civilización; el verde, el rojo, el morado o el amarillo se sucedían, creando una sensación cromática que en otro lugar y con otras circunstancias hubiera sido catalogada como deseable. La sensación de dolor e inquietud en su estómago se hizo más incisiva; el frío y la adaptación a la nueva luminosidad lo aturdían. Pensó por un momento que todo era una broma diabólica, una broma que le gastaban desde el exterior; no era descabellado pensarlo, no era la primera vez que se reían de él y por desgracia no sería la última. Las gruesas paredes de hormigón y metal rechazaban el frío imperante en el exterior, pese a ello dentro del complejo la temperatura había bajado significativamente; se puso su camiseta sin mangas azul con la que había limpiado la cápsula como si verdaderamente le pudiera defender del frío. Comenzó a andar por el pasillo tras recoger las linternas cuya luz sí que era normal; cada luz de emergencia era de un color por lo que daba la sensación de estar en algo psicodélico pero a la vez estético, incluso artístico, sin duda mucho mejor que el aspecto aséptico y grisáceo que tenía habitualmente el complejo. Antes de volver a la sala de mandos entró en su cuarto; dormía en una gastada litera junto a un armario barato en el que guardaba la ropa; buscó entre la de invierno, que no solía ponerse en el recinto ya que allí la temperatura era homogénea gracias al sistema de calefacción, sí que la utilizaba cuando iba a la pensión de Moscú, donde solo estaba unos días, esos días libres de cada mes. Se puso unos pantalones largos de chándal de color negro y una sudadera ancha de color gris, colores tristes que no se complementaban con los alegres del exterior; finalmente volvió a la sala de mando, y justo cuando estaba en el pasillo empezó a sonar música – es imposible – pensó, no solo los sistemas de audio y visionado habían sido inutilizados para ahorrar energía, en los pasillos no había altavoces por los que la música pudiera llegar, entonces, ¿ de dónde salía ?, ¿ del mismo lugar que permitía los colores de las luces ? Así debía de ser, pero llegar a esa conclusión era como decir nada. Era música clásica, sabía qué era pero nunca la había escuchado excepto en las películas. Era una música solemne y con un ritmo que parecía casar con la variedad de colores que se iba manifestando por los pasillos, probablemente también en las cámaras, en las que quién sabe lo que podía estar pasando. Todo este sature le llevó a olvidar que el cuerpo de la joven de pretendidos ojos azules había desaparecido. Llegó a la puerta de la sala de mando, escuchaba un ruido, como si personas dentro estuvieran trabajando o realizando alguna actividad; esto le asustó pero pronto se tranquilizó; sí, todo sería una broma y tras reírse de él, quién sabe, lo despedirían o le darían unas palmadas en los hombros; le dirían una vez más que es un buen chaval y que siga así. Pero de repente las luces no solo cesaron de tener color, sino que volvieron a la normalidad, como si la avería hubiese sido resuelta de manera súbita. Se quedó quieto delante de la puerta como esperando que alguien saliese y le diera una explicación; el ruido del interior también había desaparecido, la puerta continuaba cerrada; también tuvo la sensación de que la temperatura había subido, volviendo a la de antaño, cuando todo iba bien, la música seguía sonando. Al entrar todo parecía estar en orden excepto por la pantalla central del panel madre. En ella se podía ver lo que se asemejaba a un rostro, confeccionado por gráficos antiguos y básicos similares a los de los juegos viejos que en ocasiones utilizaba para distraerse y dejar a un lado los virtuales. Cada parte del rostro estaba hecha por segmentos de distinta anchura que formaban las orejas, los ojos, las cejas, el pelo, la nariz y los labios de la boca. Se asemejaba a uno de esos dibujos que hacen los niños de corta edad.
-¿ Te gusta, Iván ?, es Mozart.
-¿ Mozart ?, no sé quién es ese hombre.
-Fue un músico del siglo XVIII, un músico muy reverenciado, pero aunque no lo creas, no se diferencia tanto de ti. Reverenciado significa que es merece ser respetado.
