“Puede también considerarse nuestra vida como un episodio que turba inúltimente la beatitud de la nada. Sea como fuere, todo hombre para quien apenas es soportable la existencia, a medida que avanza en edad, tiene una conciencia cada vez más clara de que la vida es en todas las cosas una gran mixtificación, por no decir engaño…”.
Arthur Schopenhauer. El Mundo como Voluntad y Representación.
Arthur Schopenhauer, el primer y gran pesimista, maestros de maestros, díscípulo de los Hegesías, Calderones y Gracianes que en el mundo hubieron. ¿Cómo resumir su filosofía?, me atrevo a hacerlo de la siguiente forma: el dolor que se experimenta en la vida no es un fallo en el sistema, es el sistema mismo.
En el día de hoy asistimos a un nuevo capítulo de corrupción del gobierno español, en el que no voy a ahondar, ya que al menos que hayan decidido extinguir totalmente su voluntad, como recomendaba el fiel amigo Arthur, sabrán de qué va el tema. Sí que se puede hacer énfasis en que el gobierno actual llegó al poder gracias a una moción de censura validada principalmente por su promesa de regeneración democrática y su lucha contra la corrupción. Esto nos retrotrae a una mezcla entre las películas de Ozores, esas que precisamente la sectaria Ley Miró puso como excusa para crear un monopolio, otro más en España, a vodevil, a engaño de vidente que se anuncia en televisión, a bula de expiación de los pecados a cambio de 30 monedas de plata.
-Este relato, con sus profundas reflexiones sobre la vida, la felicidad y el destino, sirve como una conclusión contemplativa para el libro. La narrativa se enfoca en las experiencias emocionales y filosóficas de los personajes, cerrando los temas recurrentes de la búsqueda de sentido en un mundo tecnológicamente avanzado. La idea de que “la belleza nos ha de esperar” y la mención de un “mago inexperto” que manipula la realidad, ofrece una metáfora poética para cerrar las diferentes narrativas-.
Este comentario pertenece al informe de lectura de mi editor Adrián, sobre mi siguiente libro “Hijos Bastardos del Cogito”. Me sorprendió que lo eligiera para cerrar el libro, ya que es un relato de apenas 3 ó 5 páginas, dependiendo de la edición, y no tenía más intención que darle un tono poético y hasta cierto punto alegre a un libro que es eminentemente pesimista, incluso misántropo. ¿El mundo se rige por reglas, o simplemente el caos en ocasiones adopta ciertas formas?, hay una providencia?, sino un dios padre que nos quiere, aunque a veces tenga mal vinagre, ¿al menos podemos confiar en ese orden, que es el de la razón, el lenguaje, las matemáticas, el logos de los griegos y del Evangelio de San Juan?, ¿Al final existe un mago pero es inexperto y le queda mucho por aprender, por eso este mundo básicamente es un desastre?; sí lo sé, recuerda el mago a ese Demiurgo de Platón y los gnósticos, no me pidan que sea original a estas alturas.
A mi modo de ver, las reacciones ante el absurdo de la existencia y sus problemas tienen dos respuestas que en esencia son iguales, Una es Dios y sus renglones torcidos, la otra es el progreso acompañado de sus aliados, la Ciencia y la Política. En los dos observamos un optimismo antropológico a la par que metafísico, el cual actúa en las mentes de los ciudadanos como las arengas medievales en las de los cruzados. De la misma manera que matar por Dios a veces es tolerable, un poco o un mucho de corrupción se puede tolerar para que no gobiernen los malos, que son los otros. En este razonamiento, más propio de la barbarie que de cualquier cosa que se asemeje a la civilización, se resume el panorama político actual; al final la carne es débil, y el amor al dinero es la raíz de todos los males, verdades sustanciales, que lo son, no porque lo ponga en la Biblia, sino porque el género humano es como es, y tras veinticinco siglos de progreso, no parece que la cosa vaya a cambiar. Por ello había que plantearse que de la misma forma que el dolor no es un fallo sino el sistema, tal vez el problema de la democracia no sea que la corrupción es un fallo en el sistema, sino que es el sistema mismo, y de esto hablo bastante en mi siguiente libro, en un relato Cyberpunk “Hijos Bastardos del Cogito”, que da nombre al libro, y un segundo de ciencia ficción militar, “La última Noche del Capitán Hassler”, continuación de mi primera novela “Tiempo de Mantras”, en los que presento sociedades sin corrupción pero en las que no existe la libertad, y sociedades con todo tipo de libertades en las que solo hay corrupción. Por ello, imbuido de optimismo y seguro de que leerán el libro, lo dejamos aquí para centrarnos en el aspecto mágico de la realidad.
