“Después hubo una gran batalla en los cielos; Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón, y luchaban el dragón y sus ángeles». Posteriormente, Lucifer fue expulsado del cielo”.
Libro del Apocalipsis: 12 : 7.
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nueva”.
2 Corintios: 5: 17.
Este no pretende ser un artículo contra ninguna ideología, ya sea esta religiosa o política; trascendental o inmanente.
Es conocido por todos el episodio en que las huestes angelicales y las luciferinas se enfrentaron. Conocido es también que, finalmente, las legiones de Dios vencen a las del Dragón, llamado también diablo o Satanás. Se suele resumir esta lucha, que la verdad, hasta a una mente ya un poco perturbada como la mía le cuesta imaginar, con la representación del Árcangel San Miguel aplastando a Lucifer, solo que en esta ocasión no es el más bello de los ángeles, sino que adopta la figura de la serpiente-dragón, o de la un demonio con cuernos y rabo que nos resulta más familiar.
Lo que mucha gente no sabe, yo hasta hace poco me incluía en ese grupo, es que ese relato no forma parte del libro del Génesis, como diría yo que la propia Iglesia, guardiana de la tradición, nos ha hecho creer, o al menos ha contribuido a ello. Para más inri, este llamativo episodio de la ya conocida lucha entre el Bien y el Mal, se narra en el libro del Apocalipsis, el último libro de la Biblia; es cierto que este capítulo o uno muy similar, se narra en el libro del Profeta Isaías. De hecho es en este libro, el único del Tanaj hebreo, cuyos libros en su mayoría son recogidos en el Antiguo Testamento, donde se nombra a Lucifer, no siendo este nombre el exacto para referirse a él, sino el de “Lucero del Alba” un nombre que, qué cosas, también se atribuye a la Virgen María “Stella Matutina”, e incluso al mismísimo Jesucristo. Pero no compliquemos más las cosas.
Si bien está aceptado que el libro del Profeta Daniel es la principal inspiración para el autor o autores del Apocalipsis, es probable que el de Isaías sirviera de inspiración para este belicoso episodio. Repito que en el Génesis en ningún momento se habla de la expulsión de Lucifer, sino de la de la serpiente tentadora, si bien luego la teología cristiana equiparó todos estos personajes en una misma figura. Por ello, si atendemos a la propia doctrina cristiana, ese momento aún no ha ocurrido, al menos desde nuestra perspectiva terrenal, pues como sabemos, el denominado Armagedón se dará al final de la historia, y si bien el Bien, valga la redundancia, vencerá, antes habrá tribulación, especialmente en el bando de los pecadores, en el cual intuyó que servidor tiene un espacio con su nombre. Pero lo más llamativo a mi juicio es que, si bien esta batalla cósmica es el símbolo de la lucha de opuestos, hasta los ángeles, seres espirituales y perfectos tendentes al Bien, fueron capaces de hacer el Mal. El propio hecho de que exista esta batalla es llamativo, pues nunca debería de haberse dado, o nunca se dará, allá por el final de los tiempos.
En el Año 1993 Joana Wolmer falleció tras someterse a un exorcismo que duró tres días. Los hechos ocurrieron en una zona rural de Australia, en el seno de una secta, o cómo lo quieran llamar, cristiana de corte luterana. El exorcista no era un sacerdote católico, figura que se suele asociar a los exorcismos, ni estuvo presente ningún médico; de hecho el exorcista en cuestión era un joven que no superaba la treintena, pero eso sí, para su comunidad tocado por la gracia de Dios. Como si el panorama no fuera ya terrorífico, El esposo de la mujer y el resto de la secta estaban convencidos, me imagino que unos más que otros, que la mujer resucitaría pasados dos días, incluso se invitó a la prensa para que comprobara el milagro. Finalmente, el esposo, el exorcista y dos personas más fueron detenidas y juzgadas, y si bien fueron declarados culpables, su pena fue suspendida, no llegando a entrar en prisión o cumpliendo penas de pocos meses. Un caso que nos retrotrae al de “El Exorcismo de Almansa” que ya trate en un amplio artículo hace unos meses. El acontecimiento es reflejado, con algunas licencias, en la película australiana de 2023 “El Exorcismo de Eastfield”, dirigida por Nicolas Kozakis. Una película que probablemente esté destinada al olvido, pero que yo la encuentro recomendable, ya que no se centra tanto en los clichés típicos del subgénero de posesiones: Levitaciones, voces roncas, palabras en latín… sino en el fanatismo que rodea estas prácticas.