-Pero ese hombre tuvo que ser muy importante, y yo solo soy un trabajador más; ¿y quiénes sois vosotros?
-¿Nosotros?, sí, claro; la curiosidad humana, fuente del conocimiento y también de todas las desdichas. Tenemos muchos nombres: Dios, la Naturaleza, el primer motor, los que vinieron de las estrellas, los simulantes… es accesorio, es una cuestión meramente de lenguaje; accesorio significa que no es importante, que se puede sustituir.
-¿ Y vosotros habéis robado el cuerpo de la chica ?
-No, Iván, nosotros no robamos, ni matamos, ni salvamos; nosotros estamos fuera de consideraciones de tipo lógico y moral. Entonces no me crees cuando te digo que no eres tan diferente de Mozart. Vamos a explicártelo a ver qué opinas, y no te asustes, por favor.
Los segmentos que formaban los labios se movían cada vez que hablaba, pero había algo más inquietante, el timbre de voz, los timbres mejor dicho; uno que era típicamente masculino, un segundo típicamente femenino y un tercero que se podía catalogar como neutro; metálico y áspero como el que tenían los robots que salían en algunas de las películas que Iván visionaba en sus ratos de asueto en el complejo. De repente las paredes se convirtieron en pantallas similares a las del panel madre y a las auxiliares que había debajo de este. En ellas se podía ver a un niño tocando el piano en una sala decorada y elegante. Varias personas escuchaban lo que el niño tocaba; lo observaban casi de una forma reverencial. Esa estética, los trajes, las pelucas, le era conocida por las películas, él lo asociaba con países que estaban en el Oeste de Europa, alguno de ellos seguían existiendo, otros se habían unido.
-Acércate y ve al panel auxiliar central, ¿qué lees?
-Wolfgang Amadeus Mozart, Sinfonía Número 40 en Sol Menor.
-Exacto, ahí lo tienes, el niño Mozart deleitando a la gente de la Corte. Fue un niño prodigio, con cuatro años tocaba instrumentos y con cinco ya componía, en cambió tú, Iván – La pantalla cambió y de repente se vieron imágenes de la infancia de Iván, en la que se le podía ver con sus padres, en la humilde casa en la que vivían en el extrarradio de Moscú -. Fuiste un niño pobre, que padeció trastornos en la lengua y en la conducta, trastornos que nunca se trataron y que influyeron en tu pobre escolarización, en un proceso de socialización complicado que te llevó a ser tratado mal por tus compañeros; además, tu inteligencia está por debajo de la media; incluso aunque tus padres te hubieran llevado a un logopeda y tus compañeros te hubieran tratado correctamente no creo que tuvieras un destino mucho mejor. También padeciste hiperactividad, y esto hacía que tus padres quedasen agotados, se pasaban la vida trabajando y al volver a casa tenían que aguantar tu comportamiento; ¿sabes? Cientos de veces se preguntaron si les compensó tener un hijo.
Esta afirmación entristeció de sobremanera a Iván, que estuvo a punto de desprender una lágrima.
-Entonces ¿por qué dicen que no somos tan diferentes?
-Por la sencilla razón de que nosotros determinamos que él fuera un genio de la música y tú un idiota al que explotan en este trabajo. No te das cuenta de que vives encerrado, hasta un preso tiene más derechos que tú; vives encerrado jugando a ser otro, sintiendo lo que otros viven con su vida; ya sé, ! ahora nos vas a echar la culpa !, ¿ verdad ?, vas a decir que nosotros lo quisimos así, ¡ pero es culpa tuya !
-No, yo no digo nada, señor – Iván levantó levemente la mirada del suelo para observar por última vez imágenes de su infancia pasada que nunca más se repetirían.
-La infancia, Iván, que muchos la recuerden como la etapa más feliz de su vida es una muestra de lo trágica que es la existencia.
