“El terror del ser nos mira a los ojos, y en un torrente mortal percibimos cómo las mentes cuelgan de hilos de su propio hilado, y que debajo se esconde un infierno”.
Peter Wessel Zapffe.
En primer lugar, advierto, sin ánimo sensacionalista, de que se trata de un asunto truculento, que puede herir la sensibilidad de los lectores, por ello se pide discreción a la hora de compartir este artículo.
En segundo lugar, no es mi intención caer en el morbo, por lo que no voy a describir de manera minuciosa las atrocidades que ocurrieron en ese piso de la calle Valencia durante los casi cuatro días de septiembre de 1990, el tiempo que duró la espiral de locura, y lo hago también porque, pese a existir bastante documentación, sobre todo visual gracias a las redes sociales, también en forma de podcast, y aunque “ grosso modo” nos podemos hacer una idea de lo que pasó, es difícil recrear todo lo sucedido, ya que el ritual, o cómo lo quieran llamar, duró varios días. Dicho esto, comenzamos.
Tanto el Cristianismo, con su creencia en una historia lineal, que comienza desde la creación hasta el fin de la historia, como el progresismo, con un entusiasmo por la razón, comparten la creencia de que un futuro alentador nos espera, que la utopía no solo es posible, sino que ocurrirá, cada uno a su forma, pero en esencia el pensamiento es, si no similar, muy parecido. Por otra parte, se encuentran los pesimistas, la mayoría no muy famosos o reconocidos, especialmente los escritores de ficción, solapados en esta faceta por otras de su obra; y finalmente tenemos a los misántropos y antinatalistas, vistos siempre como exagerados y sospechosos de confundir su odio hacia uno mismo con el odio al resto de la Humanidad. ¿Puede haber un término medio para el asunto? Posiblemente no, y aquí nos encontramos con el primer tema escabroso, el de si simple y llanamente, el ser humano debe o no existir.
Años 90, Almansa es una ciudad de unos 22.000 habitantes, uno de los núcleos urbanos más grandes de la provincia de Albacete. Todos coinciden en que se trata de una ciudad tranquila, que aún no padece los típicos males de las grandes ciudades. Sin embargo, hay un dato que resulta cuanto menos llamativo. Se calcula que en esa época había en el pueblo más de 300 curanderos. 300, recordemos, para una población de poco más de 20.000 habitantes. Uno de esos curanderos era Rosa González, la cual parecía tener éxito en su empresa, hasta tal punto que su marido había dejado su trabajo para dedicarse a la gestión del oficio de su mujer. El matrimonio tenía una niña de 11 años, de mismo nombre que la madre, una niña normal como cualquier otra. Parecía pues que la vida, hasta cierto punto. sonreía a Rosa, que gozaba de una actividad que le daba un cierto poder adquisitivo y de una familia sin problemas, una niña sana y un marido que parecía adoptar el papel de agente pasivo en la relación.
