Sublime: Excelso, eminente, de elevación extraordinaria.
Real Academia de la Lengua.
“ Todas las privaciones generales son grandes, porque todas son terribles, la vacuidad, la oscuridad, la soledad y el silencio “.
Edmund Burke. Indagación filosófica sobre el origen de nuestras ideas en lo sublime y lo bello.
En la película del año 1957 “ El Increíble Hombre Menguante “, dirigida por Jack Arnold, un hombre de vida normal y plácida se ve afectado por una extraña radiación que le provoca que se vaya encogiendo de manera progresiva. Paulatinamente, irá adquiriendo el aspecto de un niño para después hacerse de un tamaño casi minúsculo, circunstancia que le hará tener que enfrentarse a un gato voraz o a una terrible araña en un enfrentamiento épico.
Para Hegel, lo infinito permanece inmutable como significado absoluto, obturando así su expresión en el territorio de lo finito sensible.
Todos los templos paganos eran oscuros, al menos así lo afirma Edmund Burke en la obra reseñada arriba. Fue Burke representante del liberalismo conservador y enemigo acérrimo de la Revolución Francesa, por lo que cuenta con mis respetos. El Cristianismo en sus primeros tiempos no supuso un cambio en la estética de la práctica religiosa. El propio término de “ catacumba “ nos retrotrae a algo profundo, oscuro, aislado, y el aislamiento es antesala del abismo. Puede que solo la romanización del Cristianismo, otorgando poder civil a los obispos y llenando las basílicas de estatuas de oro, tergiversara en cierto grado ese amor por la oscuridad, esa necesidad de minimizar los sentidos para exaltar el alma; pese a ello, es la presencia de las velas actuales las que nos recuerda que los templos siguen siendo lugares oscuros, y es la presencia insoportable de turistas o las actividades continuas acompañadas de la iluminación artificial la que hoy extirpa a las iglesias su carácter sacro, eso y que no paguen el IBI gobierne quien gobierne.
Me llamó la atención el interés de Burke por lo sublime, lo puedo esperar de los idealistas, pero no tanto de un seguidor del empirista Locke. El caso es que viendo el Nosferatu de Herzog y a Harker en las montañas, en el momento exacto del anochecer, en la antesala de la oscuridad, no veo tan extraño ese interés, pues son nuestros ojos los que contemplan los colores y nuestros oídos los que se comunican con el silencio; luego ya, eso sí, como sucede en la obra del alemán, puede venir el siniestro reino de lo etéreo y telúrico que ya mostró con acertada maestría Murnau en la primera revisión del mito del vampiro; presentándonos por primera vez a ese engendro con aspecto de roedor, que a veces es material, demasiado material y casi humano, y otras espectro, sombra, adversario de la luz y la belleza, con su ataúd en mano, vagando por las calles donde los hombres viven, ya por poco tiempo, al hilo de sus meras preocupaciones. Así pues, el deleite sensorial ha de ser la antesala del deleite espiritual, y con la actividad literaria me pasa lo mismo. ¿Me convierte eso en idealista pese a no durar más de media hora leyendo a Hegel?, al menos me hace amar el cine.
Toda obra que se precie nos ha de llevar a un límite entre la vida conocida y el abismo y es allí donde la idea de lo sublime nos captura como ladrón en la noche. Es aquello que sabíamos que estaba con nosotros en cada instante, es el momentáneo lapsus de razón, es la transubstanciación de la materia en un conocimiento puro e inmortal que acompañará a las generaciones sea cual sea su sino.
En “ Grupo Salvaje “ de Sam Peckinpah, estrenada en 1969, antes de la masacre final los protagonistas deciden tener un último encuentro sexual. Sin embargo el personaje interpretado por Holden, pese a haber estado con una mujer joven se muestra insatisfecho, se queda mirando un pájaro enjaulado, al mismo tiempo que observa al hijo recién nacido de la joven, puede que la causa de su prostitución por el abandono del padre o el efecto de su práctica. El pájaro muere, encerrado en su jaula, y su condena termina, en cambio el niño está condenado a vivir. La filosofía de Schopenhauer resumida en una escena. Tan solo la cercanía de la muerte dota al protagonista de esta lectura definitiva que en otras ocasiones hubiese sido aceptada sin más, omitida, entendida como rutinaria. Es la desgracia, la inminencia de la muerte o la tristeza depresiva la que nos lleva a la idea de lo sublime, entendida como intuición, como algo que transciende el entendimiento, por ello las religiones siempre han sido aliadas de la tristeza y el recogimiento y es ese estadio el único en el que un movimiento religioso ha de ser tomado en serio. ¡ Cuánta diferencia entre el silencio de un místico del desierto y la insoportable verborrea de un sermón ! ¿ Es por ello que debemos buscar el dolor, y no me refiero a la práctica sadomasoquista sexual?, ¿debemos iniciar ese viaje supuestamente místico que no sabemos adónde nos llevará exactamente?
En esa misma película, el personaje de Borgnine, decide omitir el encuentro sexual. Más allá de la posible ambigüedad sexual del hombre, decide este quedarse medio tirado en el suelo, en una cierta actitud contemplativa, totalmente mundana y alejada del placer, sonriendo, puede que haciendo repaso de su vida, o solo aceptando su destino. Es un momento en el que lo sublime se manifiesta en lo ordinario.
Finalmente, el proceso de empequeñecimiento del personaje no se detiene aunque ya no lo veamos, su aspecto se equipara al de las bacterias y los virus para llegar a niveles cuánticos, ¿ quién sabe lo que conocerá, a lo que se enfrentará, lo que aprenderá ? Y es en ese momento, ya superada la vergüenza de volver a ser un niño, el miedo por enfrentarse a animales que le superan en tamaño y habilidades, cuando lo sublime, tras superar el abismo, se manifiesta.
Que una película de serie “B” tenga un mensaje tan filosófico y profundo y resulte tan maravillosa décadas después de su estreno es algo que me conmueve; sigo sintiendo lo sublime cada vez que la visiono, especialmente cuando escucho su monólogo final, que conmino a buscar y oír si no se tiene tiempo para ver la película entera. Que una película ultraviolenta y vituperada por muchos como “ Grupo Salvaje “ tenga una escena tan estética y valiosa me anima a seguir batallando por entender este mundo tan complejo, y si es a través del cine e intentando volcar sus ideas en mis libros, mucho mejor.
El protagonista del tercer relato de mi último libro “ Mil Ojos Tienen las Tinieblas “ pese a su carácter misantrópico, pese a su buscado aislamiento y pese a su necesidad de bordear el abismo, busca en la poesía un refugio subliminal, es decir, sin conciencia por parte del sujeto. Interpreto que la literatura ha de ser de esta forma y así intento que sea la mía. La película de Arnold o el personaje de Borgnine nos demuestran que las desgracias ya vienen solas, que lo sublime también se puede experimentar en lo menos grandilocuente, que es en la simplicidad de la vida donde se esconden los secretos de la misma, y que no son los templos con estatuas suntuosas y luces artificiales donde nos espera Dios, sino en los oscuros y solitarios donde la grandeza de lo ordinario apenas se deja entrever.