Como digo, no es este un artículo contra la fe ni contra nadie, y es a la vez un poco contra todos. Iba a hablar de las ideologías, esas que no creen en arcángeles ni en demonios, pero sí en ideas que en ocasiones son tan complicadas de asimilar y afirmar como las anteriores, mas el ambiente ya bélico en el que vive esta sociedad polarizada me invita a no hacerlo, lo mismo que a no hablar de las fechorías de los partidos políticos, de todos, pero no es tanto el miedo a la hoguera, sin pretender ser yo el ínclito Bruno, sino una cierta sensación de que es una pérdida de fuerzas, y la verdad, entre unas cosas y otras, no ando sobrado. Pero si lo analizamos, las ideologías modernas, llámese Liberalismo, Nacionalismo, Socialismo, han heredado los patrones y procesos de las religiones, algunos positivos, como un sentimiento de solidaridad, de cooperación… pero otros tremendamente perniciosos, que se pueden resumir en que el mundo se divide en dos bandos, los buenos y los malos, y yo, evidentemente, estoy en el de los buenos por ser lo que soy. Pero recordad que incluso los ángeles, seres dotados de perfecta voluntad, se desviaron del camino. Son innumerables las fechorías, por no decir salvajadas, que se han hecho en nombre de Dios, de la Razón, la Igualdad, la Justicia Social, la Patria… y lo más inquietante y perturbador, no es que existan canallas, que los hubo, los hay y los habrá, sino que muchas de esas personas, las que acabaron exterminando a su prójimo, lo hicieron pensando que hacían lo correcto, y no me remito a las cruzadas. En estos tiempos de regímenes teocráticos y/o políticos totalitarios, muchos de esos gobernantes, militares, ciudadanos, creen que hacen lo correcto, que están en eso que algunos llaman el lado bueno de la Historia; si los ángeles cayeron que se puede esperar de nosotros.
Joana Volmer padecía un cuadro de esquizofrenia y depresión desde hacía años. Su marido la convenció para que abandonará el tratamiento psiquiátrico y se sometiera al exorcismo que resultaría mortal. Es necesario recalcar, no solo la muerte, sino la creencia en la inminente resurrección. Es cierto que es un caso extremo, pero si analizamos el patrón, este se repite, y lo hace no con gente alienada y fanática, sino de todo tipo. Por ello no importa que las ideologías fracasen, que arruinen a naciones enteras, que los políticos mientan y engañen con desfachatez luciferina, que la verdad se presente ante nuestros ojos, pese a ello, confiamos en la resurrección. Somos peores que el apóstol Tomás, pues al menos él vio y creyó, pero nosotros, pese a ver lo obvio, la realidad diaria, nos negamos a creer lo evidente, que puede que, tristemente, el Ser Humano no tenga solución, que si existe un progreso, estamos muy lejos de conseguirlo, y que debemos seguir luchando y aprendiendo, pues parece que esto no ha hecho más que comenzar. Por ello me despido con la parte final de una oración, sin pretender hacer ningún tipo de proselitismo, que he encontrado hará un par de días y que desconocía. Una oración que versa sobre la confianza ante la desesperación. La reproduzco:
“Señor, no entiendo porque sufro, ayúdame a confiar en tu sabiduría.
Dame paciencia en la prueba.
Esperanza en la oscuridad
Y la certeza de que Tú haces nuevas todas las cosas”.
Y si amigos, el Demonio existe, da igual el nombre que se le ponga, y está dentro de todos nosotros. Es el demonio de la intolerancia, el de la soberbia, el del fanatismo, el de creer que mi pensamiento es mejor que el del resto, y por ello indefectiblemente ha de ser impuesto. Así, esa idea de ser nuevo en todas las cosas, me resulta bellísima, cuanto menos regeneradora, y no es necesario creer en Dios, ser “nuevo” es pensar, estudiar, reflexionar, volver al pensamiento crítico que todo entusiasta tiene al principio, qué bellos son los principios, en ellos no estamos seguros de nada, buscamos como el enamorado ente las sábanas los labios del objeto amado, somos como ese ángel lleno de luz y belleza antes de que la soberbia le venciera. Con esto termino, compatriotas, camaradas, hermanos. Si existe un futuro para la Humanidad, lo construirán esos ángeles con alas de cuerpo, los fieramente humanos que ideó el poeta, los que expulsarán al demonio, el de la certeza mal entendida, de su alma y de su ser, y mientras tanto, nos empeñamos en hacer nuevas todas las cosas.
