“Es difícil encontrar la felicidad dentro de uno mismo, pero es imposible encontrarla en otro lugar”.
Arthur Schopenhauer.
Querida Madre y Padre:
Me he marchado para embarcar en una nave espacial alienígena. Sueños recurrentes me aseguran un viaje interestelar de 42 meses para explorar el vasto universo y luego regresar.
Os he dejado todas mis posesiones ya que no me harán falta.
Por favor, seguid las instrucciones en la guía de ayuda.
Con Amor:
Granger.
¿Dónde están nuestros sueños? allá fuera, en el camino repleto de señales, o escondidos entre todas las manifestaciones de la realidad?, o muy por el contrario, ¿dentro de nosotros mismo, en esos recovecos y grutas que se esconden en lo más profundo de nuestra alma?
Hace 46 años que Granger Taylor se encuentra desaparecido. Debía ser este un dato más de una estadística más de los miles de personas que se encuentran en tal estado, sin embargo, el caso hoy en día sigue siendo recordado por un hecho particular; Taylor había construido una nave espacial, en la que pasaba las horas; el día anterior a su desaparición dejó una nota a sus padres en las que les informaba que partiría hacia las estrellas, siendo recogido por los extraterrestres, y que volvería pasados tres años y medio.
Existe la creencia de que las personas que acaban en sectas son analfabetas, con un nivel cultural bajo, gente simple, eso que a veces llamamos “catetos”; y bueno, yo no digo que no sea así en muchos casos, en el que, más que la falta de cultura, es la falta de pensamiento analítico, que se supone ha de desarrollarse con el estudio, lo que hace que las personas abracen ideas pese a que estas resulten manifiestamente equivocadas e incluso descabelladas; pero si analizamos ciertas sectas, como la conocida “Heaven`s Gate, de la que ya hablamos en otro artículo, vemos que no siempre es así. Recordemos que la mayoría de los miembros de la mentada secta tenían estudios universitarios y algunos eran brillantes profesionales. En el caso de Taylor, pese a que nunca fue un estudiante brillante, llegó a abandonar la escuela prematuramente, tenía un talento desmedido para la electrónica, llegó a restaurar gran cantidad de vehículos, un bulldog, un locomotora , a la que daba uso en unas vías que puso en el jardín de su casa. Cuando digo restaurar me refiero a que los vehículos funcionaban, incluso un avión que llegó a vender por una cantidad de dinero considerable, 20.000 dólares de la época. Así era el joven Granger, si le hacía falta una pieza la buscaba, y si no la encontraba la fabricaba él mismo.
A veces las grandes revelaciones no llegan desde experiencias interiores místicas, ya nos gustaría a aquellos que oscilamos entre lo místico y lo mundano, tampoco se deben a episodios literarios, ya nos gustaría a los que aspiramos a reflejar con las letras tanto la belleza como la crueldad de este mundo; muchas veces, tan solo una frase, una línea casi inocente en una página subrayada que anteriormente había sido olvidada: – leer libros no te hace más inteligente -. Algunos definen la inteligencia como la capacidad de adaptarse al ambiente, no el simple hecho de poseer unas facultades; algo similar sucede con la cultura, no se ha de tomar como una simple acumulación de datos, sino como la capacidad que, a partir de esos datos, tenemos para comprender ese ambiente que nos rodea. Casos como el Granger nos enseñan que una persona inteligente, incluso con cualidades fuera de lo normal, no está exento del pensamiento mágico, de caer en delirios, de crear realidades alternativas y en definitiva, de adaptar ese ambiente a su realidad mental y no hacer lo contrario, que suele ser lo más sensato, adaptar tu realidad al ambiente que te rodea. En plenos años 70 la fiebre por la Ufología estaba por las nubes, nunca mejor dicho. Eran numerosísimas las publicaciones que hablaban sobre el fenómeno ovni, en un principio asociado con las películas de serie “B” y las historias Pulp y de ciencia ficción de los años 50 y 60. Además de todo esto, que ya debía ser suficiente, en Vancouver se dio un fenómeno que en su época fue conocido; básicamente se trata de que las enfermeras de un hospital afirmaron ver una nave espacial y posteriormente a varios alienígenas. Este hecho obsesionó a Granger. Desde entonces tuvo la idea de que era posible construir una nave espacial que pudiera navegar por las estrellas. El caso es que la construyó, es la imagen que ilustra este artículo, y en ella pasó mucho tiempo; acabó siendo habitual que su madre le tuviera que llevar la cena hasta la nave, ya que Granger vivía abstraído dentro de la misma. Si se lo están preguntando, nunca llegó a volar con ella, ni él afirmó haberlo hecho.
Pese a que la corrupción es una constante de los sistemas democráticos, en unos países más que otros, cierto es, la respuesta del ciudadano varía mucho dependiendo si el que trinca es de su partido o no, la reacción también varía cuando es la religión la que protagoniza la fechoría de turno. Y por mi experiencia, las personas que actúan así, no solo no son malas personas, o al menos mucho peor que el resto, sino que muchas son, como ocurría con la secta, gente con cultura, estudios, algunos profesionales de prestigio. Al igual que le ocurrió al joven canadiense, cuyos conocimientos le ayudaron al desarrollo de su delirio, los conocimientos que adquirimos lejos de hacernos más analíticos y deductivos, nos hace reafirmarnos en nuestras ideas, que las más de las veces son nuestros prejuicios. No quiero ahondar en esta tema, el del servilismo que somos capaces de otorgar a auténticos bellacos porque son los representantes de nuestra ideología; primero porque ya lo he hecho en otros artículos, y segundo porque me acusáis desde ser fascista hasta satanista y luciferino, supongo que de ser cierto el segundo caso, conocería a gente muy interesante, pero sigamos hablando de Granger.