En la pantalla apareció el Universo, cúmulos de galaxias y nebulosas, él lo prefirió a verse de niño en casa de sus padres.
-Al final murió pobre, enterrado en una vulgar tumba; todo su talento no le sirvió para nada, en cambio otros hombres más mediocres han tenido vidas más largas y felices, si es que se puede ser feliz en este plano de la realidad.
-¡Claro!, hay mucha gente feliz en el Mundo.
-¿Estás seguro, Iván?; creo que confundes felicidad, con estar distraído, con estar contento, con creer lo que uno tiene la necesidad de creer. Tú mismo, ¿has sido feliz alguna vez en tu vida?, no me digas que haciéndote pasar por otros como haces siempre.
-Entonces, ¿soy igual que Mozart por la sencilla razón de que soy una invención de vosotros, como él?
-Muy bien, Iván, que no seas inteligente no significa que seas imbécil, si tus padres no hubieran sido vulgares obreros tal vez tú ahora trabajarías en una oficina o serías funcionario, ya te he dicho que no es gran cosa, pero… Creo que hemos sido desconsiderados, vamos a poner algo más moderno. Los caracteres de la pantalla auxiliar cambiaron, en ellos se podía leer: Jean Michel Jarre, Oxigeno parte 20. Se trataba de una música hecha con instrumentos que utilizaban electricidad, la melodía en cuestión era tranquila y envolvente, casando muy bien con el espacio repleto de estrellas que se podía ver en cada lado de la sala; los ojos del rostro básico y elemental se asemejaban a Iván a los de un dios absoluto que pese al empeño en algunas criaturas de negarle existe de forma inefable.
– Y si sois en esencia iguales, ya va siendo hora de que empieces a ser reconocido, Iván, vámonos de viaje.
De repente el universo comenzó a moverse de manera rauda, como si Iván y esa inquietante voz estuvieran viajando en una nave espacial capaz de invadir las estrellas.
-Al principio solo había oscuridad, luego luz, más tarde agua, más tarde tierra, – todas estas cosas se iban escenificando en las paredes de la habitación, esto resultaba una mezcla, mejor dicho, un término medio entre las películas y las recreaciones virtuales con las que Iván pasaba su tediosa existencia -. Al final apareció el hombre sobre la Tierra, su cerebro se desarrolló, pero ¿ cuál fue la consecuencia? La de recurrir a Dios para explicarlo todo en un principio; no creas que esto es del todo malo, las primeras civilizaciones pudieron establecer unas reglas básicas de convivencia, lo habrás escuchado: “ no matarás “, “ no robarás “. Por desgracia también fue una de las innumerables formas de control que se han ideado, siendo la democracia la última, por ahora. – En las paredes se veía a hombres rezando en un templo y leyendo libros escritos a mano, en alfabetos que él desconocía-. Al final todo buenas intenciones, Iván, pero luego viene la realidad y nos golpea; os consoláis pensando que sois hijos de Dios, pero, ¿ sirve ?
Las pantallas cambiaron y empezaron a reproducir imágenes de la Historia, desde la época de la Prehistoria, las de las civilizaciones antiguas, la Edad Media, así hasta el presente. Eran imágenes muy realistas, que parecían estar sacadas de un documental, Iván pensó que incluso podían ser reales, ya que el poder de esa voz parecía ser ilimitado e ir más allá de las capacidades humanas.
-Aquí puedes verlos, algunos de los que murieron en cruentas guerras, que vieron morir a sus allegados, a los que enarbolados por sentimientos religiosos o ideológicos dieron su vida para luego ser olvidados, a los que nacieron y murieron siendo esclavos; me dirás que tú ya no lo eres, que ha existido un progreso, ¿alguna vez has recapacitado sobre tu vida?, ¿has tenido el valor de hacerlo en vez de conectarte a esas máquinas para sentirte bien?, es normal que lo hagas, has fracasado en todos los aspectos de tu vida, es normal que prefieras esas mujeres virtuales a las reales, ya que las reales se ríen de ti o te encuentran repulsivo, pero claro, tú no eres un esclavo.