Por qué hombres y mujeres que viven en la década de los 90, cierto que no en una de las regiones más avanzadas de España, pero tampoco en una zona especialmente aislada, tenían la necesidad de acudir a personas para que les hicieran imposiciones de manos o para recibir brebajes y ungüentos, ¿por qué hoy en día sigue ocurriendo? Más allá del debate de si puede haber personas con poderes, sensibilidades o cómo lo quieran llamar, parece que Rosa González tenía cierta habilidad para utilizar plantas que aliviaban los dolores de las personas que las visitaban. Este detalle, teniendo en cuenta lo que se va a conocer en breve, puede resultar accesorio, pero lo cierto es que justifica las tesis de algunos pesimistas célebres, como Don Miguel de Unamuno, concretamente, la de que la razón es enemiga de la vida, o la de Peter Wessel Zapffe, muy similar, que afirma que el desarrollo de la razón es un error evolutivo, que pone al ser humano fuera del marco de la naturaleza, creando en él una serie de expectativas y necesidades que lo saca del propio mundo natural, haciéndole en esencia un ser doliente. Lo cierto es que Rosa, a través del error y el ensayo, aplicando el método científico, lo cual resulta aterrador, o simplemente por la imitación, en la que se basa el aprendizaje y sin el cual no habría proceso evolutivo posible, comprendió qué plantas y curas eran las más apropiadas según el caso, y esto debió de ser el motivo principal del considerable éxito de su profesión o cómo lo quieran denominar. Más allá de si la mujer creía en sus poderes, o de si simplemente se trataba de una embaucadora, no se puede negar la capacidad de la mujer para manipular a sus allegados, desde su marido hasta su hermana, pasando por las otras dos que participaron en los hechos, siendo una de ellas su amante. Vemos en el caso uno de los procesos básicos que se dan en los procesos sectarios, el de que la persona abandone a su familia, a sus amistades, es el poder absoluto, el de dominar, los restantes, como el sexual o el económico acaban siendo sucedáneos de este, es por ello que algunos ven el mal como algo más que un mero proceso social. De la misma forma que la santidad esta impregnada por ese halo de lo insondable, que ni las plumas ni las bocas más avezadas son capaz de expresar, sucede lo mismo con el mal, no bastan las explicaciones de tipo criminológico, psicológico, ni siquiera de tipo religioso cuando se aboga en la mezcla entre la libertad que Dios da a sus criaturas y la presencia del Demonio como la del gran tentador. Son estos casos los que nos hacen preguntarnos qué diablos hay en las profundidades de nuestra alma, si es cierto que somos ese error evolutivo que la Naturaleza nunca debió tolerar; el gran borrón del dios creador, supuestamente perfecto a la par que inabarcable. A continuación procedemos con el relato de los hechos, repito que no se trata de una descripción exacta pues incluso hoy en día siguen habiendo dudas, afirmaciones dispares y relatos diversos, pero en esencia el relato fáctico no varían sobre lo que aconteció esos tres días de ritual, pero antes unas apreciaciones.
En referencia al hecho, se le suele aludir como ritual satánico o como exorcismo, siendo esta la palabra con la que se ha titulado el crimen, junto con el nombre de la localidad. Hay que señalar que en ningún caso se trata de un exorcismo en el sentido del ritual romano que la Iglesia practica, ni que esta institución estuvo presente ni hubo ningún sacerdote implicados en los hechos; si bien como es habitual en el mundo de los sanadores, curanderos y videntes, la presencia de la religión católica está muy extendida, lo comprobaremos cuando describamos algunos de los delirios de las mujeres. Sí que se puede entender que fue un exorcismo, al menos eso pensaron las perturbadas mentes protagonistas de la infame historia, en el sentido primigenio de la palabra, pues el exorcismo no es un ritual genuinamente cristiano, pues se da en otras religiones actuales, pero ya en la época de Babilonia existían los exorcistas, y paradójicamente, eran una mezcla entre sacerdotes y sanadores, pues expulsaban demonios como forma de que la persona recobrase la salud, a la vez que se recetaba algún tipo de brebaje o planta y se rezaba para que los dioses le fueran propicios. Se puede definir “exorcismo”, como juramento o invocación que se realiza para sacar, expulsar algo fuera, en este caso un demonio. Si cogemos este significado primigenio no es errada la utilización de este término. Por otra parte, en algunos diarios de papel de la época, recordemos que no existía internet, se definió el acto como el de un ritual satánico, puede que con una clara intención propagandística. Sin embargo, Rosa y sus acólitas, no solo no realizaron los hechos como una forma de dar gloria al diablo, si no de lucha contra él, lo cual nos lleva una vez más a esa idea de Unamuno, la de la razón como enemiga de la vida, pues incluso en actos execrables como el que nos ocupa, existe en los perpetradores una lógica, un razonamiento, el de que ellos, a su forma, están haciendo algo bueno. Lo cierto es que es muy difícil definir lo ocurrido, quizás no sea tan importante hacerlo; ya sabemos que los límites de nuestro lenguaje son los límites de nuestra mente. Dicho esto, comenzamos este peculiar viaje por los abismos de la mente humana, que Dios nos perdone.
