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IMAGINAR PARA EXISTIR

“Todo es verdad. Todo lo que las personas han pensado alguna vez”.

Philip K. Dick.

“Todo lo que puede ser imaginado es real”.

Pablo Picasso.

En su libro “ El Sublime Objeto de la Ideología “ Slavoj Zizek hace referencia a una novela de William Tenn, concretamente a “ El Descubrimiento de Morniel Mathaway “. En ella, un historiador del arte del S.XXV viaja hasta la época presente, entiéndase la del autor o la nuestra en la actualidad, supongo que da igual. Lo hace para conocer al tal Mathaway, el cual está considerado un genio de la pintura en aquel siglo; algo así como la idea que nosotros tenemos de El Greco o de Gauguin. El caso es que resulta que el pintor no es ese ser de luz que se pudiera imaginar; se trata por el contrario de un tipo mezquino y engreído que le acaba birlando la máquina al pobre hombre para irse él al futuro. Conste que yo también haría lo mismo si pudiera, lo de pirarme al futuro, más que nada por curiosidad, la de sentir en primera persona qué opinión se tiene de mi época; la del enésimo fin del capitalismo y la de las inclusiones varias. En ese sentido, yo creo que el pintor tampoco se puede catalogar como villano; la verdad es que no he leído la novela, de hecho confieso que no conocía al autor antes de leer a Zizek. Al final el crítico, que parece que no se le da mal pintar, es el que crea las obras que en teoría debía de haber pintado Mathaway, ayudado por su memoria, ya que estas no existen en la época en la que ahora vive. Al final él mismo está creando la realidad que pretendía conocer.

¿Algo existe por el simple hecho de que lo imaginemos? En principio esta afirmación resulta un tanto metafísica, ambigua, y dada tanto al riguroso examen como a la charlatanería. Pero analicemos algunas teorías, desde las conspirativas a las que gozan del beneplácito académico.

En “Santuario de la Noche” se trata el tema de los asesinatos rituales; se nombra algunos casos reales como el de Alcácer, que incluso hoy en día sigue creando polémica e interés, interés morboso, pero interés al fin y al cabo. Es llamativo que sea la creación de un universo complejo y lleno de datos que ha de ser sostenido en el tiempo la reacción habitual a cuando desconocemos algo y no la aceptación, más lógica y sincera, de que no tenemos ni idea. En el caso de Alcácer no soy oficialista, pero tampoco abogo por la intervención de sociedades secretas poderosísimas en las vidas de las gentes comunes como sí hago en “Santuario de la Noche”, que es una obra de ficción y que lo de que trata es de distraer. Sí que creo que hay más gente implicada y que no es descabellada la actuación de un grupo más o menos estructurado cuyo fin no es tanto económico, aunque ya sabemos que el dinero es la raíz de todos los males, sino satisfacer unas ansias de tipo sádico que ni siquiera en ambientes distendidos desde el punto de vista de la moral y antisociales desde el de la conducta, se pueden saciar. Entonces, ¿ no existen los grupos de poder ? La respuesta es tanto que han existido siempre, el propio culto a Baal que se relata en mi libro tiene un fuerte contenido pedófilo y sádico, así como otros episodios de la Biblia si se tiene la capacidad de leer un poco entre líneas, tampoco demasiado. De hecho, así como en la Biblia se ataca la fornicación y a los sodomitas, es difícil encontrar sanciones directas a la pederastia. Sí, en esa época la gente moría antes y muchos de forma súbita, los hermanos se casaban con las viudas e incluso con las hijas de la viuda. Que una niña de trece o catorce años se casara con un hombre mayor no era visto como algo reprobable, y por ello la tradición no lo acabó definiendo como algo malo, al contrario que la homosexualidad, que no es reproductiva y recordaba prácticas paganas o el adulterio que es reprobable porque ataca el equilibrio social que en esa época tenía por núcleo a la familia; y existen por el propio hecho de que somos capaces de imaginarlos, de la misma manera que hay personas que se visten como los personajes de ficción que admiran. ¿De nuevo son los actores los que crean la realidad, como el crítico acaba pintando los cuadros de su otrora genio admirado?, ¿como ocurre con los que escuchan esas historias de grupos secretos, saberes arcanos, sabidurías otorgadas por el ángel de luz y que le pueden llevar a colmar esas ansias?, ¿ importa verdaderamente que sean un tipos normales o multimillonarios y magnates que pueden influir incluso en la política y en la economía a nivel mundial?. ¿Acaso el propio hecho de que estas teorías “existan” aunque sea en la literatura o en las mentes de sus adeptos no es dotarlas ya de realidad? Alguien puede pensar que estoy desvariando, pero, ¿es posible que aquello que fue imaginado sea ya real? No lo digo yo, lo dicen teorías de la Sociología y la Criminología, que por supuesto son debatibles, pero analicemos algunas:

1) La teoría del Etiquetado: “ groso modo “ dice que son los grupos sociales los que definen y clasifican cómo son los comportamientos, especialmente los desviados y delictivos. A partir de aquí, los individuos que sean “ etiquetados “ como pertenecientes a esa cultura criminal se acabarán comportando como lo que son a los ojos de los demás, es decir, como criminales.

