“¿Contiene algún razonamiento abstracto sobre la cantidad y el número?, No… Tírese entonces a las llamas, pues no puede más que contener sofistería e ilusión”.
David Hume. Investigación sobre el conocimiento humano.
Pese a que voy a hablar de la memoria, no recuerdo exactamente cuándo la estatua de David Hume fue vandalizada por los activistas woke; en casa del herrero…Tampoco recuerdo si fue antes o después de cuándo se quitó su nombre de una de las torres de la Universidad de Edimburgo. La razón de todo este revuelo, que nos remite a las polémicas iconoclastas de siglos pretéritos, fue, según los señores y señoras izquierdistas, que en una de sus obras, “Los Carácteres Nacionales”, hizo comentarios supremacistas y racistas. Hume corrió la misma suerte que otros personajes históricos al hilo de una verdadera fiebre izquierdista que tuvo como resultado quitar estatuas, censurar obras y señalar a pensadores, políticos y gente de relevancia histórica.
“Unabomber” es el acŕónimo en inglés de: “University and Airlines Bomber”. Hace referencia a Theodore Kaczynski, un filósofo, matemático, y terrorista, sí, han oído bien, que entre 1978 y 1995 envió diversos paquetes bombas a Universidades y Aeropuertos de los Estados Unidos. Como consecuencia de estas acciones fueron heridas varias personas llegando a fallecer tres de ellas. Durante años fue perseguido por el FBI, hasta que fue capturado y condenado a varias cadenas perpetuas. Falleció en el año 2023, al parecer por suicidio. Autor de varias obras, es el denominado “Manifiesto Unabomber” en el que critica el desarrollo tecnológico industrial que se lleva dando desde la Primera Revolución Industrial, su obra más comentada. Así mismo ataca lo que él denomina “izquierdismo”, y que en resumen concuerda perfectamente con lo que hoy entendemos como wokismo, Marxismo cultural, izquierda posmodernista o cómo lo quieran llamar.
Sin duda Hume es uno de los filósofos más famosos que nos ha dado la historia. Representante del Empirismo, y dentro de este de su vertiente que nos lleva al escepticismo; se atrevió a poner en duda al prestigioso Racionalismo; zarandeó conceptos poco menos que sagrados y que habían conformado la base de la filosofía occidental, como el de sustancia, y antes que los ilustrados franceses, criticó el dogmatismo y por ello la carga de superstición que puede conllevar la religión. Uno de sus aspectos quizás no tan conocidos, es la crítica al “Yo” sustancial que encontramos en la tradición escolástica y racionalista, según la cual es el yo el que verdaderamente existe frente a lo contingente, al individuo perceptible, siendo algo necesario para no solo el conocimiento, sino para dotar de significado a la propia realidad. Sin embargo, para Hume no existe nada necesario, todo saber y conocimiento se da a través de inferencias, asociaciones…nuestro yo personal no es una excepción, y se basa en la identidad narrativa, que a su vez se sustenta en la memoria. Películas como “Memento” o “Desafio Total”, basada a su vez en una novela del genio gnóstico K.Dick, nos muestra la importancia de la memoria para confeccionar nuestra identidad personal, qué somos o qué creemos que somos, y puede que ante todo, lo que somos para los otros.
Sin negar la genialidad de Hume, y siendo obvio que nuestra memoria es la base de nuestra identidad, la que nos permite andar por el mundo con una cierta seguridad, siendo también cierto que suele ser la causa de nuestras incertidumbres y ansiedades, puede que el problema estribe en que nunca somos objetivos con nuestros recuerdos, sino que estos están sesgados por nosotros mismos, dependiendo las más de las veces de nuestro estado anímico presente y de nuestras circunstancias actuales. Piénsese en ese objeto amado que ahora es causa de odio, o de aquello que nos insufló de interés y alegría, y ahora lo vemos como vulgar pasatiempo, cuando no como pérdida de tiempo; esos años pérdidos en la universidad, ese trabajo en el que era explotado y en el que nadie me recuerda…
Por desgracia el pensamiento colectivista, que es el usado por el izquierdismo, también lo es por el Nacionalismo, actúa con un patrón muy similar. De ahí la necesidad constante que tanto izquierdistas como nacionalistas tienen de reescribir la historia, lo cual se traduce en leyes históricas que, más allá de que el hecho de que un gobierno diga cómo fue la historia ya es algo tremendamente totalitario, resultan brutalmente sectarias y maniqueas; se traduce también en cambios de nombres de calles, derrumbe de estatuas y cancelación de obras literarias para conseguir su ostracismo definitivo.