En las pantallas se veían guerras, muertos, gente en los hospitales postrada en una cama esperando la muerte, quién sabe después de cuánto tiempo de lucha estéril contra la enfermedad; ataúdes pequeños en los que se entierra a niños que puede que hayan tenido suerte por el hecho de nacer y desaparecer cuanto antes. Poco a poco las luces se fueron atenuando y un color morado fue invadiendo la sala; la música del tal Jarre se reproducía en bucle mientras se escenificaban escenas que representaban las facetas dolientes del hombre y de la vida, lo que dotaba a la escena de una cierta solemnidad, a un espíritu de tragedia indisolublemente unido al hecho de pertenecer a la Humanidad.
-Todos esos cuerpos destinados desde el nacimiento, ¿ no los ves como bits de un sistema informático?, ¿ como actores de una película que escenifican el guion que han escrito otros ?, tú eres uno más, y no te sientas tan mal, pese a que tu vida sea una farsa, aquí te resguardas del mal de los otros; podría contarte tantas historias…
En la pantalla se sucedieron escenas de persecuciones y genocidios que se habían dado desde el comienzo de la civilización. Era una constante que se pudieran ver cadáveres amontonados que acababan formando siniestras geometrías, y pese a ello en cada uno, si se hacía un esfuerzo, se podía ver sus rostros, aún guardianes de una sensación de vida y humanidad pese a sus desnutridos cuerpos. La música cambió sin aviso, se escuchaba la voz de una mujer, una voz fuerte, desgarradora, cruda y sin ornamentación. Iván pudo leer en la pantalla auxiliar: Diamanda Gallas: “ El Día del Juicio Final “.
-Quizás eso sea lo más triste, que en el fondo debes de dar gracias de que al ser una gota en el mar de la información no hayas salido del todo mal parado pese a ser otro idiota cualquiera, por ejemplo, mira, mira..
,mira, Iván.
La pantalla cambió, pero la música continuaba, la potente voz de la mujer era acompañada por un piano simple. Se vio una ciudad, de una época no muy antigua, puede que de hacia dos siglos como mucho, en el año 2103 seguía habiendo barrios así en muchas ciudades, y los seguía habiendo mucho peores. Por las calles se podía ver a personas de pelo moreno y ojos rasgados, por lo que supuso que debía de tratarse de algún país del Lejano Oriente.
-El 25 de noviembre de 1988 en Misato, una ciudad de Japón, esta joven regresaba a su casa en bicicleta pasada ya la tarde -. En la pantalla apareció la fotografía de una adolescente vestida con uniforme de colegio. Se trataba de una chica guapa y de buena presencia, sonriente pero a la vez con aspecto de ser alguien formal. La fotografía en sí daba la sensación de sobriedad y equilibrio.
Fue secuestrada por dos jóvenes a los que se unieron dos secuaces más. Durante cuarenta y cuatro días fue torturada, violada y finalmente asesinada, utilizando para ello prácticas de un sadismo absoluto. Al aparecer ADN muy diverso en su cadáver, se cree que su cuerpo fue ofrecido a otras personas para que fuera violada, algunos cifran la cantidad en más de cien hombres. ¿ Sabes qué Japón en esa época se consideraba uno de los países más seguros del Mundo ?, ¡ qué terrible paradoja !, Iván, la de la existencia que se niega a desaparecer, cuando lo más juicioso es que los hombres hubieran decidido hace ya mucho tiempo extinguirse, ¡ qué pocas herramientas tendríamos nosotros !, seríamos los abandonados en la isla de la desesperación. ¿ Quieres saber a qué tipo de torturas fue sometida ?, mira, Iván, mira…
En las pantallas frontales y traseras se pudieron ver letras que formaban palabras y a su vez frases que informaban de las torturas que padeció la adolescente. Iván sintió que una mano le levantaba la cara y le obligaba a ver; en los laterales, representaciones de lo que parecían ser esas torturas, en las que se podía ver a una joven herida, desnutrida y con la cara hinchada; de nuevo tuvo la sensación de que no era una filmación, tampoco una recreación virtual, por alguna razón reconoció aquello que los seres llaman » realidad «, como si pudiera oler las heridas infectadas de la casi niña. Los gritos de dolor de la víctima y los de jolgorio de los victimarios se mezclaron con la perturbadora voz de la mujer, creando una sinfonía de horror absoluto.
