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COMPATRIOTAS DE LA ÚNICA SUSTANCIA

“ Maldito sea de día y maldito sea de noche; maldito cuando se acuesta y maldito cuando se levanta, maldito sea cuando sale y maldito sea cuando regresa”

Decreto de excomunión de Baruch Spinoza.

Decía Bertrand Russell que Spinoza es el más grande de todos los filósofos, ya que si bien intelectualmente ha sido superado por otros, su forma de entender la vida es la más noble que ha existido. Siempre me ha llamado la atención que un ser humano tan analítico como Russell recurra a temas sentimentales, pero bueno, al turrón, que no voy a hablar de esto.

Holanda en el S XVII se consideraba algo así como un oasis de tolerancia en la Europa Continental, dada a las guerras de religión, las persecuciones y otras muestras de la condición humana. El caso es que a ese lugar emigraron Judíos que se las veían canutas en otros sitios. El propio apellido del holandés hace deducir que su familia provenía de España o Portugal, creo recordar que aún no hay consenso de su origen. El joven Baruch, también conocido como Benedicto por la latinización de su nombre, creció en un ambiente propicio y fue educado en la ortodoxia judía, con un nivel de vida más que aceptable, gracias a los negocios de su padre. Pese a ello su temprana existencia no fue fácil, su madre y varios hermanos murieron, y su padre también falleció siendo él muy joven, creo que estaba sobre los veinte.

No sé si son las desgracias las que nos hacen meditar sobre la vida, preguntarnos si merece la pena vivir, qué para que tanto rollo si luego te mueres; posiblemente sí, ya que cuando somos felices, al menos estamos distraídos, no nos preguntamos tanto el porqué de las cosas. Todo apuntaba a que Baruch heredaría los negocios de su padre, además, desde joven destacó por su inteligencia y muchos lo veían como futuro rabino, que en una comunidad judía es algo similar a en la actualidad tener un millón de seguidores. Por suerte para la Historia de la Filosofía al amigo le dio por pensar y leer libros, esto le llevó a ciertas conclusiones que iban en contra de la religión judía, entre ellas que la mayoría de las cosas que aparecen en la Biblia son invenciones humanas y que es tan fanático como errado el pensar que un ser perfecto como Dios se comporta como un matón de barrio, lo cual entonces era como ahora negar el Heteropatriarcado.

El efecto de sus heréticas ideas fue su excomunión, cosa que hoy en día a la mayor de la gente se la puede traer al pairo, pero que en esa época era algo muy serio. Los Judíos se ayudaban entre ellos, eran una comunidad muy cerrada, la excomunión suponía no solo no recibir esa ayuda, sino el no poder vivir en el mismo ghetto, palabra que en su origen denominaba a un barrio poblado por Judíos; no solo eso, nadie podía hablarle, ni saludarle, ni siquiera mirarle, de follar ni hablamos, pues. En resumen, a la puta calle.

Desde entonces se ganó la vida como un humilde pulidor de lentes, que en esa época era como ahora ser un “currelas” de la vida. En sus tiempos libres siguió con su formación autodidacta y desarrollando su filosofía, que le llevaría a ser uno de los grandes filósofos racionalistas junto a René Descartes y Willhem Leibniz, casi nada.

Es inquietante la capacidad que los seres humanos tenemos para pasar de ser perseguidos a perseguidores, no es cualidad única de los Judíos. A veces cuando doy mi opinión sobre algo la gente me acusa de utilizar sesgos, más allá de esto, percibo que se lo toman como algo personal y me piden que lo deje para no que no acabemos enfadados. Incluso entendería el asunto si yo defendiera una postura política concreta, si bien maldigo tanto a la izquierda como a la derecha así como al sistema actual, incluso lo hago con el Santo Padre; al final me excolmugan a mí también. No entiendo como la gente puede estar dispuesta a votar y a defender a políticos que mienten de forma reiterada, insultando el principio de soberanía del Pueblo Español y realizando todo tipo de fechorías.