Parece ser que entre el mundo de los curanderos empezó a circular la creencia de que si los ritos los practicaban los hermanos, estos eran más poderosos. Por aquel entonces Rosa González era una mujer que ya había logrado tener éxito con su trabajo. Sin apenas estudios, había conseguido tener una clientela fija, a la que ofrecía las plantas que ella misma recolectaba. Resultaba obvio que tenía una ascendencia para con su marido, el cual resultaba de carácter sumiso, y que no había dudado en abandonar su trabajo para convertirse en su secretario. Fue así como Rosa le propuso a su hermana Ana que formara parte de la trama, Ana, su hermana, aunque creía en los poderes de Rosa no era mujer relacionada con el ocultismo, pese a ello el plan era sencillo. Rosa lo dirigiría todo y llevaría la voz cantante, la otra mujer tan solo debería figurar a cambio de una parte de las ganancias. Aquí entra en juego María Ángeles Rodríguez Espinilla. Una mujer casada con dos hijos que desde hacía unos 4 meses se había acercado a Rosa. Se dedicaba a sus labores, como se decía antiguamente, se casó al poco de conocer a su marido, Martín, y tuvo a sus dos hijos con poco espacio de tiempo. Feliz a los ojos de la gente, como lo parece la mayoría de la población, se trataba de una mujer desgraciada que encontró en Rosa un escape a su vida monótona y repetitiva, hasta tal punto que iniciaron una relación lésbica entre las dos. Semanas antes de la noche de autos, llega desde Valladolid María Mercedes, la hermana de María Ángeles, una chica joven de 26 años que resultaría tremendamente sugestionable. El plan de Rosa era claro, pese a que fuera secreto y nadie pudiera imaginarlo. Que su hermana y la de María Ángeles formaran también una pareja sexual, creando de esa manera un vínculo entre las cuatro en el que se mezclaba sexo, ocultismo y creencias delirantes. Puede que este plan incluyese el deshacerse de su familia; en el caso del Marido, no resultaba un problema, su carácter sumiso haría que él aceptará todo lo que de ella viniera; pero, ¿y su hija?, ¿qué hacer con ella? Puede que esa noche no fuera más que una exteriorización de aquello que pululaba por la mente desequilibrada de la mujer. Lo cierto es que son especulaciones, puede que solamente ella sepa la verdad, y con ella se irá cuando muera.
Es así como las cuatro mujeres, la noche del día 15 de septiembre, quedan para salir e ir a cenar. Rosa ha recolectado beleño, una planta psicotrópica cuya ingesta puede alterar la conducta y la percepción, con principios activos iguales a los de otras drogas más conocidas como la Burundanga
En la España de los recién estrenados noventa estaba de moda todo lo relacionado con el Satanismo, con el mundo del ocultismo, ya desde hacía tiempo se había exportado dicha creencia desde los Estados Unidos, donde fenómenos como la del Pánico Satánico, unidos a una tradición cinematográfica que se había iniciado ya en los años 70, con célebres películas como El Exorcista o la Profecía, con otras no tan célebres, más asociadas a la serie B, que inundaron las pantallas, sobre todo las de las casas gracias al video, con una temática, es cierto que en ocasiones burda, en las que demonios, sectas, simbología satánica en general, impregnaba las retinas de los espectadores; súmese a ello la época dorada del heavy metal, que tenía al diablo como uno de sus personajes favoritos, es cierto que en las más de las veces de manera frívola, y con el mero fin de escandalizar y molestar, pero sin traspasar límites algunos; unamos a todo esto la retahíla de asesinos en serie que desde los años setenta aparecieron en tierras americanas: los Kemper, los Dhamer, en los ochenta Richard Ramirez, que escuchaba heavy metal y practicaba el Satanismo; y qué decir del fenómeno ovni, que cómo vamos a ver también, aunque sea de manera secundaria, se encuentra en este caso. Todas estas creencias exportadas desde el exterior a través del cine, la música y los medios de comunicación, fue tomando