Frases como “el aquí y el ahora”, o la afirmación de que solo existe el presente nos llevan en ocasiones a establecer criterios que cuando menos resultan peligrosos. Todo este revisionismo histórico, que es más propio de piratas y vándalos que de gente que aplica la razón y el estudio, se basa en, precisamente, una corriente, la del Emotivismo, que se basa a su vez en la filosofía de Hume, la idea de que nuestra moral se sustenta la más de las veces en nuestras emociones y no en nuestros razonamientos. El propio Utilitarismo Británico en el fondo ha de verse como una forma de este emotivismo, por el que lo bueno es aquello que a mí me viene bien. El presentismo actual, que se resume en que el que no piensa como yo es malo, y que ha venido representado en estos últimos tiempos por el wokismo, pero que ahora puede serlo por ese cesarismo que parece avecinarse con la toma del poder por parte de la denominada derecha neoliberal, extrema, reaccionaria o cómo la quieran llamar, en todo caso no parece ser la solución para que finalmente se pueda lograr un certero proceso.
Resulta absurdo juzgar a un hombre que vivió hace tres siglos por unas pocas líneas de una obra que es muy extensa y compleja, de la misma manera que si en el futuro sigue habiendo hombres libres y no meros esclavos, será injusto que juzguen a los que hemos vivido en este tiempo aplicando ellos sus ideas actuales. De la misma manera que al repasar nuestra singladura vital debemos tener presente las circunstancias de ese momento y de esa manera comprender nuestras acciones, siendo conscientes de porqué actuamos de esta y otra forma, debemos de ser conscientes también de porqué las civilizaciones, las sociedades y los individuos que pertenecieron a determinadas estructuras pensaron y actuaron de determinada forma y cómo en muchas de ellas estuvieron impelidos a actuar de esa forma, cómo también nosotros en muchas de nuestras circunstancias lo hemos estado. Ello implica la capacidad crítica con el objetivo de entender y mejorar, lo cual no es lo mismo que ensalzar ni desnortar .
Nos damos cuenta al leer la frase de Hume del encabezamiento, que él tampoco fue libre de un cierto fanatismo como del que acabó siendo víctima, al menos su estatua. Si bien se puede colegir que hay un cierto afán literario en ese extremo final de su obra, puede que con el objeto de terminarla de una manera efectista; llama la atención que en tan privilegiada mente puedan existir estos recovecos de totalitarismo. Tampoco podemos negar el mal obrar de Unabomber, por realizar actos tan execrables que costaron la vida a gente inocente, lo cual no es razón para no estudiar su interesante vida y obra. Si bien es lógico y conveniente que no haya estatuas o calles destinadas a Adolf Hitler, por desgracia la supremacía moral suele ser utilizada de una forma tremendamente partidista, lo que lleva a un pensamiento que aparentemente diverso desemboque en único, y que a su vez autores tremendamente interesantes, cito solo a algunos: René Guénon, Ernst Junger, Julius Evola, y en la actualidad otros como Nick Land o Duguin, sean no solo relegados, sino considerados como fascistas. Pero ante todo, los tiempos actuales nos muestran cómo hemos perdido toda capacidad crítica, la hiperconectividad de la Era Digital, que supone la evolución actual de ese desarrollo tecnológico criticado por el peculiar autor del manifiesto, ha conseguido que las personas puedan estar de forma permanentemente distraídas, por lo que todos los actos que ocurren a su alrededor le son dados como algo lógico, incluso bueno. La repetición constante de términos como: Libertad, Democracia, Progreso, la demonización de otras épocas, pueblos, religiones… nos lleva a la creencia de que estamos en una época privilegiada, y eso no nos deja percibir cómo los mismos patrones y procesos del fanatismo que se daban en tiempos pretéritos se repiten ahora; la vandalización de una estatua es solo un ejemplo; pese a que el acceso a la información es más grande que nunca las personas siguen abrazando ideologías extremas por la sencilla razón de que dan una explicación directa y sencilla de la realidad; instantánea, como la gratificación del ocio actual y el clic en la red social. Todo es corto, rápido, continuo, pero carente de profundidad, y así es más fácil juzgar a un hombre por unas solas líneas que por su ingente obra, o reducir a una persona a su condición de delincuente, que no se ha de edulcorar, y olvidar sus otras facetas; es cierto que casos como el de Kaczynski son extremadamente inusuales, y que en general de las personas que cometen actos terroristas no se ha de esperar nada de cariz intelectual, excepto el estudio del fenómeno como conjunto y parte del acervo conductual humano .
El estudio nos ha de dar esa cualidad ya cada día más difícil de encontrar, la de no dejarse llevar por la primera intuición, la de dudar, la de tener paciencia, criticar y analizar, pero no para tener la razón, sino para conocer. Puede que esa sea la verdadera sabiduría.
Quizás se pueda resumir todo esto en una supuesta frase de un personaje especialmente vilipendiado y amado a partes iguales:
“No juzguéis para que no seáis juzgados, porque con el juicio que juzguéis; seréis juzgados, y con la medida que medís os volverán a medir”