2) Estigmatización y marginalidad urbana. Son conceptos que se pueden encontrar en la obra del sociólogo francés Loic Wacquant, que a su vez estuvo muy influenciado por otro conocido sociólogo francés, Pierre Bordieu. Según estos autores, determinadas zonas de la ciudad, generalmente un barrio en concreto, son vistas desde el exterior como lugares problemáticos y desestructurados, a veces de una forma exagerada, en todo caso sin solución. A ellos se asocian los conceptos hoy populares de delincuencia callejera, inseguridad ciudadana, vivienda degradada, etc. Incluso los mismos vecinos del lugar son participes de esas creencias que acaban siendo democráticas e internacionales, en el sentido de que no es problema de un solo país o continente. Este estigma acaba actuando sobre el propio territorio, uniéndose a los problemas que sí son existentes en el mismo. De nuevo el pensamiento actúa sobre la acción, y aquello que fue imaginado termina por ser real.

En las obras clásicas de la literatura encontramos este tema, el de que la propia profecía se acaba cumpliendo por el hecho de existir y no por ese otro beneplácito que existe, el divino; desde “Edipo Rey” hasta “La Vida es Sueño”, el propio concepto de profecía autocumplida es conocido con el nombre de “ Efecto Pigmalión “, siendo este un escultor que se enamoró de una estatua que había hecho él mismo. El ejemplo clásico de este efecto es el profesor que tiene una buena imagen de un alumno y otra mala de un segundo, y cómo esto puede influir en que el primero obtenga mejores notas. Es cierto que aquí el profesor goza de una preponderancia que no se puede obviar ¿Pero acaso no ocurre lo mismo en el amor? Las personas gustan de escuchar que son guapas; bueno, ahora creo que es algo malo, lo llaman micromachismo o algo así, yo nunca he sido muy dado a decirles a las mujeres “guapísimas” ni “tías buenas” ni esas cosas, otro punto a mi favor para escapar de las hogueras actuales, ya que dudo de que acabe en el futuro como el pintor. Un nivel mayor es cuando se dice a esa persona que es alguien especial, que es lo más de lo que sea. Ya sabemos que el enamoramiento es un estado a veces más próximo a la imbecilidad que a otras cosas, y las propias hormonas hacen para que así sea. Y que esto sea así es la única manera que tengo de explicarme que haya gente que acabe vistiendo de manera hortera, enseñando sus muslos celulíticos o mostrando su panza, debiendo ser porque alguien le ha dicho que le queda bien y que es guapísimo; sí lo sé, la hoguera se ha vuelto a avivar.

