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LA BÚSQUEDA

“La homosexualidad es la suprema ofensa contra Dios”.

Santa Hildegarda de Bingen.

“La única medida para el amor es amar sin medida”.

San Agustín.

Aún calla la noche, las antesalas de fiestas y celebraciones son censuradas, pero muy probablemente solo por hoy. ¿Es esto la pureza? O tan solo otra señal hacia la podredumbre humana y existencial. Pasan los títulos, las imágenes, cosmos dentro del cosmos, historias dentro de marcos vitales y pasajeros. Veo un hábito religioso femenino con zapatillas deportivas, ¿por qué no? Si es el oprobio habituados estamos a él, y si es una historia tan diferente como parecida a la mía, ¿quién soy yo para vetarla?, ¿para atreverme a no conocerla? Hacia ella me dirijo ya, porque aún calla la noche, y algún día cuando ya sea demasiado tarde será ese silencio lo único que nos llevaremos.

En octubre del 2012 Benedicto XVI hizo doctora de la Iglesia a San Hildegarda de Bigen, santa y polímata alemana que fue capaz de abarcar un número muy considerable de saberes para su época, los cuales versaban desde la botánica hasta la música, pasando por la lingüística. Se convertía así en la cuarta mujer que conseguía este título tras las “ dos Teresas “ y Santa Catalina de Siena.

“Fe y libertad. Un amor de clausura” es un docudrama del año 2020 dirigido por Ivana Marinic Kragic. En el mismo se alternan recreaciones interpretadas por actores con testimonios de las dos protagonistas, dos mujeres croatas que tuvieron sus primeras experiencias lésbicas tras ingresar en un convento de forma separada y que tras abandonar los votos son en la actualidad pareja sentimental. He de confesar que me acerqué con muchas reticencias al documental, y que la probabilidad de que le diera al botón de marcha atrás y me pusiera una “peli” de ninjas de los ochenta revoloteó por mi cabeza como halcón en la noche… pero, algunos lo llaman providencia, yo interés por lo humano.

Se puede afirmar sin miedo a la exageración que Santa Hildegarda fue una de las mayores intelectuales que hubo en la Baja Edad Media, algunos afirman que de la historia de la Humanidad. Ingresó en un convento con apenas ocho años, por lo que se puede decir que en su caso no tuvo otra alternativa, y esto también nos puede hacer reflexionar sobre el determinismo y la libertad, ya que aunque es obvio que sus facultades intelectuales eran superiores a la media, en ningún caso hubiese tenido el acceso a la cultura que tuvo si hubiese sido campesina o si se hubiera casado con un varón y se hubiera dedicado a la crianza. A riesgo de ser hereje, me atrevo a hacer ciertos paralelismos entre las dos lesbianas y la doctora de la Iglesia, salvando las distancias temporales y personales. Pero percibo en sus vidas un denominador común. ¿ Puede ser la búsqueda de Dios, la del conocimiento sobre lo humano y lo divino, pero también la de la propia esencia de cada uno como persona lo mismo ? ¿ Hay verdaderamente alguna diferencia entre todos estos conceptos ?

El propio aspecto de las mujeres me hacía temer lo peor. Tenían esa pinta de lesbiana “machirulo” que lleva camisa de leñador y que si te mete una hostia te viste de torero. ¿ Iba a ser esto un bodrio anticlerical digno de una película de monjas de Jesús Franco? Lo cierto es que con el pasar del tiempo las mujeres me parecieron bastante afables, con una tendencia a argumentar lo que decían y no tanto a intentar hacer apología de algo concreto sino más bien a explicar su experiencia personal, lo cual es muestra de que el demonio de los prejuicios también me sobrevuela en más de una ocasión, más cuando yo mismo en mi vida he conocido a mujeres con estas tendencias y aspecto que me han caído muy bien. Hay un cierto paralelismo entre la santa y ellas, y es que en sus pueblos de Croacia, estamos hablando de los años noventa y comienzos del dos mil, las mujeres se casaban muy jóvenes y a los veinte y poco ya estaban criando hijos. Y es que así era en el pasado y parece que en ocasiones lo sigue siendo en la actualidad. La única salida que tenía una mujer para no depender de un hombre era ingresar en un convento, la única forma de no estar obligada a estar con un varón cuando no te atraían era formar parte de la vida monástica. Que el precio a pagar sea estar rodeada de objetos de deseo prohibidos es otra de las innumerables paradojas que los humanos forjamos en la Historia. Me llamó la atención que ninguna había mostrado o tenido experiencias homosexuales hasta el ingreso en el convento, puede que debido a un ambiente no muy propenso a tales exteriorizaciones. ¿ Es así como opera la mente humana?, ¿qué nos hace tomar nuestras decisiones?, ¿ qué es lo que verdaderamente buscamos?, ¿ son las caricias prohibidas que se dan en la complicidad de la noche prueba del amor de Dios o de su ausencia? El caso es que sus experiencias no fueron placenteras, había en ellas una sensación de que no estaban actuando bien, esto me gustó, porque yo esperaba una especie de “viva la vida”, un “ El Papa no nos deja comernos la almeja “ y “ menos rosarios y más bolas chinas”. Pero en las dos mujeres percibí un proceso de recapacitación y examen que les ha llevado criticar a las instituciones religiosas por abusos y problemas que ellas mismas experimentaron tanto por parte de sus amantes como de sus superiores, pero al mismo tiempo aceptar que aunque siguen creyendo en Dios a día de hoy no pueden formar parte de la Iglesia.

