-Pero es algo natural.
Me responde una joven que me sirve un café, a pesar de estar ya el agosto en su casi apogeo, por alguna razón, nunca especialmente meditada, lo tomo en las más de las ocasiones sin hielo. Estamos hablando del omnipresente eclipse, al cual, en el momento de la conversación, le quedaban unas tres horas para materializarse. La contestación de la joven camarera se debe a que le acabo de decir que soy un poco conspirativo, lo cual me lleva, sin ánimo de ser recluso o asceta, a pasar bastante de todo aquello que se convierte en espectáculo de masas; puede que ver algún partido del Real Madrid, de vez en cuando, sea la excepción que confirma la regla.
-No es la naturalidad del hecho, sino la forma en que se encauza a la ciudadanía lo que me preocupa- .Le contesto.
Pero aunque no hay clientes en esos momentos, no quiero seguir hablando del tema, en primer lugar, porque ella puede tener algo que hacer, aprovechando esa ausencia de bocas pidientes, y en segundo lugar, porque la verdad es que no me gusta hablar de estos asuntos, no porque acabe hablando de los reptilianos y los demás piensen que estoy rayado, algo que no me turba en exceso, sino porque lo cierto es que estos temas exteriorizan mis sentimientos misantrópicos hacia mis congéneres y la condición humana en general; y la verdad, no es que yo sea la alegría de la huerta, pero tampoco quiero que la gente piense que soy un sociópata.
A finales de los años ochenta la situación en Uganda no era muy esperanzadora; a las sempiternas guerras civiles, había que sumarle la pandemia del SIDA, que causó verdaderos estragos entre la población, unamos la pobreza asociada a eso que llamamos el Tercer Mundo y el resultado es un cóctel desolador. No es el fatalismo una reminiscencia de la Edad Media, sigue vigente, en muchas partes, y desde luego lo estaba en Uganda en esas fechas. Así pues, la gente miró a los cielos, pero no para ver los eclipses, sino implorando ayuda a los dioses, teniendo como consecuencia lógica que el pensamiento religioso gane fuerza, pero para la Iglesia Católica tampoco corrían buenos tiempos, eran generalizados los escándalos de todo tipo entre el clero, y la gente comenzó a buscar en otros lugares, surgieron de esta forma una serie de Iglesias, llamemoslas radicales, que se autoproclamaban como verdaderas seguidoras de la tradición, la mayoría de ellas con un fuerte tono apocalíptico. Una de las más exitosas fue el Movimiento por la Restauración de los Diez Mandamientos, fundado por Credonia Mwerinde y Joseph Kibweteere, los cuales afirmaban haber tenido visiones de la Virgen María, de hecho Kibweteere afirmaba comunicarse con la Virgen a través de un aparato de radio que tenía en su casa. En resumidad cuentas, se trataba de un movimiento rigorista, que buscaba seguir a rajatabla los mandatos divinos, para ello llegaban a prácticas extremas, como apenas hablar, ya que de esa manera no se podía levantar falso testimonio; el sexo estaba prohíbido, también el jabón, esta es una práctica más habitual de lo que se pueda creer, ya que va ligada al desprecio que se ha de tener por lo corpóreo, y no es baladí, ya que el mal olor puede hacer desistir a los impulsos carnales, de hecho conozco a gente que en pleno encuentro sexual, cuando ha bajado a merendarse lo suyo, se ha encontrado con un hedor que no solo le ha hecho desistir de sus actos impúdicos, sino incluso replantearse sus gustos sexuales. Es otra prueba de que, pese a que todas estas prácticas pueden parecer demenciales, siguen una siniestra lógica experimental; renunciar al nombre, las monjas y monjes también lo hacen, es otra de ellas. ¡Ah!, se me olvidaba, también lo de entregar todas las pertenencias a la Iglesia, concretamente a los fundadores era costumbre habitual, causalmente, esta costumbre lo suele estar entre la mayoría de las sectas.
El caso es que la pareja afirmó que el 31 de diciembre de 1999 el mundo se acabaría, y ellos y el resto, como justos, irían al Cielo, al de los ángeles, no al del eclipse. Como tal día no ocurrió nada relevante, más allá de los horteras programas de fin de año de las luciferinas televisiones, más de uno se quejó a la pareja; porque eso de que entregues todas tus pertenencias, te pases el día rezando, ayunando y sin lavarte para que no llegue el Armageddon, puede llegar a molestar. El caso es que la pareja citó a sus fieles para el 17 de marzo del año 2.000 en la sede de la Iglesia. Supongo que la Virgen concertaría el día a través de la radio.
Puede que lectores avizores e inteligentes, como espero que sean la mayoría de este artículo, consideren injusto, exagerado, incluso con una dosis de mala baba, que yo compare el fenómeno social del eclipse con el de una secta apocalíptica, que como todos pueden intuir, incluso sin ser inteligentes, no tuvo desde luego el mejor de los finales. Decir en mi defensa que no pretendo exactamente hacer esa comparación, pero como buen fajador me salgo por la tangente antes de contestar.