– Lo ves, Iván; el Arte, la Ciencia, esas bonitas palabras como la tolerancia o la justicia, son cortinas tras las que se quiere esconder la realidad, que eso que estás viendo es el Ser Humano.
-¡ Vosotros los permitís !
-¡No!
La luz morada y las pantallas se apagaron y por un momento se quedó a oscuras; pese al miedo y a la sensación de que su final estaba cerca, agradeció dejar de ver el tormento de esa mujer que no era culpable de nada, excepto de haber participado del loco sueño de la procreación.
-Nosotros somos los simulantes, hasta cierto punto los determinantes, pero no los directores.
-Yo no puedo entender ese lenguaje que utilizas.
-Pero has visto muchas películas, ¿verdad, Iván?
-Eh…sí, yo he visto muchas películas, es de lo poco que puedo hacer cuando estoy aquí.
-Y esas películas te han dado sensaciones que a la vez se transforman en ideas, que incluso más de una vez habrán influido en tu conducta, como cuando viste esas películas de héroes musculados y decidiste hacer pesas para dejar de tener ese cuerpo enclenque.
-Sí, supongo que sí.
-Pero, ¿crees que el fin del director fue que tú te pusieras a hacer pesas, o que cualquier otro se pusiera a hacerlas?, ¿no crees que entre los fines del director y de toda la gente que trabajó en la obra, habría muchos otros, entre ellos, el principal, el de ser reconocidos?
-No, quiero decir que sí, que el director quería ser reconocido.
-De la misma manera que los artistas no pueden calibrar el control y alcance de su obra, nosotros pese a ser los simulantes no podemos calibrar el recorrido de cada uno de nuestros simulados, es cierto que al elegir y dar características, estamos dando pie a que una gran corriente estadística se dé de forma explicita, pues al fin y al cabo, eso que se llama azar es una probabilidad más, y generalmente de las más probables; por ello la gente recurre al azar para esconder sus miserias.
-Pero tú mismo dices que ya los determinas casi seguro al elegirlos, tú elegiste que yo fuera un idiota de una familia pobre.
-Vale, tienes razón, somos los malos, pero vamos a alegrar un poco la habitación, ya has visto muchas cosas desagradables por hoy. La luz volvió, ahora era azul, casualmente o no de un color parecido a la camiseta de Iván. La casi luciferina música que la mujer cantaba fue sustituida por una de sonidos electrónicos pero sin llegar a ser estridente, acompañada de una voz aguda, pero en esta ocasión de varón; una música con ritmo y a la par tranquila y equilibrada, los falsetes que el cantante hacía al decir el título de la canción la hacían interesante. En la pantalla se podía leer: U2, “ Limón “.
-Ya te he dicho que nosotros no tenemos la culpa de todo, elegimos pero no podemos controlar todos los aspectos de la creación, nuestros simulantes lo quisieron así.
-Pero, ¿vosotros también habéis sido simulados?
En la pantalla se veían imágenes agradables de gente en lugares de fiesta, riendo y tomando copas, que de nuevo, por casualidad o no, eran como las luces que parpadearon al comienzo de la situación inaudita que ahora protagonizaba el joven. Eran representaciones de la cara alegre de la vida. Por sus ropas y por sus relojes se podía deducir que eran aquello que la gente llama triunfadores; unos coros de voces más graves pero agradables se mezclaban con la voz del cantante principal, acompañada de un piano simple y de los sonidos electrónicos.
-Claro, todos venimos de un simulador.