en España su idiosincrasia propia. La rica tradición de las mujeres curanderas de las épocas medievales, asociadas a las conocidas brujas, tuvo su actualización en la proliferación de curanderas y sanadoras a lo largo de la España, si bien es cierto que también los hombres se dedican a estas practicas. Como decíamos al principio, no necesariamente dicha proliferación se dio de manera excluyente en zonas rurales, recordemos que Almansa era ya un pueblo grande que superaba los 20.000 habitantes y que estaba bien conectado tanto con Albacete como con la provincia de Valencia. Parece que en Almansa no solo triunfaban los videntes, también era conocida la presencia de sectas. En general, el mundo del ocultismo estaba presente, era fácil observar en los quioscos revistas que terciaban sobre lo paranormal, algunas aún vigentes como Más Allá o Año Cero, en las radios, ya no era tampoco difícil encontrar programas dedicados a estos lares, es cierto que en un horario de madrugada, pero con una legión de seguidores fieles; y ya, con la aparición de las cadenas privadas, la presencia de videntes, tarotistas y demás fauna esotérica, antes vista como maleantes, comienza a hacer actos de presencia en las parrillas televisivas; no solo públicas, recuerdo un debate entre Don Gustavo Bueno en la televisión pública madrileña, en la que el filósofo se enfrentaba dialécticamente a varios de estos profesionales de lo esotérico. En este contexto, la gran pregunta vuelve a nosotros. ¿Era Rosa una estafadora o creía en sus poderes? Es difícil responder a esta pregunta, quizás la explicación de que debido a la locura ella creía que lo que hacía era necesario, es la única plausible, ya que es muy duro llegar ni siquiera a imaginar que un ser humano por voluntad propia pueda llegar a tal grado de maldad, o no?
Lo cierto es que, pese a su falta de estudios o de cualidades reseñables, Rosa sabía moverse en su ambiente. Puede que por primera vez en mucho tiempo se sintiera importante, que encontrara su lugar en el mundo; era considerada una buena mujer que hacía el bien; algunos la llamaban: la hermana de la luz. Puede que no hubiera estudiado, ni fuera mujer de especial atractivo, pero sabía, como decía el polémico criminólogo Juan Ignacio Blanco – por donde atacar – y ante todo, sabía a quien hacerlo. Puede que sus deseos homosexuales no fueran fruto de una necesidad de experimentación, sino que se dieran desde el despertar de su sexualidad. En ese sentido, la elección de su marido, un hombre sumiso, que se plegaba a sus designios, fuera una consuelo que le permitía al menos no estar con un hombre que le diera órdenes y le cercenase la libertad; piénsese que si bien la homosexualidad ya se toleraba, en lugares como Almansa, dicen que las ciudades pequeñas son peores que los pueblos, tener una relación abiertamente homosexual podría ser problemático, pues solía reinar por esos lugares un cierto puritanismo aún vigente de tiempos pasados, incluso entre la gente que votaba a partidos progresistas. Rosa no tardó en darse cuenta que María Ángeles no solo se podría convertir en su amante, sino en poco menos que su esclava, mujer de vida gris, puede que viera en Rosa a algo parecido a una promesa de aquello que en el pueblo, con su marido y sus hijos, nunca encontraría, no solo en el plano material, sus delirios durante el ritual así lo hacen pensar; lo mismo se puede decir de las hermanas de ambas. Ana, la de Rosa, que siempre había manifestado una fuerte sumisión hacia ella, en cuanto a María Mercedes, se trataba de una mujer insegura que había aceptado venir desde Valladolid para conocer a Rosa. Los informes psicológicos demostraron que se trataba de una mujer muy sugestionable y en la que se podía apreciar un sustrato neurótico-depresivo. Dicho todo, ahora sí, comenzamos con el relato de los hechos, volviendo a recordar que incluso hoy en día, y pese a la existencia de una sentencia, nadie sabe exactamente qué ocurrió entre el día 15 y 18 de septiembre.