La influencia del pensamiento sobre la materia que lo es también sobre la vida, es una realidad que muchas veces es tratada de una manera frívola, e incluso irrespetuosa, como lo de doblar cucharas y mover la arena del mar con música, pero ¿cuándo empieza a existir algo verdaderamente? Incluso el Derecho Penal pese a que no puede condenar pensamientos habla de un “ iter criminis “ que se origina ya en la intención de delinquir. Pongamos el típico ejemplo que se da cuando alguien ha cometido algún tipo de delito de odio como atacar a judíos o matar en nombre del diablo. Mucha gente asocia que leer “ Mi Lucha “ o estar todo el día escuchando metal satánico ha llevado al individuo a atacar una sinagoga, o a cortarse las venas para unirse al Maligno. Si es obvio que esas costumbres pueden ser perniciosas, somos muchos los que hemos leído ese libro y no odiamos a los judíos, también somos muchos los que escuchamos, ya no música satánica, sino subgéneros de metal extremo que hablan de violencia o trastornos mentales y nunca se nos ha ocurrido asaltar un cementerio ni ir en busca de nadie para matarlo. Estas personas, que ya tienen un tipo de determinismo sea biológico o psicosocial, y que generalmente presentarán rasgos de trastornos de la personalidad, se dejan influenciar por estos asuntos, ya que es lógico que a una persona con esas circunstancias le interese más el Nazismo que “La Casa de la Pradera”. Pero no es la lectura del libro, ni la escucha de la canción que habla del suicidio lo que hace que la persona salte por la ventana. Ahora bien, en el momento en el que la persona, ya sea por un sature cognitivo-sensorial, por la realización de la conducta como una estrategia adaptativa, o por un arrebato del que no se tiene plena consciencia, decide matar, ya hay algo que ha cambiado en ella respecto a la mayoría de las personas que consumen esos productos y resultan gente como mucho problemática o llamativa, pero no peligrosa. Mi propia determinación de conseguir una cita con una persona o a hacerle daño es ya una modulación sobre la realidad y un cambio en las variables que afectan a la estadística; pues sí, muchos aducen que llamamos causalidad al simple azar, y que es normal desde ese punto de vista estadístico que probabilidades sean vistas como pruebas de aquello que necesitamos creer. No niego que esto puede ser cierto en muchas ocasiones y que hacemos de la anécdota el punto fuerte de nuestra teoría. Un ejemplo lo encontramos en Alcácer. Sabemos que al menos Miguel Ricart fue la noche de los asesinatos a un bar de Catadau llamado por aquel entonces “ El Parador “. Tres años antes fueron vistos por última vez dos adolescentes en el mismo bar que entonces se llamaba “ Catadau” las cuales aparecieron posteriormente muertas junto a un tercer varón. Por esto, y algunas otras macabras coincidencias, hay gente que cree que los autores del denominado “ Caso Macastre “ fueron Ricart y Anglés. Ahora bien, el hecho de que los dos delincuentes frecuentaran esa zona no hace este hecho tan sorprendente, menos aún cuando se sabe que la madre de una de las niñas trabajó o trabajaba en ese bar por esa época. Nuestra propia vida está llena de este tipo de hechos a los que tratamos de darles un significado especial cuando, cierto es, lo más plausible es que se trate de una cuestión de probabilidad. El claro ejemplo es cuando nos encontramos a alguien por la calle que nos ha gustado en el pasado y lo tomamos como una especie de punto de partida o señal. El éxito de los videntes y demás nigromantes no se debe solo a que puedan ser buenos profesionales y conozcan técnicas para convencer y adivinar, sino a que las personas que contratan sus servicios ya están convencidas de que aquello que se les va a revelar es verdadero, y por lo tanto harán todo lo posible por conseguirlo.

En las religiones, a los pecados de pensamiento se les da una importancia análoga a los de la acción. ”No consentirás pensamientos ni deseos impuros”. Todos conocemos la imagen de un diablo rondando la cabeza de una persona. La práctica religiosa, la verdadera, no va tanto encaminada a la acción, sino a la ausencia de pensamiento, todos hemos escuchado lo de vaciar la mente, la ausencia de deseo, el Nirvana, es por ello que los místicos se encierran en cuevas, grutas y monasterios amurallados, no tanto para protegerse de esos elementos que le pueden llevar al pecado como son los cuerpos sensuales, la comida o los abalorios o vestidos que reflejan la vanidad de este mundo pasajero, sino por el hecho de que es en esos escenarios donde la mente puede huir de la vorágine de estímulos y deseos que son la base y comienzo de todos los pecados, de los cuales, algunos consideran la soberbia asimilada a Lucifer como el mayor de todos, pecado que no tiene propiamente una exteriorización, como tampoco la tiene otro pecado terrible como la envidia, que se acaba ocultando dentro de nosotros mismos y nos acompaña a todos los lugares, allá donde vayamos, sabedora de que tarde o temprano flaquearemos y logrará cumplir su objetivo.

Por todo ello, sin negar el azar, más bien la azarosidad de la vida, no se puede negar tampoco que hay un determinismo que comienza desde nuestros engramas cerebrales y desde nuestros neurotransmisores, que es muy delgada la línea que separa la realidad de la imaginación, que en general muchas de las cosas que pensamos se deben más a hipótesis que a realidades y nuestro afán no es otro que cumplirlas, incluso esta determinación suele ser vista como algo bueno y lleno de encomio, me refiero a esa idea , quizás las más de las veces ridícula, de cumplir nuestros sueños.

Nunca creo que se sepa la verdad lo que ocurrió en Alcácer, nunca creo que haya una explicación definitiva ni ontológica de la realidad; bueno, quizás en el S.XXV, pero mientras eso llega seguiremos imaginando, anhelando e intentando comprender, y quizás no sea malo, me refiero a eso de que nunca sabremos la verdad. Pero al igual que muchos han de sostener sus teorías con esas probabilidades y las hipótesis, nosotros sostenemos nuestra búsqueda con el misterio, con la duda, que al final es otra forma de decir esperanza, y eso nos hace, puede que no más aptos o inteligentes, pero si un poco mejores, pues la sabiduría no solo trata acumular datos y dar respuestas, es también saber esperar aunque nadie nos busque.

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