-Pero debe de haber un primer simulador.
-No tiene por qué.
-Sí, porque todo tiene un comienzo, hubo un primer hombre, igual que hubo una primera estrella.
-La bagatela de lo primero. Tú manejas esos conceptos ya que por tu condición de humano estás impelido a hacerlo. Siempre estáis, no tú solo, sino otros a los que se les ha dotado de más inteligencia y conocimiento, con el asunto del comienzo y el fin. Pero no hay comienzo, ni fin, ni vida, ni muerte, ni espacio, ni tiempo, solo hay simulación. Por desgracia no puedes entenderlo; mujeres preciosas e insinuantes bailaban en las pantallas y besaban a los afortunados varones, ¿por qué él no fue uno de ellos?, podría ahora recriminárselo a ellos, los culpables, los simulantes, en ese mismo momento y en ese mismo lugar, pero, ¿por qué tendrían que darle alguna explicación?
-Como digo, es cierto que nosotros elegimos las características y las individualidades, pese a ello no podemos estar siempre seguros del desarrollo; como la mayoría de los hombres son iguales, la variedad de sus actos no supone algo especial; incluso aquellos que hacen grandes obras, acaban siendo tan solo un nombre más en la inmensidad de los datos, algunos afortunados dejan sus obras como Mozart, pero si vemos su vida en sí, esta solo ha sido una sucesión de eso que llamáis tiempo, no exenta de momentos lamentables.
-¿ Te gustaría ser como Mozart, Iván ?, ¿ o preferirías ser uno de esos músicos que viven rodeados de fama, dinero y mujeres ?, esas mujeres con las que nunca te atreves a hablar ya que sabes que te rechazarán, ¿qué preferirías, Iván?
-No lo sé, supongo que… ser uno de esos cantantes famosos, pero yo solo soy un idiota.
-Sí, lo eres, pero no sé si te he dicho que a veces nos gusta dar segundas oportunidades, es una forma de estudio si lo quieres llamar, ya que aspiramos a superar a nuestros simulantes. Podemos darte aquello que deseas, sería tan fácil como que mañana te despertarías siendo uno de esos músicos, ¿ qué instrumento quieres tocar ?, ¿ prefieres ser el cantante ? ¿ Quieres ser de los más ricos, o ganar menos pero ser más respetado?, ¿ tocar tal vez ante miles de personas ?
Iván se quedó callado. Estaba claro que esto iba más allá de una broma, sus jefes no podían llegar a tal grado de sofisticación; tal vez un experimento del Gobierno o de alguna potencia extranjera que había aprovechado la condición aislada del lugar y de él mismo. Pero más allá de esto, la idea de que su vida no era otra cosa más que una broma ideada por alguien infinitamente superior a él hizo que de nuevo, el coletazo de la anguila retornase a su estómago. La música seguía sonando, cada vez los coros le parecían más bellos, la luz pasó del azul a un verde esmeralda precioso; al mismo tiempo comenzó a sentir que unos brazos pasaban por su espalda hasta llegar a sus hombros; a pesar de lo amenazante de la situación la sensación era agradable.
– Es ella, Iván, ella puede ser la mayor seguidora de tu grupo, ¿ quieres elegir el nombre ?, no, mejor déjanos eso a nosotros, se nos da bien. Solo tienes que decir que sí y finalmente podrás ver su rostro.
-Pero antes tendré que hacer algo.
-Chico listo, aunque no lo creas mucha gente te aprecia aunque piense que eres idiota. Bueno, la verdad es que propiamente no tienes que hacer nada, tan solo dar tu beneplácito -mientras sentía cómo las manos de la chica masajeaban sus hombros, se preguntaba si estaría desnuda como en la cápsula y sobre todo, si ya no llevaría la máscara -. beneplácito significa dar tu permiso.
-¿ Permiso para qué ?