Las dos parejas de hermanas salen a cenar, sus maridos quedan en casa. Rosa ha recolectado la planta alucinógena, de la cual son conocidos sus efectos desde tiempos medievales. Las mujeres acaban en casa de Rosa, allí, ella y María Ángeles mantienen relaciones sexuales, las otras mujeres son obligadas a mirar. Pero no se trata en absoluto de sexo convencional, la droga, y sus creencias personales les hace creer que se encuentran en presencia de Dios; orinan y defecan en la cama en la que han tenido relaciones sexuales, rompen objetos y los restos quedan por el suelo, algunos de ellos son cristales, pero eso no les impide revolcarse por el suelo y cortarse. Rosa afirma que a través de su boca se manifiesta San Gerónimo, célebre padre de la Iglesia, conocido por ser el autor de la Vulgata Latina. De esta guisa pasan la noche, sin dormir. Rosa, tras un cierto estado de lucidez se da cuenta de los excesos acaecidos, le da las gracias a María Ángeles, y esta afirma que ya no es una persona humana, sino una identidad extraterrestre, aquí es donde comienzan las diferencias en los relatos, pues en alguna se afirma que fue Rosa la que afirmaba ser ahora un ser del espacio exterior. Rosa no tiene suficiente, y se va a buscar más beleño. En esta ocasión le exige a María Ángeles que lleve a su madre y a sus hijos, al parecer el problema reside en que su marido Martín es el diablo, y por ello su familia necesita recibir un exorcismo. Pese a lo indecente y brutal de la situación las dos hermanas callan y se someten a los designios de Rosa.
En la casa de Rosa se juntan en una habitación siete personas, a las cuatro mujeres, que ya llevan muchas horas bajo los efectos de las drogas y sin apenas conciliar sueño, se unen la madre de Rosa y los hijos de María Ángeles, el objetivo es claro, librar a la familia de la influencia diabólica del progenitor, algunos ven en esta obsesión un reflejo del amor lésbico que Rosa experimentaba y que no podía exteriorizar, el comparar al esposo con el diablo, una vez más ese terrible error ontológico que preconiza una lucha entre el bien y el mal y que cada uno gestiona como más le interesa, pero aún es pronto para explicaciones, continuemos. La imagen es una metáfora absoluta de la locura; las cinco mujeres conforman un círculo y los niños se encuentran en el centro: rezos, gritos, movimientos exagerados, de nuevo muebles rotos, ausencia absoluta de cualquier tipo de moderación, Rosa mete los dedos en la garganta de los niños, cree que de esa manera les podrá sacar al diablo, los niños sangran, la escena hace ya mucho que ha sobrepasado lo dantesco, es el triunfo de ellos, los pesimistas y los antinatalistas, quizás no fueran tan exagerados después de todo.El triunfo de todos aquellos que creen que somos un inmenso error en el océano de la existencia. Por suerte el padre de los niños, aquel que comparan con el Maligno, hace acto de presencia y logra sacar a sus hijos de las garras del desvarío y el oprobio, pero no logra que su mujer le acompañé. Esto no frena el delirio, muy al contrario, lo agravará. Ana, la hermana de Rosa abandona la casa, para regresar más tarde, ante el miedo de que algo les haya ocurrido, al llegar la situación no solo ha mejorado, sino que toma tintes de imposibilidad de retorno a la cordura. Rosa le dice a su hermana que ella es Jesucristo y que María Ángeles es la Virgen María y que se van a casar. Las personas, allá fuera, siguen con su vida, ajenas a que el mal no aparece solo en las obras de la ficción, de que es tan real como el aire que respiramos y como el café que tomamos por las mañanas. El enfermizo esperpento continua.
