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ESCLAVOS DEL CAOS.

“ Parecía un hombre normal, un hombre muy corriente “

Crónica de un asesino en serie. Bong Joon-ho ( 2003 ).

“ En medio del caos también hay oportunidad ”

Sun Tzu

Al final todo acaba donde comienza. No sé si esto es un motivo de tristeza, una muestra de que en el laberinto el Minotauro siempre gana, no ya porque no seamos el héroe que vence a la temible bestia, sino porque rara vez Ariadna se fija en nosotros, muchos menos nos ofrece su ayuda; o por el contrario de alegría, puede que algo así como ese consuelo cósmico del principio sin fin, de la vida después de la vida, que hace que nada termine verdaderamente. La verdad, sigo sin saber si esto es un consuelo viendo lo que es la vida y lo que hacemos en ella. Las propias religiones con estas creencias nos advierten que en todo caso este ciclo es un castigo, pese a que en Occidente se interpreta como gracia y segunda, tercera e infinita oportunidad. Creo que nos pasa como a los policías de la película, escuchamos del sospechoso lo que nosotros mismo le decimos que tiene que decir.

“Crónica de un Asesino en Serie”, “ Memories of a Murder” en su título en inglés, perdonen y entiendan que no ponga el título en su versión original, es una película coreana del año 2003 dirigida por Bong Joon-ho, el conocido y oscarizado director coreano, de Corea del Sur, como pueden ya saber y sino intuir. Puede que fuera esta película junto a “Oldboy”, del mismo año, la que contribuyera a la explosión del cine coreano que se dio a partir de esa fecha y que pese a haber remitido en los últimos tiempos, nos acompaña ya desde hace varios años. Un cine con una factura técnica excelente, que trata temas que en sí no son originales y que se han visto en otros films, pero siempre desde una perspectiva, la del país oriental, que la hace muy interesante, y puede que sea este choque, el de lo que espera el espectador, especialmente el occidental o cómo lo quieran llamar, y lo que se encuentra, el que haga que este cine, además de tener esa factura técnica excelente y también muy buenas interpretaciones, den a ese espectador perspectivas que no tan solo no se esperaba encontrar, sino que en otro tipo de cine, en principio más reivindicativo, ya ha perdido su vigor. Y es que pese a la idea que tenemos de Corea del Sur, como un país adelantado y de progreso, y no digo que no lo sea, su historia más reciente y sus peculiaridades, nos muestran que tendemos a una cierta idealización de todo lo que viene de fuera cuando son países que tienen niveles de vida similares a los de los países europeos, especialmente Japón, pero de unos años a esta parte también Corea. Dictaduras militares bastante extensas en el tiempo, una sociedad muy variada en el ámbito ideológico, en la que la religión mayoritaria no es el Budismo, sino el Cristianismo en sus diferentes vertientes, siendo además una sociedad con un gran porcentaje de gente laica sin creencia religiosa confesada, un sistema económico, el de los “ chaeboles “, que la gente asocia con el liberalismo económico, puede que por tener en frente a la economía comunista de su vecina del Norte, y que, más allá de análisis más complejos, se trata de la presencia de unas cuantas empresas en distintos hábitos del consumo y del comercio, desde la construcción hasta el parque automovilístico, empresas que son apoyadas por el gobierno de turno, lo que lleva a un cierto o a un total, tiene sus detractores y defensores, monopolio: Samsung y Hyundai, son los más conocidos. Así pues, en las películas coreanas no solo vemos a criminales astutos, escenas de acción muy bien rodadas y el llamativo centro de Seúl, sino también críticas a las diferencias sociales, a la presión de los grupos religiosos ( generalmente es el cristiano el que se presenta como algo nocivo ) por implantar sus ideas en la sociedad, o las calles sucias y las casas de un solo suelo del extrarradio de la capital o de alguna aldea del país.

La película está ambientada en el año 1986, año en el que se acababa de entrar en una dictadura para entrar en otra. La razón de la fecha no es caprichosa, pues los hechos que se narran están basados en unos reales que acaecieron en esas fechas. Un asesino mata a mujeres, siempre con un ritual que incluye ataduras y la utilización de la ropa interior de las víctimas de forma fetichista. El encargado de la investigación es un detective al que se unirá un segundo venido de la capital, Seúl, que siempre es nombrada de una forma que oscila entre lo reverencial y lo lejano, como si ese pueblo coreano no perteneciera a la propia Corea, o esa capital fuera una especie de país dentro del país; supongo que para el director es una forma de marcar las diferencias sociales entre el mundo agrícola y el urbano. Estos dos detectives con sus personalidades y sus métodos dispares, nos van a ayudar a entender la película y sus significados, no solo el meramente policial, también el político y el humanista, cósmico, metafísico o cómo lo quieran de nuevo llamar. Pero antes ya nos damos cuenta que va a ser una película en la que van a predominar los colores fríos: el gris, el blanco sucio, verde oscuro… ni siquiera la presencia del campo ni de la hierba parece dar vida a un lugar que parece estar sometido a un constante letargo.