Me consuela, incluso me emociona, que aquellos que nunca van a ser estudiados en los colegios y en muchas universidades, lo cual es casi algo bueno, tuvieran razón: me refiero a los Schopenhauer, Mainlander, Bahnsen, Von Hartman; los Michelstaedter, los Cioran o los
Caraco. Todos, cada uno a su forma, nos dijeron que el dolor de la vida no es un fallo en el sistema, sino la condición para que exista el sistema, que no somos libres, que estamos condicionados por fuerzas exteriores que nunca controlaremos y que todo es una horrible farsa, y que todos acabamos entregando nuestras pertenencias, nuestro tiempo, nuestra libertad y nuestra vida a los otros, Ante esta realidad, la frivolidad de las relaciones sociales, las exaltaciones ridículas del amor, la creencia tan cursi como falta de rigor de que todo pasa por un motivo, son meros excusas para no querer admitir el constante horror del vacío al que somos sometidos. A mí me parece acojonante que ante crisis como la de Ceuta, ante catástrofes como la de Dana, el Apagón, Adamuz, los Incendios, en el que no ha dimitido nadie, que ante los mayores casos de corrupción que han habido en España, teniendo en cuenta los que se han dado antes es para echarse a temblar, el pueblo español solo sea capaz de aparcar sus desavenencias y salir a la calle por asuntos como el Mundial o el eclipse, del cual, yo particularmente, he acabado hasta los cojones, porque además tiene un transfondo casposo, con colas de gente en las tiendas de los chinos para comprarse las gafas; el día de mañana venderán un cuchillo para que los políticos nos corten el cuello y nos quejaremos de que está poco afilado cuando nos rebanen el cuello. Y lo peor es que la gente está dispuesta a soportarlo, ese vacío diario, no por un verdadero estoicismo, por algún compromiso filosófico o existencial que le hace tolerar la vida, y en cierta manera ensalzarla, lo hace por cosas como esas fantasmagorías de la que hablaba Stirner, otro ilustre al que se me ha olvidado nombrar, a título general, las fantasmagorías de: la Igualdad, la Justicia Social, la Nación, el Progreso, la Libertad y la madre que los parió, y a título personal, por esas creencias, las de que un día cambiarán de ciudad y se enamorarán, la de que mañana, siempre mañana, las cosas irán mejor, las de que este mes les van a dar tres días más de vacaciones, que tendrán un coche nuevo y que este año la suscripción incluye Netflix.
Si bien en un principio se creyó que se trató de un suicidio colectivo, las investigaciones demostraron que se trató de un asesinato masivo. Las ventanas y puertas de la Iglesia fueron tapiadas y por dentro se provocó un incendio, se calcula que murieron unas 700 personas, a ellas hay que sumar otra ingente cantidad de cadáveres estrangulados o envenenados en locales que la Iglesia tenía en el sur del país, y que al parecer murieron días antes del 17, por lo que es obvio que se trataba de un plan concertado para abolir la Iglesia y que ya nadie reclamará su dinero.
Algunos alegarán que muchos que fueron al eclipse son más inteligentes que yo, y es algo que yo no niego, y precisamente ese es uno de mis argumentos. si bien se asocia la pertenencia a una secta con falta de cultura, y esta en concreto pudiera tener ese perfil, en muchas ocasiones la gente que pertenece a sectas tiene estudios, ejemplos son la secta de Soho Asahara, la del gas sarín en el metro de Tokio, o de la “Heaven´s Gate” de la que ya hemos hablado por estos lares. La necesidad de creer en algo no va asociada al nivel cultural o al trabajo que se tenga, de ser así es probable que no llevásemos cincuenta años expoliados por la partidocracia, pero la realidad es que todos somos débiles, todos participamos de ese verdadero pecado original que es la existencia, y los patrones y procesos mentales de los miembros de la secta y los nuestros son los mismos, solo cambia la gradación y el ambiente.
Si bien se cree que los líderes de la secta murieron en el incendio, esta realidad nunca fue confirmada, de hecho, en 2014 se expidió una orden de búsqueda internacional por Kibweteere, ante las fundadas sospechas de que seguía vivo.
Y hasta aquí mis dosis de pesimismo, no se enfaden, solo soy un humilde escritor, pero como sarna con gusto no pica, este espíritu pesimista está vigente en todas mis obras, tal vez no sea libre de pensar de otra forma; ¿quién sabe?
-Que pases buena, y por unos momentos oscura tarde-. Le deseo a la joven, esta sonrie. Tal vez mañana el café sea con hielo, tal vez mañana haya otra historia en la que pensar.
