Saltar al contenido

CALLES CON NOMBRE DE MUJER.

» Junto a la cruz de Jesús estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena».

Evangelio de San Juan 19-25

La familia de Mizoguchi, caída en desgracia económica, tuvo que mudarse a uno de los barrios pobres de Tokio. No fue esta la única circunstancia que marcaría los futuros intereses del director japonés. Su padre maltrataba de forma recurrente a su madre, y su hermana pequeña fue vendida como Geisha para saldar las deudas de la familia. No es por tanto extraño que, tanto las penurias sociales y uno de sus exponentes máximos, la prostitución, sean sus grandes temas, coronado y a la par dirigido por su gran buque temático, que no es otro que el universo femenino.

Me llamó la atención saber que Mizoguchi interpretó papeles femeninos, no tanto este hecho, ya que fue algo habitual en la tradición de Kabuki, el teatro japonés, y dicha costumbre se extendió a los primeros años del cine nipón, sino que el propio director interpretara ese tipo de papeles. Me preguntó si fue aquí cuando comenzó ha reflexionar sobre los grandes interrogantes de la femineidad. Quizás todos deberíamos ser mujer aunque solo fuera un día, quizás todos deberíamos ser algo diferente a lo que somos, a lo que esperamos llegar a ser o a lo que creemos que somos. Incluso por un día deberíamos ser nuestro peor enemigo, para saber qué es lo que siente, y tal vez con estupor, comprobar que no se diferencia tanto de nosotros.

“ La Calle de la Vergüenza “ de 1956, es la última película de Kenji Mizoguchi, celebérrimo director japonés, nombrado junto a Akira Kurosawa y Yasuhiro Ozu como máximo exponente del cine del país oriental. Está interpretada por conocidas actrices japonesas de la época como Machiko Kyo o Ayako Wakao. Narra la historia de cinco prostitutas que viven y trabajan en el barrio rojo de Tokio, cada una ha llegado a la prostitución por diferentes motivos, pero todas tienen el nexo en común de hacerlo por la necesidad de sobrevivir en el ambiente hostil de la posguerra del Japón de los años cincuenta, siendo paradójico que los hombres sean su fuente de ingresos, pero también la causa de sus calamidades de una u otra forma.

Sin caer en maniqueísmos ni ideologizaciones, Mizoguchi nos narra la triple condena de las mujeres de esa época: la de ser prostitutas, ya que la idealización del mundo de las Geishas que se exporta a Occidente queda aquí muy lejana, por no decir que es inexistente. La de ser pobres, ya que han sufrido y sufren las consecuencias de la guerra, con ausencia de figuras masculinas o, cuando están, existen como carga que soportar. Por último la de ser mujeres, pues han de vivir en una sociedad patriarcal donde tras una supuesta occidentalización, se mantienen roles de género muy marcados.

Los planos secuencias marca de la casa nos hacen concebir cada escena como un cuadro viviente, al mismo tiempo que hacen sentirnos como clientes de una de esas casas, con esos planos bajos de los prostíbulos, que se diferencian de los más fríos de la zonas industriales, pero que ambos nos muestran esos espacios vitales en los que la máxima es conseguir algo de dinero para la manutención, para conseguir medicamentos o una asistencia médica que no llega a toda la población. Nos remite por supuesto al neorrealismo italiano, otro gran cuadro de la penurias que trae la guerra y sus consecuencias; siendo una forma de hacer cine más centrada en el devenir del Japón tras la debacle y que ya veíamos en obras de años atrás como “ El Ángel Borracho” del año 1948, dirigida por Akira Kurosawa.

La película narra la historia de una casa de prostitución ante la posibilidad de que el Gobierno prohíba la actividad; algo que pasaría dos años después del estreno de la película. El dueño de la casa se presenta como benefactor, diciéndoles que si cierran se verán abocadas a la mendicidad y a convertirse en proscritas, que es él quien cuida de ellas y no el Gobierno; por otra parte ese Gobierno se presenta como garante de unos valores morales que supuestamente defienden a las mujeres pero que a la par las puede llevarlas a ser delincuentes si siguen ejerciendo su actividad. En medio de esa lucha se encuentran ellas, a las que tanto una opción como otra le son inciertas. El debate de la prostitución es complicado y ni las mismas prostitutas ni feministas se ponen de acuerdo, por lo que guardaré monacal silencio, solo comentando que, pese a ser liberal y defender la libertad individual de cada uno para vivir acorde con sus ideas y actos, creo que pagar a una mujer para tener sexo con ella está mal, creo que pese a que puede ser cierto que hay mujeres que lo hacen porque les da la gana, y es respetable, en general el mundo de la prostitución se nutre del drama, del trauma y de la nada, la nada en el sentido de falta de oportunidades, y si bien su erradicación es tan utópica como lo es la del crimen o la desigualdad, para mí es una forma de esclavitud moderna que degrada a la condición humana, y puede que más al que paga que a la que cobra. El propio entramado que se reproduce en la película, también expuesto en “ Casa de Tolerancia “ película francesa de 2011 altamente recomendable, en la que las mujeres se van endeudando con sus proxenetas de manera paulatina pero segura, haciendo que la deuda nunca se salde, a veces porque la han heredado, otras para comprar objetos, en principio no de primera necesidad, pero que las aleja de su realidad, dándoles a entender que también son personas como cualquier otra, y que es representado en la película, no tanto por el proxeneta dueño del local, como por la madama Tatsuko, de nuevo una mujer que explota a otra mujer; muestra que, de manera muy general, presentar el ejercicio de la prostitución como una elección libre y racional es cuanto menos complicado.