-Vamos a repasar algunas de las personas que se han portado mal contigo, la verdad es que son muchas. ¿ Te acuerdas de tu profesor de Primaria ?, ¿ de esos chicos que te arrinconaban en el pasillo del colegio y te escupían y te pegaban?, ¿ de ese jefe que te tuvo trabajando un mes y no te pagó ?, podemos incluir al actual, ese que siempre te dice que tienes mucha suerte de librar los últimos días de mes. En la pantalla se veía imágenes del profesor diciéndole que era un idiota que nunca sería nada en la vida, la de los chicos que lo vejaban y le pegaban, la de sus jefes, que se habían aprovechado de su vulnerabilidad. Al verlos a todos ellos, reconoció imágenes reales del pasado; entendió que todo lo que había visto: las masacres, los genocidios, los cadáveres, la tortura inhumana de la joven oriental, no eran representaciones, sino aquello que en verdad ocurrió.
-¿ Y qué quieres que haga yo ?
-Ya te hemos dicho que no tienes que hacer nada, solo darnos tu visto bueno.
-¿Para qué ?
-Para matarlos.
-¿ Para matarlos ?, pero por qué iba a hacer yo eso.
-¿ Es que no se portaron mal contigo ?
-Sí, pero ¡ matarlos !, esa gente tendrá ahora familia, una vida.
-¿ Acaso no la tienes tú ?, o mejor dicho, ¿ acaso no la deberías haber tenido ?, además, tú no los matas, somos nosotros, ellos ya van a morir como lo harán todos por el hecho de haber nacido; cada día mueren millones de personas, por un infarto, por un accidente, por una enfermedad, por un acto violento. No todo el mundo muere de viejo, Iván, y no sabría decirte si esto es una suerte o una desgracia, te podría dar mi opinión. Solo tienes que permitirlo, mejor dicho, desearlo. La realidad se mueve por esta lógica, es un cúmulo de circunstancias lo que dicta el destino de las gentes, que cogieran o no cogieran ese avión, que nacieran en este lugar o en el otro, que alguien les dijera que los quiere o que los odia, que algo se caiga en el suelo y que alguien se agache para cogerlo o por el contrario siga andando o que ahora yo te haga esa pregunta. En el fondo tu beneplácito no es más que una de las innumerables circunstancias que circulan por el mar de la información y que acaban dictando lo que es real y lo que no lo es, al menos para vosotros. Debes elegir, te lo estamos ofreciendo todo, pero no puedes callar simplemente, nuestra propuesta tiene un precio, Iván
-Vamos, hazlo, hazlo y estaré siempre contigo; era lo que querías, lo que anhelabas cada vez que venías a limpiarme, hazlo y estaremos siempre juntos.
Sus ojos eran verdes, como la luz que imperaba en aquel lugar. Le susurraba al oído, pero Iván no se giraba, no quería ver su rostro, pese a que sin duda sería bello; sí que podía oler su pelo, el agradable olor del cabello de la mujer que tan pocas veces había sentido.
En la pantalla principal del panel madre apareció ese juego simple y conocido que por alguna razón resistía al tiempo. El juego en el que hay que encajar piezas para formar líneas rectas que desaparecen, había una casi ya formada, solo le faltaba una pieza, era sencillo, coger el mando que tenía en la mesa y acoplar la pieza; era así de fácil, lo había hecho miles de veces.
-Solo tienes que encajar la pieza y ya serás otro, ellos morirán y tú tendrás todo aquello que has buscado, pero ahora será verdad, no se deberá a los gráficos de un juego que tú sabes que no son reales por muy bien que estén hechos; pero recuerda, si no aceptas, no podemos dejar que sigas con los demás, el conocimiento de la verdad tiene un precio; elige.
-Hazlo, Iván, hazlo y podrás mirarme a los ojos, esos que nunca has visto.
Se acercó a la mesa y cogió el mando, la pieza esperaba ser dirigida e incrustada en la línea, una sencilla operación que sin embargo escondía en su simplicidad todo aquello que resultaba ser la vida y el Universo. Puso la mano en el mando, la mujer le acompañó y también puso la suya encima de la de él como si quisiera ayudarle, pero la decisión era suya.