Puede que alguna vez hayan buceado por internet y visionado uno de eso videos que hablan del absurdo de la vida, no me refiero a esos horteras de Estoicismo, que te dicen que si eres mileurista es porque no pones en práctica las enseñanzas de Marco Aurelio y otras gilipolleces varias. Me refiero a una serie de creadores de contenido que hablan de las teorías pesimistas sin medias tintas, he decidido no nombrarlos ya que exponen el pensamiento de algunos autores que optaron por el suicidio y la verdad es que el mensaje de estos videos, sin ser causa de nada en concreto, puede no ser apto para personas que tal vez atraviesen ciertos momentos. Lo cierto es que yo, pese a mi pesimismo y mi misantropia, moderada, si es que esta puede serlo, nunca he defendido el suicidio, y lo cierto es que esta postura puede ser incluso contradictoria, pero ese es otro tema. En general estos videos nos explican como nos han engañado, de que pese a las construcciones sociales, la vida es por lo general un mal negocio, puede que la peor sensación no sea la de la aceptación del dolor, y de todo lo malo que nos rodea, sino la de que todo se debe a un obsceno vendaval de caos y azar, puede que el mismo que generó esta vida, esta existencia, en este trozo de materia, espacio y tiempo que denominamos mundo, universo y vida; en definitiva, nos encontramos solos ante el absurdo, no hay Dios, no hay un arquitecto, la idea de que el mundo sigue un orden también es difícil de aceptar: terremotos como el de Lisboa que dio munición a Voltaire, tsunamis, los antes conocidos maremotos, niños que nacen con deficiencias psíquicas y físicas, enfermedades incurables nuevas que aparecen frente al avance de la Ciencia, la Naturaleza como madre exigente que al tener tantos hijos no le importa que algunos mueran, es la picadora sempiterna, al menos presente mientras haya materia, que tritura a sus hijos, pero sobre todo la idea de que todo es pasajero, de que el fin llegará porque los planetas se apagarán, de que los fines que le damos a nuestra vida son tan ridículos como los niños que juegan a poder volar con alas de papel. Nos es conocida esa sensación, Kierkegaard la llamó «el pavor», y por ello, a su manera, se entregó a Dios, otros se entregan al partido político, al equipo de fútbol, a su trabajo, a su familia, y no sé si eso es casi peor; algunos pretenden sobrevivir a través de sus hijos, de sus obras, pero en el fondo es tan ridículo como la creencia en un dios personal que nos ama pero que se enfada porque en vez de ir a misa nos quedamos en casa viendo el Madrid. de los miles de millones de personas que han existido a lo largo de la historia apenas recordamos a un 0,00001 por ciento; todas las huellas acaban siendo borradas por mucha descendencia que se tenga, como mucho queda un recuerdo de una antigua foto que acaba oliendo a pasado y muerte; miles de millones de hombres con talento han sido olvidados, incluso en el caso de que hayan conseguido la fama, no han estado exentos de padecer las tribulaciones de la vida, ese maldito yo, ese maldito talento, no les libró las más de las veces del oprobio, del sufrimiento, de las adicciones y del dolor, muchos optaron por el suicidio y otros estuvieron muertos en vida, como lo están la mayoría de los moradores del planeta pese a todos los engaños diarios que nos creamos y que se resumen en esa temible farsa que es la vida social, incluso aquellos que renunciaron a la vida para obtener la inmortalidad se verán superados cuando los astros se apaguen, quizás nos quede el consuelo de que todo esta sea una simulación, y de esto hablo también en uno de los relatos de mi libro “ La Cámara 247”.
Por todo lo narrado, debemos asistir con cierta ataraxia al espectáculo dantesco de la política. No hay solución para la corrupción mientras que exista la política, porque la política es en esencia el arte de la persuasión y el engaño, y mientras millones de personas sean seducidas por la falsa idea de pertenecer a un algo bueno por el simple hecho de depositar la papeleta en una urna, el engaño se hará ley, como el expolio se hizo en otras ocasiones palabra de Dios. Tal vez solo podemos aspirar a que personas decentes pese a sus defectos, nos den una cierta sensación de justicia: cósmica, humana, o cómo sea, pero justicia al fin y al cabo; en este caso los jueces, fiscales y guardias civiles que al menos por ahora, han conseguido que España no sea Venezuela, mi reconocimiento a ellos, sirva este artículo a modo de homenaje a ellos, desde los jueces hasta el pueblo venezolano.
Quería hablar de ese mago inexperto, y de cómo la magia supone un término medio entre las creencias religiosas necesarias y las materialistas contingentes, pero ya ven, el hombre propone y el caos dispone, así que hasta la próxima, tiempo queda para hablar de mi libro, y para seguir contemplando el espectáculo, mientras tanto y a modo de cierta esperanza, parafraseando a Alejandra Pizarnik, y con la que abro el relato del mago inexperto: “que nuestro cuerpo sea siempre un amado espacio de revelaciones”.
