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El EXTRAÑO VIAJE

“ Las naciones sin orgullo ni viven ni mueren. Su existencia es insulsa e inútil pues únicamente gastan la nada de su humildad. Solo las pasiones podrían sacarlas de su monótono destino. Pero carecen de ellas”.

Emil Cioran. Breviario de los Vencidos.

“Son buenas gentes que viven, laboran, pasan y sueñan y en un día como tantos, descansan bajo la tierra”.

Antonio Machado. He andado muchos caminos.

Al ver las caras rasgadas, viejas, como carcomidas por el rey de los asesinos, el tiempo, devorador de todos los dioses; la sensación acuciante es que España ha evolucionado, que ha vencido el retraso, más aún si se observa al unísono a esa joven de otra generación bailando como Dalila en los tiempos de Babilonia. La música una vez más como limosna de la existencia, que no indulta la condena, tan solo alarga el momento de la ejecución.

Es habitual escuchar que desde el fin de la dictadura, España ha evolucionado no solo desde un punto de vista económico, sino también desde el punto de vista, ¿no sé?, unos lo llaman intelectual, otros cultural. Especialmente la gente afín al PSOE suele hacer esta reflexión presentando al partido como una especie de mesías que nos sacó de la oscuridad, de la barbarie, y si me apuran del pecado.

En esencia está afirmación me parece falsa, aleatoria en sus planteamientos, y claramente manipulada. Voy a utilizar la película de Fernando Fernán Gómez para defender mis argumentos.

“ El Extraño Viaje “ es una película de 1964 pero que no se estrenó hasta el año 1970 en un cine de barrio de doble sesión junto a una película del Oeste de bajo presupuesto. Desconoce el autor del artículo si los censores de la época volvieron a ver, una vez más, el pecado antes mentado en todas partes, o como sí ha ocurrido con muchas otras películas vanguardistas, la gente de su tiempo no la entendió. Y es que si en principio esta puede ser una película costumbrista, una comedia, una historia de amor, o varias, termina por ser eso que ahora se llama un thriller, perdón si lo escribo mal. La película está basada en los crímenes que acaecieron en la localidad murciana de Mazarrón, y que en esa época llegaron a tener bastante difusión mediática.

En mi opinión, las bondades de los socialistas son tan etéreas como las apariciones de la Virgen o del diablo, que en ocasiones acaban siendo lo mismo. Tras una dictadura, causa del retraso ideológico que los españoles llevamos a cuestas, y la llegada de la libertad, ese cambio se hubiera producido independientemente de qué partido hubiera gobernado; además, no veo un especial progreso en el campo ideológico. Se pasó del Nacional-Catolicismo, cúspide del coñazo y la hipocresía, al monopolio que el Psoe instauró con algunas de sus habituales fechorías, véase la típicamente estalinista “Ley Miró” que convirtió el Séptimo Arte en uno de los, yo diría que el principal, chiringuito del Gobierno. Para quien no lo sepa, en esencia la ley dice que quienes no sean amiguetes del régimen no verán un duro, ¡qué no!, que no me refiero al de Franco. Todas las películas deberán reflejar los valores del Socialismo, ¿os suena, amiguetes?, de lo contrario no serán financiadas. Una vez más, como ha ocurrido tantas veces, la acción del Estado acabó con la iniciativa privada. Las productoras humildes pero que lograban sacar sus proyectos no pudieron competir con el dinero que los señores socialistas manejaban a su antojo. Grandes directores, actores y técnicos de los años 60 ó 70 que protagonizaron películas entrañables, míticas, ¡y qué cojones!, algunas verdaderamente buenas e innovadoras, ejemplos son el Fantaterror o el género de vaqueros e indios a la española, se quedaron sin oficio. El propio Jesús Franco que hace una interpretación maravillosa en esta película y que sufrió en sus carnes esta ley, siempre habló con desprecio de la señora Miró. A mí, personalmente, sus películas siempre me han parecido un coñazo a la altura de los sermones de los curas de Franco, pero para gustos los colores. En resumen, los que no se hicieron de la secta progre se tuvieron que dedicar a otra cosa.

Que España creció económicamente y que el nivel de vida mejoró es otra verdad a medias que de tanto repetirse acaba convirtiéndose en mantra o jaculatoria. Opino como muchos economistas que los problemas principales de la economía española vienen de los tejemanejes que se hicieron en los años 80. El Psoe destruyó el tejido industrial español en los años de esa década. “ La mejor política industrial es la que no existe” lo dijo Carlos Solchaga. Este tema es un tanto complejo por la cantidad de variables y datos e invito a los lectores a que se informen. En definitiva, la baja productividad de las empresas españolas y la dependencia del sector servicios se debe a esos años. También las modificaciones en los contratos afectaron al empleo, en este caso, el eterno asunto de los fijos y discontinuos afectó a la capacidad de contratación de las empresas, donde cierto es, habrá mucho malnacido, pero en las que la demanda de empleo por parte de ellas va muy ligada a la capacidad de producir y obtener beneficios, y aunque sea poco popular decirlo, si el despido es caro, el problema es que la empresa deja de contratar, y lo mismo pasa con el tema del salario mínimo, con el que se ha demostrado de manera empírica que su subida afecta a la contratación e incrementa el desempleo estructural entre los más jóvenes y trabajadores menos cualificados, además de incrementar la economía sumergida.