Estos dos detectives son dos de las principales formas que las personas tenemos de enfrentarnos al absurdo de la existencia y que a partir de ahora para simplificar llamaremos “ el caos “. El primero de ellos es instintivo e irracional, basa el poder de sus argumentos en la fuerza y no en la persuasión; tiene la creencia de que a través de la mirada puede reconocer a los delincuentes, una creencia que además de absurda muestra tanto presunción como falta de inteligencia; incluso en un momento consulta a una vidente para conocer la identidad del asesino. El segundo por el contrario es racional, cuanto menos analítico, es un individuo mucho más pausado y tranquilo. Ante el caos, es el orden y el instinto, la razón y el corazón, la pasión y el equilibrio, lo que generalmente se utilizan como escudo y armas ante ese poderoso enemigo. ¿ y qué es lo que ocurre cuando todo eso falla ?, supongo que más de uno nos lo hemos preguntado.

Un magnifico “ travelling” tras la aparición del segundo cuerpo, en el que se nos muestra, no solo la falta de profesionalidad de la policía, asociada es cierto a una palpable falta de medios y personal, sino también esa sensación de caos certera que ni siquiera las autoridades pueden frenar y que nos da a entender lo que será la película desde ese momento. A partir de aquí se alternará el humor negro con la denuncia social, siempre con esos colores fríos y pálidos que se perciben también en la ropa de los protagonistas. Una denuncia que nos muestra las torturas de la policía, pero también el sensacionalismo de la prensa más interesada en el titular que en el análisis, y la cierta apatía de un pueblo que se junta en los bares con el fin de que el tiempo pase y que, no en su mayoría, pero sí en gran parte, prefiere el sabor de la cerveza en sus bocas, que las marcas de las porras de los policías en sus brazos y costados.

La película tiene un ritmo narrativo prodigioso que se aprecia tras varios visionados. Geniales “ travellings” como se ha comentado antes, la posición de los personajes que varía en el tiempo según sus conductas y procedimientos, el uso de los medios atmosféricos como la lluvia, símbolo de aquello que no podemos controlar, las fábricas de la clase obrera, las casas humildes de un solo piso… cada escena está pensada hasta en sus últimos detalles. En el fondo, que la policía torture a gente especialmente vulnerable es solo un dato más que debemos tener en cuenta si queremos apreciar toda la fuerza que destila esta sublime película. Y así, entre el instinto y la razón, la investigación irá avanzando hacia una nada que por llegar a ser ya conocida no nos es agradable, y lo peor, mucho menos soportable. Y es que es probable que pese a ser un país lejano nos reconozcamos entre esas calles, esas acequias y esos bares que nunca pisaremos. Reconocemos el triunfo del caos y del estado de guerra constante, la imposibilidad de elegir un camino en la vida con una mínima dignidad pese a nuestros esfuerzos, pues los enemigos exteriores son fuertes, numerosos, se extienden como la mancha de aceite en el agua. Y si algunos pueden pensar que es un recurso de guion que el policía racional se torne instintivo y el instintivo racional, es algo que utiliza el director para mostrarnos que pese a elegir un camino u otro, el caos siempre es imperante, victorioso y además estético, pues es la estética del absurdo la que escribe las líneas de las vidas de la mayoría de los pobladores de este cosmos sin importancia; y no es el más pesimista de los filósofos quien ha escrito ese guion, sino la propia vida. Que el asesino real no confesase sus crímenes hasta el año 2019, una vez ya prescritos ( en la actualidad cumple cadena perpetua por violar y asesinar a su cuñada ), es la muestra definitiva de que no solo es la falta de pericia policial la que hace que los crímenes no se resuelvan, sino que tristemente es la propia vida la que hace que pese a la pretendida sensación de seguridad que buscamos en nuestras vidas, es el caos y el azar, si es que no son la misma cosa, las que nos aguardan al final de toda investigación, y la sensación gratificante de que en ocasiones se hace justicia, tan solo es una tregua momentánea antes de escuchar los cañones del siguiente día.

Al menos, en un gesto que le honra, el detective impulsivo admite que su mirada no solo falla ahora sino que ha fallado siempre, y es su mirada, permítaseme hacer solo un spoiler, si bien como ya saben el asesino nunca es capturado, es su mirada como digo, limpiada ya de todo lo esotérico, la que nos encontramos al final de la película, en ese mismo lugar en el que comenzó la historia. Una mirada dada a la interpretación pero que para mí es una acusación implícita a todos nosotros, acusación o quién sabe si muestra de piedad. Una mirada reveladora del pecado original y su doctrina que, nos revela a su vez, que dicha teoría no fue elaborada desde el intelectualismo ni desde las ideas, sino desde la propia observación del mundo y sus habitantes junto con la propia auto observación de uno mismo. Conocido es que San Agustín temía al Demonio y al Mundo, pero a quien más temía era a su propia carne, sin duda sus razones tendría.

Y al final entendemos que la película es una crónica de un momento convulso de la historia de Corea del Sur y del que puede ser su asesino más tristemente célebre, pero también es la crónica de la humanidad, de esa humanidad formada por ese ejército de soldados sin instrucción que cual navegantes de la balsa de Gericault intentan sobrevivir, y es ese caos el que decide quien es arrojado a la borda o quien se queda un poco en la inestable superficie antes de que llegue la siguiente hola.

Por ser la última noche del año y no caer en el oprobio, ponemos nuestras esperanzas en la frase de Sun Tzu del comienzo, esperamos no perderla, una vez más.

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