Rosa, tras días en estado de neurosis, llega a la conclusión de que María Ángeles está embarazada del diablo. La que antes era objeto de su amor, parece haberse convertido en el objeto de su ira. Antes, el marido de Rosa ha entrado en la habitación, es instado literalmente por ella a que limpie su mierda. El marido tras limpiar el conglomerado de sangre, vómitos, heces y orina es conminado a a salir de la habitación e ir en busca de Rosita, la hija de ambos. Rosa comienza a darle patadas en el estómago a María Ángeles, con objeto de provocarla un aborto y evitar, de esa forma, que el supuesto hijo del diablo llegue a la tierra; pero el instinto de María Ángeles le hace reaccionar. Afirma haber tenido hace poco, o que en ese momento tuvo, de nuevo las versiones difieren dependiendo de a quien se escuche, la menstruación, por lo que un embarazo no es viable. De esta forma la atención de la depravada madre gira hacia su hija Rosita, que está a punto de llegar a la habitación, y que hasta entonces no había tenido la regla, algo perfectamente comprensible teniendo en cuenta su edad, puede que aún le faltasen unos meses, incluso más de un año, mas la lógica, si es que la hubo alguna vez, ya apenas importaba. Comienza así el episodio más escalofriante que pueda idear mente humana, y sin duda, el parricidio más salvaje que se recuerden en tierras españolas. Las mujeres tumban a la niña en la cama, clavan agujas en muñecos, orinan en el suelo y rompen objetos de la casa mientras rezan, antes el padre ha sido expulsado, pero en vez de dar aviso a las autoridades, se queda con la hermana de Rosa rezando en la puerta. Las dos hermanas sujetan a la niña de los brazos mientras Rosa le levanta el camisón, su único fin es quitarle el demonio que ella cree que tiene dentro. Para hacerlo introduce sus dedos en la vagina, algunos medios afirmaron que lo hizo por el ano, de nuevo una diferencia, que pese a su brutalidad no modifica la horrible esencia del acto violador de la condición humana. Más tarde Rosa introduciría su mano y su brazo entero, algunos afirman que los dos, para extraer no solo el útero, sino también las vísceras, no le basta con una sola extracción – hay un nido – exclama, y de esa manera continuó extrayendo órganos de su hija – Bendito sea Dios y sal cabrón – son expresiones que salen de su boca tras ser ideadas por su perversa mente. La niña tan solo exclamaba: – acaba ya mamá, acaba ya -. No hacer falta recrearse más, se pueden hacer más que idea cabal, lo prometido es deuda, no describiré con más detalles lo sucedido en esos momentos. Para que se hagan una idea definitiva, a la niña solo le quedaron tres órganos en su interior, el resto estaban esparcidos por la casa junto con la orina y los objetos rotos. Finalmente, el padre y Ana, la hermana de Rosa, lograron entrar en la habitación. Al hacerlo, sus ojos vieron una de las escenas más abominables, intrínsecamente malignas que estos cúmulos de circunstancias y causas que llamamos vida, puede ofrecer. Las mujeres reaccionan de manera violenta, Jesús el marido puede escapar, Ana no correrá la misma suerte. Dentro de su locura, Rosa se da cuenta de lo que ha sucedido, y llega a la conclusión de que si le arrancan los ojos a su hermana y los pone encima de su hija, esta, por intersección de Santa Lucía, retornará a la vida. Es atacada por las mujeres, si bien logra escapar, pese a ello sufrió lesiones en las córneas por las que tuvo que ser ingresada y por las que aún hoy en día sufre secuelas. Tras el hecho atroz, las mujeres empiezan a ser conscientes de lo sucedido, como si esa claridad que nunca había existido los días pasados, hubiese hecho acto presencia como un ángel extraño que se aparece ante los mortales cuando estos menos pueden tanto esperarlo como desearlo. Cada una de ellas emprendió la huida por separado. Rosa fue encontrada en un bar cercano, se mostraba tranquila como si nada hubiera pasado. María Ángeles asaltó a un conductor e intentó huir en el vehículo, siendo detenida más tarde. María Mercedes permaneció en la escena del crimen y fue detenida sin oponer resistencia. El padre de la niña y su tía también fueron detenidos en el macabro lugar, si bien durante el juicio comparecieron en calidad de testigos, no siéndole imputados ningún delito.