No creo que hayan cambiado tanto los tiempos respecto a la Europa de Spinoza, incluso tenemos guerra ahora; bueno sí, es verdad que a los Judíos los perseguían de verdad y les quemaban el chabolo, hoy los que supuestamente defienden a las minorías, la justicia social, la libertad y bla, bla, bla, son los grandes capitalistas, como lo eran los Judíos de la época; basan sus creencias en dogmas disfrazados de razonamientos como los ortodoxos de cualquier religión, se sienten atacados, no porque se les insulte, cosa que comprendería, sino porque algunos opinamos que lo que dicen es cuanto menos discutible, como esa historia de que Dios eligió a un pueblo y el resto a ajo y agua. Es paradójico que fueran los Judíos los que con el monoteísmo inventaron el fanatismo religioso, que luego pasó a otras religiones e ideologías que a ellos les persiguieron, pero ese es otro tema.

Por ello yo creo que los procesos y patrones del fanatismo religioso se repiten en las ideologías, no solo en los nacionalismos, donde es obvio, diría ya que en todas. Puede que ahora en vez de excomulgar o quemar en la hoguera, bloqueamos en el “ guasap “ como me ha pasado alguna vez a mí por hablar de Kierkegaard y de la persecución religiosa de la Segunda República.

Aunque yo sea un cateto, estoy de acuerdo con Russell, en Spinoza hay una pureza que yo nunca he podido encontrar en otro filósofo; es cierto que tampoco se ha de juzgar el pensamiento de un filósofo por su vida, pero cuando te encuentras que “ vividores “ como Rousseau y Schopenhauer hacían todo lo contrario a lo que decían en sus libros, te da que pensar.

Creo que Spinoza es más importante por su aportación a la filosofía política que por su metafísica, a pesar de que su “ Ética “ es su obra más célebre. En el Tratado Teológico-Político y en el Tratado Político, ¡ojo!, son dos obras diferentes, defiende la libertad religiosa y la obligación del Estado de defenderla siempre que esta no vaya contra las normas del propio Estado, algo que le ennoblece, ya que fue víctima de esa libertad. Más allá de sus reflexiones sobre Dios, al que identificó como la única sustancia que dota de realidad al Mundo, siendo el propio Mundo, más allá de sus reflexiones sobre el conocimiento o la libertad humana, en Spinoza percibimos esa extraña cualidad que hoy en día parece difícil de encontrar, la de que un hombre tenga ideas para vivir acorde a ellas y no para vivir del cuento.

Se le ofrecieron cargos académicos, pero él siempre los rechazó ya que afirmaba que ello iría en contra de su independencia intelectual, y al hacerlo también rechazó el dinero, y es que Spinoza formó parte de ese numeroso club formado por los que nunca tuvieron un duro, pese a ello siempre fue reconocido por su buen carácter, parece que rara vez se enfadaba, digo yo que alguna vez. En sus libros decía que los bienes materiales no son en sí malos, pero que no han de ser un fin, por ello se aplicó el cuento, y esta vida humilde le permitió ser libre para pensar. Vivió así sin lujos aunque con alguna que otra polémica.

Yo siempre he imaginado a Spinoza puliendo lentes mientras pensaba en las afecciones y los atributos, en sus cosas, vamos. Esto me hizo reflexionar que es un grave error juzgar a los otros por sus apariencias, por sus exteriorizaciones, incluso cuando no nos son afectos o incluso si se ríen de nosotros o nos hacen daño. Siempre intento ver en los otros un reflejo de mí mismo, aplicar los intrincados razonamientos de la “ Ética “ que no acabo de entender pese a haberla leído 50 veces; con la gente a la que saludo, con la que me cruzo en la calle, la que me emociona, la que deseo, pero también por la que no siento simpatía. Intento ver en cada compatriota mío, compatriota de la única sustancia, a alguien que lleva dentro de él un universo de luces y misterios, quién sabe lo que hay dentro de ese camarero, de esa mujer que limpia, del que suspende el examen, de todos aquellos que hoy fracasarán y mañana serán héroes.

Spinoza nos enseñó que en cada uno de nosotros hay algo de divino, pero no nos prometió ningún paraíso, solo la satisfacción de vivir acorde con la leyes de la Razón y de la Naturaleza, él lo llamó el amor intelectual a Dios.

Murió a los 42 años, una edad en las que las personas comienzan a madurar sus ideas y alcanzar la destreza. Entre sus pertenencias solo se encontraron libros y las pocas ropas que solía vestir.

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