Según sus cálculos, Granger viajaría a través del espacio y recorrería la distancia de 42 millones de años luz, al parecer cada año luz sería el equivalente a un mes en la tierra, de ahí que su idea era que en tres año y medio volvería a su casa de Vancouver. Desconozco si esto es viable o guarda relación con la Física, tampoco importa especialmente, ya que el hecho de que un pensamiento guarde lógica o esté basado en la experiencia no implica que sea apropiado, y este es uno de los motivos porque los que la gente acaba cayendo en lo que yo llamó la telaraña humana de las ideologías. Si escuchamos que la riqueza se tiene que distribuir, que todos tiene derecho a la felicidad, la vivienda, que cada uno es libre de hacer lo que quiera respectando los límites del otro, que la democracia es una conquista de la razón humana… a todos nos suena muy bien, pero luego viene la realidad, la misma que separa el cielo lleno de estrellas al que aspiraba Granger, con el repetitivo y solitario panorama de caminos rurales en el que se crió. La mayoría de nuestras desgracias no vienen tanto de las circunstancias de nuestra vida, sino de las expectativas que generamos en ella.
Seis años después de su desaparición, la furgoneta de Granger apareció en una zona aislada, había restos óseos y de dinamita. Sobre este episodio, que puede explicar el caso, hay bastante información contradictoria en internet, por lo que no doy una versión oficial. Esto se debe a que la infoxicación propia de nuestros tiempos, en la que la variedad de información de un asunto hace que sea muy complicado sacar una conclusión; también a la negativa de muchos de aceptar la realidad o lo que puede resultar más probable. Lo cierto es que no se hicieron pruebas de ADN, y no se puede asegurar que los restos encontrados sean del hombre, por otra parte es llamativo que la furgoneta fuera encontrada en una zona abrupta donde la circulación es improbable; y este es otro punto que quiero desarrollar, que exista una duda sobre un hecho, no implica que nuestros constructos mentales sobre una realidad sean ciertos, las dudas sobre la autoría de un crimen no implica que nuestro sospechoso sea el culpable; los fallos del capitalismo no implica que el Comunismo sea preferible, el amor a la patria, el más noble de los sentimientos decía Rousseau, no se puede justificar para cometer todo tipo de tropelías, desde guerras hasta casos de corrupción generalizada y cronificada, algo de lo que en esta patria tenemos más de una experiencia, a este paso también sobrenatural.
Quizás nuestros sueños no estén en ninguna parte porque ni siquiera nosotros sabemos cuáles son, y siento informar que no existe una gran diferencia entre nosotros y Granger, pese a que nuestras aspiraciones sean más mundanas; porque al igual que él, esperamos que en ellos haya esa mística, esa esperanza que cambie lo que somos, pero la realidad es que incluso aunque tengamos la nave, esta nunca despega, y es así, cómo nos avisó el Fausto de Goethe que “nuestros deseos ocultos terminan por encontrarnos, igual que nuestro destino” pues en el fondo, tras cada sueño, siempre hay ese algo oculto que no aceptamos, y al que escondemos tras los bellos e increíbles anhelos.
En mi opinión Granger Taylor se quitó la vida a bordo de su furgoneta, las zonas frondosas e inhabitadas del lugar retrasaron la localización durante años. Fue el resultado de años de una difícil adaptación al ambiente, en el que su peculiar y magnífica inteligencia no cuadraba ni en el mundo académico ni en el ordinario de su pueblo cercano a Vancouver. La construcción de su nave espacial agravó la situación aunque en principio le dotara de esperanza, y una vez más, las ansias por un mundo irreal pero perfecto, vencieron sobre la realidad, las más de las veces gris, de este, el único que tenemos. La idea de una vuelta o de un viaje a un mundo mejor, se manifiesta muchas veces en este tipo de delirios, en el que Dios es sustituido por extraterrestre; esto permite que el suicidio, vetado en las religiones monoteístas, se vea como algo aceptable, es un nuevo mecanismo de defensa que demuestra que nuestra necesidad de adaptar las circunstancias a nosotros resulta catastrófica. La nota escrita por él se puede mostrar como una estratagema para dotar de esperanza a unos padres tras la marcha de su hijo; en todo caso es muy difícil hacer un diagnóstico de lo que le ocurrió verdaderamente a Granger, pues en ocasiones ni los mismos individuos, saben explicar qué es eso que pasa por sus cabezas.
Pese a que mi pesimismo es aún más crónico que la corrupción política, no quiero terminar este artículo sin un cierto, tampoco exageremos, pábulo para la esperanza. El caso de Granger también nos demuestra que somos nosotros, los que con nuestra mente creamos nuestro cielo y nuestro infierno, que son esas sinuosas veredas, la de nuestra psique, las que nos dirigen al aciago destino, pero también a la alegría. No puedo dejar de imaginar a Granger en su casa, en su nave, en los caminos de su pueblo, pensando en la siguiente pieza, en el siguiente invento, en el siguiente paso que le llevaría a su, eso sí, fantástica meta. Y es que al final, cómo he dicho, tampoco nos diferenciamos tanto de él, Vivimos siempre entre las expectativas y la realidad de nuestras ansias, y si bien ideas como la de que la voluntad todo lo puede, de que fracasar acaba resultando algo maravilloso, o de que en la vida hay que intentarlo todo sin pensar en las consecuencias, puede acabar resultando algo muy peligroso, son en esas batallas del día a día en las que alcanzamos algo similar a la felicidad, algo que nos lleve a ese lugar, todavía secreto y liminal, tan vedado como sagrado, en el que están nuestros sueños.