En enero de 1992 en la Audiencia Provincial de Albacete comenzó el juicio contra Rosa González y María Ángeles Espita; de manera que solo se puede calificar como sorprendente, se consideró que María Mercedes no era responsable penalmente por los hechos acaecidos el fatídico día. La sentencia consideraba como hechos probados que Rosa, ayudada por las otras dos mujeres, evisceró a su hija, provocándole la muerte, concretamente se habla de un choque hipovolémico, es decir, una pérdida de sangre grave, fue definitivo el informe psiquiátrico que se elaboró sobre las dos mujeres, llegando a la conclusión que habían sufrido una enajenación mental transitoria provocada por un trastorno disociativo de trance o posesión. Dicha enajenación se trata de una eximente completa que impide imputar un delito a la persona que padece esta situación, al menos que dicha enajenación haya sido provocada con el objeto de delinquir, algo que visto los hechos no es mi mucho menos descartable. Finalmente se optó por una medida terapéutica, la de ingreso en un centro psiquiátrico, durante 7 años, si bien las mujeres estuvieron ingresadas unos cuatro años y medio. Tras ello cada una tomó destinos diferentes. Rosa se fue a Valencia, donde al parecer trabajó cuidando a personas mayores, y María Ángeles marchó a Valladolid. Pese a que se puede afirmar que llevaron una vida discreta, Rosa concedió alguna entrevista para la televisión en la que no demostró especial arrepentimiento.
¿Qué es lo que hay en las profundidades del alma humana?, ¿qué acontece en las zonas abisales de nuestra mente? Casos como el del exorcismo de Almansa hace que estas preguntas, pese a que sean formuladas de otra forma, resuenen en nuestra cabeza como rayos que caen desde la noche. Ante todo, nos hace reflexionar sobre si existe el Mal, y muchos lo niegan ya que asociamos el Mal como una entidad, como un efecto de una causa que solemos denominar demonio, diablo, Lucifer o Satanás. La expandida mente materialista se niega a aceptar la existencia de estas entidades, y lo resume todo en un compendio de motivos biológicos, psicológicos y sociológicos, y no se tome esto como un ataque al cultivo de las ciencias y a sus explicaciones. Pero la más de las veces, al resumirlo todo en una ecuación, dejamos fuera las profundas reflexiones que se ocultan allá, en las profundidades de los océanos, los de las limitaciones, o excesos, según se vea, de la razón. Y lo hacemos para no admitir que no es necesario la presencia de lo demoníaco ni lo sobrenatural para explicar la presencia del Mal, lo hacemos porque simple y llanamente porque no queremos admitir que el Mal anida dentro de nuestras entrañas, que el Mal somos nosotros mismos.
Si nos fijamos, muchas veces el pesimismo y la misantropía no buscan exponer sus tesis a través de las grandes aberraciones, si no en la inmanencia del día a día, estos pensadores no recurren a las grandes tragedias, si no a las decepciones del día a día, abogan como la muerte y el paso del tiempo hacen que todo acabe siendo absurdo. No importa que seamos excelsos poetas, seres dotados de las más altas virtudes, creadores de las bellísimas melodías que inundan la vida, que nuestra vida haya estado llena de aventuras, gracias y desafíos; al final estamos llamados a desaparecer, y lo peor, a ser olvidados, enterrados por el polvo que viene de las mismas estrellas. No es este tema baladí, y podríamos hablas largo y tendido, pero ciertamente, no debemos dejar al lado este tipo de hechos, que es cierto que se pueden considerar aislados, pero en los que hay un sustrato casi más tenebroso que el de los mismos hechos; y no, no es oportunismo, miren la historia, pero no la de los libros, sino la del día a día, y comprobarán que no solo no se trata de algo tan aislado, sino que en ellos rigen procesos y patrones que han de ser tomados muy en cuenta.
