“Porque va a llegar el tiempo en que la gente no soportará la sana enseñanza; más bien, según sus propios caprichos, se buscarán un montón de maestros que solo les enseñen lo que ellos quieran oír”.
San Pablo. – 2 Timoteo 4:3.
El25 de marzo de 1997 treinta y nueve personas se suicidaron de forma colectiva en un rancho de San Diego, California. Eran todos miembros de una secta denominada “Heaven´s Gate”, la Puerta al Cielo en español. Eligieron esa fecha debido a que hizo acto de presencia ese día el cometa “ Hale Boop” y según su gurú, detrás de él se encontraba una nave espacial, la cual recogería sus almas ascendidas y las llevaría a otro plano de la realidad. Toda la actividad de la secta en sus más de veinte años de existencia giró en torno a un concepto, el del “Next Level”, el siguiente nivel.
Esta secta es interesante por diversos motivos. El primero es que es una de esas sectas relacionadas con la religión ovni, una forma de definir a gente que cree que los dioses son extraterrestres. Es cierto que se pueden nombrar a más de una, pero en esta, esa idea, es la preponderante, cuando en otras sectas es algo más complementario; de hecho sus gurús, pues hubo más de uno, un señor y una señora, decían que los extraterrestres se comunicaban con ellos a través de la serie “Star Trek”, háganse una idea. La segunda es que nunca fue una secta numerosa ni con excesiva publicidad. Surgida al hilo de la Nueva Era, y del interés por el esoterismo y el ocultismo de los años 70, unidos a las críticas a las sociedades consumistas. Los líderes daban conferencias tras haber publicitado en carteles callejeros sus ideas básicas. Lo normal era que la gente se fuera levantando hasta quedarse la sala casi vacía, pero también era cierto que si alguien se quedaba tras haber escuchado de qué iba el tema, los gurús, que eran una señora y un señor, que se hacían llamar “Ti y Do”, ya tenían mucho ganado. La tercera es que si bien es cierto que algunos adeptos dieron importantes cantidades de dinero, tampoco parece que los líderes ni acólitos más cercanos se pegaran la gran vida como ocurre en otras sectas. Algo análogo sucede con el tema sexual, pues si bien todos los miembros vivían juntos, hombres y mujeres, el celibato era obligado, de hecho las mujeres llevaban el cabello muy corto, y pese a que no había un uniforme como tal, se llevaba un estilo de ropa holgada para los mismos sexos. Al contrario que en otras sectas, no he encontrado embarazos no deseados, denuncias de violaciones o pruebas de relaciones sexuales continuas. De hecho, Applewaite, que así se llamaba el gurú, la mujer había muerto unos diez años antes, se sometió voluntariamente a una operación quirúrgica para que le extirparan los órganos sexuales, parece que, antes del fatídico día, siete miembros varones de la secta también lo hicieron. Por último, lo que llama la atención es que, gran parte de sus miembros era gente con formación académica y tenían trabajos especializados. No sé si esto ocurre en todas las sectas, yo diría desde mi ignorancia que no, pero es posible que en este tipo de sectas, en las que prima más la calidad que la cantidad, sea así.
Por otra parte, en la secta vemos las prácticas habituales en estos lares, desde renunciar a tu nombre, todos tenían nombres que acababan en “ody”, tenía que ser un poco caótico la comunicación, a instaurar códigos rígidos de conducta, desde lo básico, como hacer la comida, hasta lo más complejo, como el rechazo de la sexualidad. Una de los grandes interrogantes sobre “ Heaven´s Gate es si verdaderamente tenían la cabeza lavada o por el contrario creían en la narrativa de la ascensión y en la práctica del siguiente nivel. Lo cierto es que es una pregunta compleja, para ello está la psicología, la sociología, el sentido común, los estudios sobre sectas, pero, ¿verdaderamente, cuál es la diferencia? Pongamos como ejemplo nuestras creencias, sean del tipo que sea, desde las religiosas a las políticas o incluso las accesorias y más mundanas; ¿ las tenemos en base a nuestra voluntad, libre albedrío y reflexión?, ¿o en mayor o menor medida nos son impuestas, enseñadas, acondicionadas? Supongo que esto nos remite al eterno debate de la libertad, pero no mezclemos más las cosas.
Una de las cosas que más me llamó la atención de los adeptos ( hay varios documentales sobre la secta), es la felicidad que irradiaban sus miradas, una felicidad casi mística, monástica. ¿Tienen razón los ascetas y los santos?, ¿solo somos felices cuando nos libramos del miedo de perder algo, incluso nuestra vida? Por otra parte, adoptando una actitud pesimista y escéptica, podríamos colegir que la felicidad es el auténtico invento del diablo, que su exigencia y búsqueda es lo que verdaderamente atormenta al hombre, haciéndole caer y girar en un torbellino de pasiones, y que no tiene nada de malo no ser feliz, de hecho es preferible simplemente no parecer, pues por lo general, los momentos de placer, pese a la euforia, son precedidos de muchos momentos de esfuerzos y luchas, y por eso se apela, no solo en las sectas, a la idea del sacrifico, del cumplimiento del deber, en definitiva, de la autoexplotación; ¡tranquilos, no voy a hablar de Chung Byung Han! Me ocurre con este pensamiento lo mismo que con el primero, cómo ven hoy no responderemos a respuesta alguna, ni aunque nuestros amigos de los cielos nos ayuden.
Ante todo, la enseñanza que sacó de esta historia es que el progreso es una broma de mal gusto que nos venden desde el cielo y la tierra. Y es que se suele identificar avance tecnológico, que es innegable, con progreso, en el sentido histórico, epistemológico, y casi sagrado, que se le da a este último, pese al auge del materialismo. Que personas que viven en sociedades avanzadas postindustriales con estudios y sin aparentes problemas mentales o de otro tipo, criados en buenas familias y en entornos aceptables, se comporten de una manera análoga a cómo lo hacían personas de otras épocas, nos ha de llevar a la reflexión de que en la psique humana hay patrones y procesos que se repiten, y que se reflejan en los grupos sociales, en las comunidades y en las sociedades. Siempre habrá gente que tendrá la necesidad de creer en algo que es improbable e incluso absurdo, y la razón no ha de estar en grandes traumas, si no en hechos convencionales, como puede ser una mudanza o un cambio de trabajo. Por otra parte, si bien es comprensible que veamos a esta gente como excesiva y trastornada, que nos den pena; no debemos creer que somos tan diferentes, los procesos sectarios se repiten de manera cotidiana en la sociedad, y es su gradación lo que nos diferencia de que nos llamen ciudadanos o locos. En tiempos de corruptela política y moral, que miles de personas estén dispuestas a defender a su partido político, que adopten un maniqueísmo obsceno y burdo defendiendo al de su bando, o simplemente que su mente quede obnubilada por la cortina de humo que los medios de comunicación, las universidades y los poderes fácticos extienden hasta nuestros ojos, nos debería hacer comprender que, en esencia, podemos no ser tan diferentes a aquellos que el 25 de marzo de 1997 murieron con la certeza de que, al fin, ya eran dignos de alcanzar el siguiente nivel.