En el caso de Mickey nos encontramos con una auténtica “ Viva la Virgen “, que se muestra frívola y casi infantil a la hora de vender su cuerpo, pero que sin embargo guarda una terrible historia descubierta por la visita de su padre; excelente y tenso plano secuencia, donde se nos muestra la hipocresía de la sociedad que permite el alquiler de cuerpos a plena luz del día y sin embargo sigue moviéndose por patrones en los que la supuesta decencia son claves en los negocios y en la consideración social, siendo el padre el perfecto ejemplo de esta hipocresía. Hanae, que para mí tiene el papel más conmovedor, maravillosa Michiko Kogure, representa toda la valentía y entereza que las mujeres tienen cuando los hombres tiran la toalla, obligada a prostituirse para mantener a su hijo recién nacido y a su gris marido enfermo de tuberculosis; representa esa lucha por la vida que pese a todas las contrariedades se niega a doblegar la esperanza de un mañana mejor; auténtica heroína sin necesidad de superpoderes. Yasumi es la más bella y joven y por lo tanto la que más gana, además, presta dinero a sus compañeras a las que cobra intereses; por ello comentaba que no es película maniquea, ya que presenta también a la mujer como astuta y ambiciosa, dicen que el mayor enemigo de una mujer es otra mujer; aquí sí que guardo monacal silencio al respecto. No duda en engañar y aprovecharse de un hombre para hacer que cometa delitos. Que una mujer puede hacer enloquecer a un hombre e incluso llevarlo a hacerse delincuente es algo sobre lo que sí me atrevo a opinar, solo hay que ver casos criminales acaecidos en España hace no mucho. Es Yasumi la única que logra prosperar en la vida, lo cual nos anuncia, para cierta desesperación del espectador, que esa lucha por la vida rara vez suele estar acompañada de una justicia kármica, anunciando también que son los inmorales y los crápulas quienes se llevan la mejor parte. Algunos relativistas hablarán de mejor adaptación al ambiente. Yorie representa las esperanzas frustradas, pues tras contraer matrimonio, se da cuenta de que el marido lo hace porque le sale más barato casarse y tener una esclava a tiempo completo que pagar a un empleado; muestra el sistema patriarcal japonés en el que el ámbito de la mujer se reserva al trabajo o a dar placer el varón, haciendo que en ningún caso se pueda desarrollar como persona, haciendo incluso que sea preferible la prostitución, ya que al menos esta da cierto espacio para la independencia. Por último, la historia de Yumeko puede ser la más triste. Nos muestra cómo la distorsión entre nuestras esperanzas y la realidad nos puede llevar a la mismísima locura. Ya de cierta edad, y sin los encantos de antaño, Yumeko sueña con poder irse a vivir con su hijo, al que para poder criar tuvo que recurrir a la prostitución como tantas mujeres han tenido que hacer a lo largo de la historia. La violenta reacción en forma de rechazo de su hijo, magnifico plano de la huida, la llevará a distanciarse de la realidad, siendo, una vez más, la locura único escape a una condena ideada por el más sádico de los dioses.

En la película los hombres son vistos como explotadores y mantenidos de una u otra forma, no necesariamente malvados, pero sí inseguros y débiles, ya que su vano orgullo, lacerado por su falta de virilidad, no les deja aceptar que dependen de una mujer; las mujeres, pese a ser consideradas lo más bajo de la sociedad, reflejan una valentía y entereza que las lleva a un cierto grado de pureza, pureza que los actos sexuales, las caricias y los besos, no pueden manchar; y así muchas veces actúan las mujeres, siguen luchando cuando los hombres ya han huido, por ello a los pies de la Cruz, mientras los apóstoles niegan y corren despavoridos, hay tres mujeres soportando también ellas todo el peso de los pecados del mundo. Sirva la excelsa película y este humilde artículo como un homenaje a todas ellas.

Dicen que Mizoguchi era enemigo del primer plano, sin embargo reserva uno para el final, para un personaje que había olvidado: el de Shizuko, una menor, parece que las autoridades no eran muy dadas a perseguir estos asuntos, desconozco la legislación imperante en ese momento, que se ve obligada a vender su virginidad y ser una más del grupo. Tremendo primer plano del rostro de la niña que por la vergüenza se acaba escondiendo entre las columnas. El comentario de una de ellas, diciéndole que hizo lo mismo en su día y que ganó 2.000 yenes, es muestra de cómo el problema se perpetúa en el tiempo y de cómo millones de mujeres han se sufrir la carga de haber nacido con un cuerpo que es, paradójicamente, objeto de deseo por el que se está dispuesto a pagar, y a la vez causa de su condena, y cada servicio cobrado es una limosna más en el día a día de la penuria. Una limosna que como ya nos advirtió el pesimista, lejos de salvar de esa condena, lo único que hace es alargar el tormento.

Consigue libros de Daniel Navarro Torrecilla haciendo clic aquí.

Close Welcome Bar
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Aquí puedes consultar nuestra:

Política de Privacidad.

Aviso Legal.

Política de Cookies.