En la psicología existe la figura de la apofenia, antes de dar una definición de la misma vamos a hacer referencia a una paradoja que se asocia con las falacias lógicas, me refiero a la paradoja del francotirador. La misma hace referencia a lo siguiente: una persona dispara sin apuntar a una pared, un lugar, tras ello se dirige a la zona de impactos y pinta una diana, tomando como centro la zona de impacto del proyectil. Más tarde, a la gente que llama o que pasa por ahí, les dice que él ha realizado todos los disparos, y posiblemente, la mayoría no se dé cuenta del engaño, y lo tenga como un gran francotirador. Esta falacia, como tantas otras, es la base o se utiliza en los fenómenos apofénicos, es decir, aquellos en los que hechos que son aleatorios, y en los que no rige el principio de causalidad, son tomados como conectados, por relación de causa-efecto, percibiendo un patrón y un proceso. Es decir, damos sentido y realidad a hechos que no lo tienen. Algunos dan una explicación psicobiológica, relación la secreción de dopamima con la capacidad de crear patrones. Y no sacó a colación estos términos para tratar de explicar los descalabrados razonamientos de Rosa y sus secuaces. Pero si vamos un poco más atrás, vemos que son las creencias que a ella le dieron fuerza los que son regidos por esta batalla entre irracionalismo y racionalismo, entre razón y superstición, batalla en la que los colores y formas de los uniformes apenas se pueden distinguir, y los contendientes se acaban matando entre ellos sin saber a qué bando pertenece aquellos que tienen en frente. Vaya por delante que no es este un ataque a las personas, entre las cuales yo me incluyo, que tienen intereses por materias como la Makgia, el tarot, la astrología, aquello que se puede considerar tanto paranormal como preternatural, y que podemos resumir en lo sobrenatural. Mas estas materias son tremendamente profundas, y se requiere tiempo y compromiso para conocerlas, y generalmente, cuando más conocimiento se tenga, más alejado se estará de las interpretaciones mundanas que se suelen dar de las mismas, y más alejados estarán de los impostores que suelen hablar de estos temas. Es la necesidad de buscar relaciones donde no las hay las que hace que una persona se ha curado, no solo porque se le da una planta medicinal con ciertas propiedades, sino porque se la ha dado determinada persona, o porque se ha rezado a un santo concreto, o porque durante x días se ha hecho una o tal cosa. Pero los impostores no son solo los sanadores y trileros. El pensamiento mágico no es algo que esté relacionado con la religión, se da también en las ideologías, en las sociedades del tipo que sea, incluso con un simple grupo social. De esta forma ante la necesidad de creer en algo, de superar la maldita incertidumbre, seremos capaces pedir el exterminio para aquellos a los que acusamos de ser los exterminadores, pero como decía el maestro del Pesimismo, la diferencia entre la víctima y el verdugo es la, las más de las veces, una mera cuestión circunstancial. Pero ya hemos hablado quizás en demasía, y tampoco es este un momento para caer en complicados razonamientos filosóficos, es hora de acabar este relato sobre las profundidades del alma, humana, profundidades que por otra parte no descansan en las zonas abisales, muy al contrario, convivimos con ellas, cada día, están a nuestro lado, en la esquina en la que se vende el pan, en los rostros con los que nos cruzamos mientras esperamos la luz verde, así es, los monstruos tienen en rostro de la cotidianidad, y los diablos están hechos de carne, a imagen y semejanza de esa extraña fuerza que recibe el nombre del mal. Al final, una duda, que lejos de ser metódica o fuente de futuro conocimiento, nos sumerge en el mar de la oscuridad plena, en la idea del mal como una esencia, como un ente que dispone de realidad, como algo que incluso, como este loco mundo, puede ser engendrado por una sofía diabólica; la de que todo estuvo premeditado, y que la violencia desmedica e inhumana, así como los excesos totales, fueron deliberadamente protagonizados para buscar una eximente completa; un gran tal de horror que impele a pensar que nadie puede llegar a cotas tan altas de maldad, si no es por una mente quebrada y enferma.
El piso de la calle Valencia se consideró maldito por mucho tiempo, hasta que finalmente derruido, una cruz roja invertida fue dibujada en la puerta como señal y recuerdo de lo sucedido; poco más se supo de las autoras, el tiempo pasó y si bien el hecho marcó para siempre la memoria colectiva del lugar. A pesar del triste y desgarrador fin de la niña, algunos pensarán que fue afortunada, pues se fue muy pronto, y no tuvo que crecer, vivir y tal vez reproducirse en este reinado de oscuridad, de pulsiones, de deseos, de errores y disputas continuas en las que todos afirman ser los elegidos; puede que ahora este en esa extraña oscuridad donde ya nada puede tocarla, donde ya nada puede hacerla daño, una oscuridad inmensamente preferible a esta vida, y no es descabellado que a ella regresemos, al fin y al cabo, si provenimos de las tinieblas, lo más lógico es pensar que a ellas regresaremos.