Que siempre que los socialistas han perdido unas elecciones, la situación económica que han dejado haya sido desastrosa no es fruto del azar. Vaya por delante que no pido el voto para la derecha, para ellos también tengo y lo dejo para otro artículo: quizás elija “Posesión Infernal “ como película para hacer el análisis. Precisamente, una de las razones por las que no voto es porque ,por desgracia, en España todos los partidos son socialdemócratas.

El tiempo es asesino, pero también certero juez. La película no tardó en alcanzar un estatus de culto para algunos, pudiendo estar en el podio de las mejores películas españolas. Puede que por esto merezca la pena leer, estudiar, escribir, no sé una vez más, hacer cosas; cada uno las que pueda o las que le gusten. Porque a veces sientes esa pureza perdida desde ya el mismo nacimiento. Te sientes como uno de esos seres de Vicente Aleixandre, un trozo de poesía, de materia vivificada, de pedazo de ese tiempo que algún día terminará, ¿o no? Y lo haces porque no te explicas cómo es posible que una película desconocida, rodada en un pueblo de la España Rural de los 60, en la que Rafaela Aparicio y Jess Franco hacen de hermanos, pueda ser tan innovadora, inclasificable, psicológica, realista y espectral a la par, en definitiva, tan llena de gracia. Al verla te das cuenta de que nada ha cambiado. La gente sigue siendo en esencia buena, pero no exenta de esos ataques de ira que protagonizan los pueblerinos que tiran piedras a los balcones. El ambiente carcelario de las redes sociales, de la televisión, del cine que sigue subvencionado e ideologizado hasta el extremo son pruebas de ellos. Tampoco se ha vencido ese moralismo de callejuela que en la película está interpretado por María Luisa Ponte y que ahora ha heredado la izquierda para decirnos cómo tenemos que comer, gastar, movernos y hasta follar. Son ahora esos moralistas del twitter gente resentida como la pueblerina, repugnantes no ya solo por su aspecto, para gusto los colores, como digo, sino por sus formas, sus modos, y sobre todo su caradura, pues la película nos muestra que una vez más el apóstol número 13 tenía razón, y es el amor al dinero la raíz de todos los males, pues al final de izquierdas o de derechas, defendiendo los derechos del trabajador, la lesbiana o el patriota, qué menos que un piso en el barrio de Salamanca o un ático en el Retiro.

Precisamente viendo a esa gente, al pueblo español, me emociono, porque han tenido que sufrir la dictadura y luego a la clase política española, y me acuerdo del poema de Machado.

No podrá existir un progreso real porque lamentablemente los patrones y procesos de las motivaciones y las conductas humanas son siempre los mismos; que la época varíe es circunstancial. La película nos muestra que las emociones humanas que solemos glorificar, como el amor, o en el campo de la política la igualdad, están siempre dirigidas a fines que a veces no percibimos conscientemente o que en cambio aceptamos plenamente aunque eso signifique traicionar algo en lo que creíamos, renunciar a una felicidad simple y en ningún caso grandiosa por solo la oportunidad de satisfacer unas ansias instintivas, propias de las alimañas, que sintetizan a los siete pecados capitales y que ni siquiera son seguras. El personaje de Carlos Larrañaga es un ejemplo, como lo son las luces tenues que se mueven por la oscuridad de la casa, el polvo y el hastío que caen sobre los viejos muebles del hogar ya perdido; el propio acto sexual como una forma de perpetuar la locura y el oprobio, mostrado magistralmente en el cuadro de los padres de los dueños de la casa, los más observadores se quedarán con el detalle de los rostros de los progenitores y posiblemente esbozarán una sonrisa.

Y nada más, no hay razones para el optimismo, el mundo siempre será esclavo de las ideologías y de las leyes aleatorias de sus gobernantes. Nunca habrá paz ni justicia, porque pese a que no seamos tampoco seres intrínsicamente demoníacos, es una broma de muy mal gusto eso de que somos buenos por naturaleza.

Pero ser pesimista no significa ser triste. Esta película también nos enseña que las cosas simples pueden ser complejas y, ¿qué hay más complejo que llegar a tener una vida simple?, en ello estamos amigos y amiguetes, y aunque nuestros enemigos son poderosos, no desdeñemos a nuestros aliados y a uno de sus más valientes: el cine hecho con libertad, sin ataduras ideológicas ni morales y con la alegría que supone siempre empezar, pues la vida no es más que eso: empezar una y otra vez.

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