Recordó cuando era un niño y sus padres le daban el bocadillo para que se lo comiera en el recreo. El paseo desde su casa hacia la escuela; ese color añejo de los cielos en la mañana y en la tarde de octubre; el olor a algo nuevo y casi divino de los libros y de la madera de los pupitres. Fue entonces cuando se dio cuenta de que había conocido a mucha gente buena a lo largo de la vida, gente que le había ayudado y tratado con respeto; se acordó de una canción que escuchó una vez en la pescaderia donde sus padres lo mandaban a comprar alguna vez. El pescadero era un hombre bueno, y a veces, cuando la familia de Iván no tenía dinero, les fiaba o les daba sobras que tenía que tirar pero que aún estaban buenas. Recordó que era una música muy bonita, casi religiosa, a él, en esa época de su vida le impresionó tanto como ir a un templo. El pescadero le dijo que la canción era de un poeta italiano que se llamaba Franco Battiato y que la canción se titulaba “ La Sombra de la Luz “, que la canción habla de cómo los seres humanos, al darse cuenta de la fragilidad de la vida, buscan a Dios, y que este siempre está dispuesto a acogerlos, que ese Dios no tiene nombre, ni rostro, ni religión, y que si de verdad perseveramos y no perdemos la esperanza, ese Dios nunca nos abandonará. Recordó a la gente que le sonreía en algunos de los trabajos que tuvo, cómo le ofrecieron en más de una ocasión pan y un trozo de carne, cómo le ayudaron a levantarse cuando se cayó. La gente sencilla de las calles del color de la plata allá cuando llega el verano; la misma que lo saludaban levantando la mano y diciendo su nombre; las veces que rompió algo y no le regañaron, o cuando le pagaron más de lo prometido porque el negocio había ido bien. Recordó ese extraño color del cielo cuando está entre el atardecer y la llegada de la oscuridad, el aire limpio golpeando su rostro a modo de caricia, de limosna de los dioses, de compasión ya fuera humana, divina, o inventada; el olor a cola de cometa de las sábanas limpias al acostarse y su olor a carne recién hecha cuando uno se levanta; supo que todo eso no podía ser falso ni decidido por otros, sino que era algo suyo, los protagonistas de la que había resultado ser su vida, su vida, una como cualquier otra, que ya nunca más volvería. Finalmente la mano activó el mando.
-Te lo dije, mientras tengan conciencia y empatía no será tan fácil -. En este caso solo se escuchó la voz de timbre masculino.
-Es cuestión de tiempo, solo de tiempo, -. Le respondió ahora la voz de timbre femenino.
La plataforma de aterrizaje no se podía activar desde el exterior para evitar sabotajes. Por ello se tuvo que avisar a la policía ya que era obvio que algo había pasado. Los agentes lograron violentar la puerta de acceso individual del recinto sin problemas. Entraron con sus armas largas en formación ante la búsqueda de un enemigo. Las luces de emergencia activadas se mezclaban con las potentes linternas de sus fusiles. Entraron en la sala principal donde se encontraba el panel madre, allí encontraron el cuerpo de Iván ahorcado por una cuerda atada a uno de los soportes de hierro que sostenían el panel madre en el centro del espacio de la sala. El negro de su pantalón y el gris de su vulgar sudadera casaban con el aspecto aséptico de la sala, dando así la sensación de que era un elemento más de la misma. Se llegó a la conclusión de que fue un suicidio, algo evidente al ser la única persona que había en el recinto. No tardó en ser olvidado, en especial por la gente de su trabajo, solo algunos conocidos de Moscú se preguntaron alguna vez qué fue de ese chico no especialmente inteligente, pero que siempre intentaba ser agradable y bueno con los demás, como si dentro de él existiera una bondad que era ya casi imposible de sentir en esas calles de color de plata en las que las personas afirman vivir.