La figura de Santa Hildegarda me recuerda a otras como la de Pitágoras o Giordano Bruno. En ella vemos una mezcla de ciencia y superstición muy sorprendente si la vemos con ojos actuales, aparentemente muy contradictorias pero que se acaban complementando. En primer lugar, estas mujeres no eran el prototipo de monjita alegre que canta en la Iglesia. Eran mujeres de armas tomar, empoderadas pero de verdad, y no como las mamarrachadas actuales; afirmo sin tapujos que Santa Hildegarda tenía más cojones que el caballo del Espartero, y en ese sentido es un ejemplo para, no solo las mujeres, sino para todos, porque pese a sus defectos que los tendría, la frase de arriba se las trae, intentó vivir acorde con aquello que sentía. En ese sentido se atrevió a desafiar, como también ha sido habitual en muchos santos, a las jerarquías eclesiásticas, algo muy valeroso, no solo por el hecho de que estas, como el resto de la sociedad eran patriarcales, término aquí bien utilizado , sino por la presencia del Santo Oficio que te podía colgar el cartel de hereje impenitente. Sus polémicas fueron de tipo tanto material, al parecer en esa época existían conventos mixtos, donde los monjes y monjas convivían no juntos pero sí cerca, y por lo visto, algún monje se equivocaba de puerta y acababa en la cama de alguna monja, esto hacía que más de una novicia se quedara embarazada y no precisamente por obra del Espíritu Santo. Por ello reclamó el derecho de las monjas a estar solas, y como todo esto se traducía en temas de dinero hubo lío continuo. Por otra parte, el tema de sus visiones fue siempre controvertido y polémico y la delgada línea que te podía convertir en bruja o santa era muy delgada, ya que la fama de una visionaria se traducía en peregrinaciones o donaciones que hacían rico al convento, pero también que el personaje venciese a la persona y que los fieles fueran más dados a escuchar al visionario que a la Santa Madre Iglesia, de nuevo el dinero, raíz de todos los males. En todo caso puede resultar muy llamativo y contradictorio que una persona que llegó a ser tan erudita también participara de experiencias místicas que las mentes malintencionadas asociamos con tomaduras de pelo o enfermedades mentales, o que una mujer que es ejemplo para las mujeres diga cosas tan poco edificantes sobre la homosexualidad como las reseñadas en el encabezamiento; como también lo es que mujeres que en mayor o menor medida son conscientes de que tienen tendencias lésbicas, acaben en una institución en las que todo tipo de sexualidad, pero especialmente esa, está vetada.

Y si así funcionamos los seres humanos, ¿no es algo trágico y a la par maravilloso?

Termina el documental, las dos mujeres se abrazan. Comentan que no participan de eso que se llama movimiento LGTBI porque suele ser hostil a la religión y ellas aún creen en Dios, y porque está muy politizado, tampoco van a misa por el qué dirán y por las miradas de los demás. Sí que les gusta ir a la iglesia cuando no hay ceremonia, cuando se está en silencio , y pienso -a mí me sucede igual, lo de ir a las iglesias y pasear – tan diferentes y tan iguales. Por desgracia hoy en día solo buscamos las diferencias en el otro para atacar o las similitudes en aquel que piensa como yo para sentirme más seguro y de esa manera atacar con más fuerza a ese otro. Si es cierto que en cada ser humano hay un universo único y rico, y a día de hoy no tengo razones para pensar que no lo hay, seguiré buscando, como la santa, como las dos mujeres. Intentaremos no dejarnos llevar por la primera impresión, como no me dejé llevar por el aspecto de ellas o la virulencia de la frase de la santa, que pese a su erudición estaba determinada a pensar de esa manera, como se pensó así durante muchos siglos más. Y esto también nos tiene que enseñar a no ser esclavos de nuestros pensamientos lo cual no es contradictorio con defender nuestras ideas, y por supuesto a quedarnos con la frase de San Agustín, que además de genial la puedes colar en todos lados y en todas las situaciones. y lo más bello de todo es que otros harán lo mismo conmigo, eso espero, al menos que mi pulsera con la bandera de España les frene a hacerlo. Mientras, sigue la búsqueda, no importa que sea hasta el saber enciclopédico, hasta el conocimiento de uno mismo o hasta tener el convencimiento, ya definitivo, de qué es lo que amamos y anhelamos; genios, santos, místicos o pecadores, en la búsqueda continuamos; la noche aún calla, en su imperio dos bocas se juntan, no importa su color o su forma, nadie puede ya juzgarlas.

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